Error imperdonable (Errores en Manhattan 4) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

El salón queda completamente en silencio y todos esperan que continúe. Yo también. Cierro los ojos un momento e intento reconstruir la escena. Vuelven la música, las luces, el pasillo, la carpeta…. Nada más.

—¿Qué has recordado? —me pregunta Naomi, que se ha acercado hasta quedarse frente a mí.

—No lo sé del todo. Son solo fragmentos —admito pasándome una mano por la nuca.

—Cuéntalos igualmente.

Respiro hondo antes de hablar.

—Recuerdo haber pasado por un pasillo del hotel.

Diana permanece a mi lado sin apartar la vista de mí.

—¿Sabes qué pasillo era?

—No. Creo que buscaba los baños... o una terraza. No estoy seguro.

Intento ordenar otra vez la imagen.

—Había una sala abierta. Me llamó la atención porque juraría que era donde trabajaba la organización de la boda.

Devon asiente lentamente.

—Sí, había una sala reservada para ellos.

Lo miro.

—¿La recuerdas?

—Más o menos.

—Yo pasé por delante y vi a alguien revisando unos papeles.

Naomi cruza los brazos.

—¿Quién era?

Niego con la cabeza.

—No llegué a verlo.

—¿Era un hombre? ¿Una mujer?

—No lo sé.

Vuelvo a cerrar los ojos unos segundos.

—Solo recuerdo una carpeta sobre la mesa.

Alistair rompe el silencio desde el otro lado del salón.

—En una boda suele haber muchas carpetas.

Giro la cabeza hacia él.

—Puede ser.

—Entonces quizá no signifique nada.

Naomi sostiene su mirada.

—O quizá signifique mucho.

Alistair no parece alterarse.

—¿Por qué te interesa tanto esa carpeta?

Naomi responde sin apartar los ojos de él.

—Porque llevamos dos días descubriendo que ninguno recuerda aquella noche igual. Si Max ha recuperado un detalle concreto, creo que merece la pena prestarle atención.

Antes de que nadie diga nada más, Brock levanta una mano con gesto solemne.

—Yo también he recuperado un recuerdo muy importante.

Todos nos volvemos hacia él, que nos mira sonriendo satisfecho.

—El whisky de aquella boda era espectacular.

Amara pasa a su lado y le da un ligero golpe en el brazo.

—Gracias por contribuir a la investigación.

—Hago lo que puedo.

—Pues sigue esforzándote un poco menos.

Las risas alivian la tensión durante unos segundos. Aun así, mientras vuelvo a mirar las fotografías, sigo teniendo la misma sensación. Aquella carpeta no ha aparecido en mi memoria por casualidad, solo necesito descubrir por qué.

Media hora después salimos a dar un paseo por el jardín. El aire todavía huele a tierra mojada y la lluvia ha dejado pequeñas gotas sobre los rosales que bordean el camino principal.

Poco a poco, el grupo vuelve a dispersarse casi sin darse cuenta.

Brock camina unos metros por delante con Dorian mientras discuten si Oliver sonrió de verdad o simplemente tenía gases.

Mientras, Elsie avanza detrás de ellos empujando el carrito y negando con la cabeza y Amara termina uniéndose a Devon y Elara.

Naomi se queda hablando con Alistair, algo que me sorprende, porque llevan dos días lanzándose preguntas incómodas y, aun así, ninguno parece tener intención de evitar al otro.

Cuando vuelvo la vista al frente descubro que Diana camina a mi lado. Ninguno de los dos ha hecho nada para que ocurra. Simplemente ha pasado. Durante unos metros nos limitamos a avanzar por el sendero sin hablar, aunque es ella quien acaba rompiendo el silencio.

—¿Te encuentras mejor?

—Sí —le respondo girándome para mirarla.

—Antes parecías bastante desconcertado.

Sonrío ligeramente.

—Lo sigo estando.

Ella devuelve la vista al camino.

—¿Crees que ese recuerdo significa algo?

Tardo unos segundos en responder.

—No lo sé.

—Pero...

Asiento.

—Pero no consigo quitármelo de la cabeza.

Seguimos caminando despacio y el sendero gira hacia un pequeño estanque rodeado de árboles.

—Últimamente todo el mundo parece empeñado en convencernos de que aquella boda fue mucho más rara de lo que recordábamos —me dice Diana metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—¿Y tú qué piensas? —le pregunto mirándola de reojo.

Ella tarda unos segundos en contestar.

—Que quizá nunca quisimos recordar según qué cosas.

La frase me hace pensar, porque durante años culpé al alcohol, al caos y a la mala suerte. Nunca me planteé que pudiera faltar una parte de la historia.

Nos detenemos junto al agua y observo cómo Diana contempla el reflejo de los árboles antes de volver a hablar.

—Aun así...

Levanta la vista hacia mí.

—Hay algo que sí recuerdo perfectamente.

—¿Qué?

Esboza una sonrisa pequeña.

—Que, pasara lo que pasara aquella noche, bailar contigo fue la mejor parte.

No puedo evitar sonreír.

—Yo pensaba exactamente lo mismo.

Ella baja la cabeza un instante, divertida.

—Eso empieza a ser peligroso.

—¿El qué?

