Capítulo 15 #3
Bajo la vista hacia Diana y veo que ella intenta disimular una sonrisa mientras se coloca un mechón de pelo detrás de la oreja, aunque yo tampoco consigo ocultar la mía. En ese momento, aparece Elsie con Oliver en brazos.
—¿Qué me he perdido? —pregunta mientras se acerca a la mesa.
Brock gira la cabeza hacia ella con entusiasmo.
—Muchísimas cosas.
Amara le da un suave codazo en el brazo antes de que pueda seguir hablando.
—No empieces a inventarte historias.
—No hace falta inventar nada. La realidad ya está haciendo todo el trabajo.
Como si hubiera entendido que estaban hablando de él, Oliver suelta una carcajada que hace girar todas las cabezas.
—¿Lo veis? Él también piensa que tengo razón —añade Brock señalando al niño.
Dorian recupera a su hijo de los brazos de Elsie y niega divertido con la cabeza.
—No, Brock. Se está riendo de ti, que es distinto.
Las risas vuelven a llenar la terraza y la conversación cambia de tema casi sin que nadie se dé cuenta.
Durante el aperitivo ocurre algo que llevaba días intentando evitar sin darme cuenta.
Diana y yo dejamos de preocuparnos por mantener las distancias y todo empieza a salir con una naturalidad que había olvidado por completo.
Ella me acerca la cesta del pan antes de que tenga que pedírsela y, un rato después, cuando veo que su copa está vacía, la lleno sin preguntarle si quiere más vino.
Comentamos una tontería sobre Brock, nos reímos y la conversación va enlazando un tema con otro sin que ninguno tenga que hacer el esfuerzo de buscar qué decir.
Por unos minutos olvido que llevamos cinco años separados.
Entonces levanto la vista y descubro que Diana acaba de darse cuenta de lo mismo.
Su sonrisa cambia un instante y el brillo tranquilo que tenía en los ojos deja paso a una expresión que ya empiezo a reconocer.
No creo que tenga miedo de mí, sino de comprobar lo fácil que vuelve a resultarle estar a mi lado.
Cuando terminamos de comer, la mayoría sale al jardín para aprovechar el buen tiempo.
Yo recojo varias copas vacías y entro en el salón con la intención de llevarlas a la cocina.
Pero al pasar junto a la chimenea, algo llama mi atención.
Entre las fotografías que Brock ha dejado sobre la mesa hay una que sobresale y que no recuerdo haberla visto antes.
Dejo las copas sobre un mueble y cojo la foto con cuidado.
Es una fotografía tomada durante la boda, pero enseguida me doy cuenta de que no pertenece al reportaje oficial.
Está hecha desde bastante lejos, casi a escondidas, como si quien la tomó no quisiera que nadie se diera cuenta de lo que hacía.
Me la acerco un poco más y reconozco el vestíbulo del hotel.
Al fondo aparecen varios invitados hablando entre ellos.
A la izquierda distingo a Devon junto a una columna y, un poco más atrás, aparece Brock caminando hacia la barra con una copa en la mano.
Estoy a punto de dejar la fotografía otra vez sobre la mesa cuando algo hace que mi atención se detenga: Alistair está cruzando el vestíbulo en dirección al pasillo reservado para el personal de la boda.
No tendría nada de extraño si no fuera porque lleva bajo el brazo una carpeta, la misma carpeta que llevo todo el día intentando recordar.
El estómago me da un vuelco y me acerco a la ventana para aprovechar mejor la luz y vuelvo a observar la fotografía. No hay duda, es esa carpeta.
Mientras intento ordenar todas las piezas, escucho unos pasos detrás de mí. Me giro y me encuentro con Diana que acaba de entrar y se detiene al verme tan concentrado en la fotografía.
—¿Qué pasa? —pregunta mientras se acerca despacio—. Tienes una cara rara.
No le respondo enseguida y le doy la fotografía para que la vea. Ella la observa con atención. Al principio solo parece observar la imagen sin entender qué estoy buscando. Después sus ojos se detienen en el mismo punto que los míos y su expresión cambia. Levanta lentamente la cabeza.
—Max...
Apenas consigue pronunciar mi nombre. Vuelvo a mirar la fotografía y ya no tengo ninguna duda.
El recuerdo que ha aparecido esta mañana en mi cabeza no era una confusión.
Aquella noche, mientras todos creíamos que la boda se había convertido en un desastre, Alistair caminaba hacia la zona reservada para la organización con la carpeta bajo el brazo.
La misma carpeta que lleva horas apareciendo una y otra vez en mi memoria.
Durante unos segundos ninguno de los dos dice una palabra, aunque no hace falta, porque ambos acabamos de comprender lo mismo. Vuelvo a bajar la vista hacia la fotografía y ya no tengo ninguna duda.
El recuerdo de esta mañana no es una confusión.
Aquella noche, mientras todos corríamos de un lado para otro convencidos de que la boda era un completo desastre, Alistair caminaba hacia la zona reservada para la organización con una carpeta bajo el brazo.
Y, de repente, entiendo que quizá llevamos desde aquella noche haciéndonos la pregunta equivocada.