—Que estemos de acuerdo en tantas cosas otra vez.

No respondo enseguida, porque tiene razón.Cada conversación con ella vuelve a parecer tan sencilla que, por momentos, olvido que hemos pasado cinco años separados.

Y eso me hace pensar que quizá estemos mucho más cerca de arreglar lo nuestro de lo que cualquiera de los dos se atreve todavía a admitir.

Caminamos sin prisa por el sendero que bordea el estanque hasta llegar a un pequeño embarcadero de madera.

Apenas hace viento y el agua está tan quieta que refleja el cielo con una claridad que casi parece un espejo.

Diana se acerca a la barandilla y apoya los antebrazos sobre la madera y yo me coloco a su lado sin decir nada, porque no siento la necesidad de romper este silencio.

Hace solo unos días habría buscado cualquier excusa para hablar, aunque fuera una tontería. Ahora me doy cuenta de que volver a estar con ella también significa recuperar esa tranquilidad que solo existía cuando compartíamos el mismo espacio.

Diana sigue mirando el agua durante unos segundos antes de hablar.

—¿Sabes qué es lo que más me asusta? —pregunta sin apartar la vista del estanque.

Giro ligeramente la cabeza hacia ella.

—¿Qué es?

Ella tarda un momento en responder y cuando vuelve a hablar, lo hace casi en un susurro.

—Que todo esto vuelva a parecer normal.

No necesito pedirle que me lo explique, porque sé de qué está hablando. La miro un instante antes de apoyarme también sobre la barandilla.

—¿Y eso tiene que ser malo?

Diana deja escapar el aire lentamente y niega con una pequeña sonrisa

—Para mí sí.

—¿Por qué?

Esta vez sí se vuelve hacia mí para mirarme

—Porque la otra vez también parecía normal.

La frase me deja sin respuesta porque sé que no está hablando de la boda, ni siquiera de la ruptura, sino de nosotros y de la vida que compartíamos antes de que todo se rompiera sin que ninguno supiera cómo evitarlo.

Permanezco unos segundos observándola antes de contestar.

—Sigo pensando que el problema nunca fuimos nosotros.

Ella baja la vista hacia el agua.

—Eso lo dices ahora.

—También lo pensaba entonces.

Diana niega despacio y vuelve a mirarme.

—No, Max. Entonces los dos estábamos tan ocupados intentando proteger al otro que dejamos de decir lo que de verdad nos estaba pasando.

No puedo llevarle la contraria, porque tiene razón. Los dos creímos que guardar silencio era la mejor forma de evitar más dolor. Sin embargo, al final ese silencio fue precisamente lo que terminó separándonos.

Sin pensarlo, deslizo la mano por la barandilla hasta encontrar la suya. Diana nota el movimiento y por un instante creo que va a apartarla, pero no lo hace, al contrario. Sus dedos buscan los míos y terminan entrelazándose igual que tantas veces lo habían hecho antes.

—¿Lo ves? —murmura mientras levanta apenas unos centímetros nuestros dedos entrelazados.

La observo sin entender del todo a qué se refiere.

—¿Qué es lo que tengo que ver?

Diana sostiene mi mirada.

—Esto.

Mueve ligeramente nuestras manos.

—Esto es exactamente lo que me da miedo.

No aparto los ojos de ella.

—¿Que te coja de la mano?

Ella sonríe con tristeza y niega muy despacio.

—No. Me asusta que ya no tenga que pensar antes de hacerlo.

Su respuesta me deja completamente descolocado.

Durante estos cincos años he imaginado que recuperarla sería una batalla constante, llena de reproches y de heridas abiertas.

Sin embargo, ahora empiezo a comprender que el verdadero obstáculo nunca ha sido volver a acercarnos.

Lo difícil será convencerla de que esta vez nuestra historia puede tener un final distinto.

Cuando regresamos a la casa, el resto ya está preparando el aperitivo en la terraza. Brock es el primero en vernos aparecer y, por la expresión que pone, sé que está a punto de decir algo. Amara también se da cuenta y ni siquiera espera a que abra la boca.

—Ni se te ocurra —le corta.

Brock la mira con fingida inocencia.

—¿Ni se me ocurra qué?

—Lo que sea que estés pensando.

Él sonríe con la expresión propia de quien acaba de encontrar un filón.

—Qué poca confianza tenéis en mí.

Mientras habla, levanta una mano y señala hacia abajo. Sigo la dirección de su dedo y descubro que todavía estoy sujetando la mano de Diana. Ella también se da cuenta en ese mismo instante y los dos nos soltamos casi al mismo tiempo.

—Yo no iba a decir nada —suelta Brock cruzándose de brazos y asintiendo muy despacio.

—Eso no te lo crees ni tú —le dice Devon con una sonrisa resignada mientras deja una bandeja sobre la mesa.

—Os prometo que solo iba a hacer una observación completamente objetiva.

Elara rompe a reír mientras coloca unos platos sobre la mesa.

—Te conocemos desde hace años y sabemos perfectamente cómo empiezan tus observaciones objetivas.

Brock levanta las manos en señal de rendición.

—Está bien, está bien. Solo iba a comentar que el paseo parece haber dado muy buenos resultados.