Capítulo 15
Max
Cuando bajo al comedor a la mañana siguiente, la casa ya está despierta.
El olor a café llega desde la cocina y alguien ha abierto las puertas que dan al jardín.
La lluvia ha desaparecido por fin y el aire fresco entra hasta el salón, donde Brock intenta convencer a Dorian de que Oliver acaba de sonreír, porque lo reconoce como su tío favorito.
—Te está mirando porque llevas cinco minutos haciendo el mismo ruido raro —le aclara Dorian mientras ajusta el babero del niño.
Brock vuelve a mover las cejas delante del bebé.
—No es un ruido raro. Es un idioma secreto entre hombres.
Dorian levanta la vista hacia él.
—Tiene cuatro meses.
—Precisamente por eso, todavía no me juzga.
Elsie aparece por detrás con una taza de café en la mano.
—Eso lo dices porque aún no habla.
Las risas llenan el salón justo cuando entro y Brock me señala con el dedo al verme.
—Perfecto. Necesito un árbitro imparcial.
Me preparo café antes de responder.
—Si tengo que elegir entre tú y un bebé de cuatro meses, siento decirte que el bebé parte con ventaja.
Brock se lleva una mano al pecho con un gesto exagerado.
—Esto empieza a ser un ataque personal.
Me apoyo en la encimera con la taza entre las manos.
—No empieces a dramatizar. Hace tiempo que dejaste de ser imparcial.
Él niega despacio con expresión ofendida.
—Qué ambiente tan poco acogedor hay en esta casa.
Dorian levanta la vista mientras coloca otra cucharada de papilla delante de Oliver.
—El ambiente está bien. El problema eres tú.
Las risas vuelven a llenar el salón y aprovecho ese momento para levantar la vista casi por instinto.
Diana acaba de entrar. Lleva unos vaqueros claros, una camisa blanca con las mangas remangadas y el pelo recogido en una coleta.
Se detiene un instante junto a la puerta al descubrir que casi todos estamos ya reunidos.
Nuestros ojos se encuentran y ella me dedica una sonrisa pequeña, casi tímida, antes de dirigirse hacia la cafetera.
No necesito más, porque después de todo lo que ha pasado entre nosotros estos últimos días, podría haber hecho cualquier cosa para mantener las distancias.
En cambio, ha bajado a desayunar con todos, me ha mirado y me ha sonreído.
Puede parecer un gesto sin importancia, pero después de todo lo que ha pasado entre nosotros estos últimos días, verla actuar con esa naturalidad hace que empiece a creer que quizá todavía no esté todo perdido.
El desayuno transcurre con bastante más tranquilidad de la que esperaba, o al menos eso intenta el resto del grupo. El único que parece decidido a estropear esa paz es Brock, que lleva varios minutos dándole vueltas al mismo asunto.
Brock deja la taza sobre la mesa y nos mira alternativamente a Diana y a mí con una sonrisa que no promete nada bueno.
—Tengo una pregunta completamente inocente.
Amara levanta la vista de la tostada que acaba de prepararse y niega con la cabeza con resignación.
—Empiezo a echar de menos la época en la que se te daba mejor disimular —le dice ella antes de dar un bocado al pan.
Brock finge no haberla oído y vuelve a centrar toda su atención en nosotros.
—Solo quería saber si habéis dormido bien.
Diana sigue untando mantequilla en la tostada sin levantar la cabeza.
—Sí, hemos dormido bien —le confirma.
—Qué respuesta tan aburrida —le responde Brock con una mueca.
Doy un sorbo al café antes de intervenir.
—¿Qué esperabas exactamente?
Brock apoya los codos sobre la mesa con una sonrisa de circunstancias y me mira ahora directamente a mí.
—No sé... Alguna anécdota interesante. Compartís habitación… Algo habrá pasado, ¿no?
Elara deja la taza sobre el plato y mira a Brock de reojo.
—¿Podrías dejar de interrogarlos durante cinco minutos?
Brock abre mucho los ojos, fingiendo indignación.
—No los estoy interrogando. Solo me preocupo por el ambiente de convivencia.
Amara suelta una risa por lo bajo mientras corta otro trozo de tostada.
—Tú no sabes preocuparte sin cotillear.
—Es una cualidad que la gente no aprecia lo suficiente.
Dorian levanta la vista un momento mientras intenta que Oliver se coma otra cucharada de papilla.
—A mí lo que me sorprende es que llevemos desayunando diez minutos y todavía nadie haya hablado del desayuno.
Brock señala al bebé con toda naturalidad.
—Porque él todavía no puede participar en la conversación.
Como si hubiera entendido perfectamente el comentario, Oliver agita la mano y la cuchara sale disparada.
Al instante, un pegote de papilla aterriza directamente sobre la manga de Brock.
Durante un segundo, nadie reacciona, pero Brock baja despacio la vista hacia la mancha y después mira al niño con expresión ofendida.
—Eso ha sido completamente intencionado.
Elsie rompe a reír mientras limpia la boca de Oliver con un babero.
—Creo que mi hijo acaba de dejar claro de qué lado está.
Brock niega con dramatismo.
—No esperaba una traición por su parte tan pronto.
Dorian le da una palmadita en el hombro mientras intenta contener la risa.
—Acostúmbrate. En esta casa estás perdiendo apoyos a mucha velocidad.
Las carcajadas vuelven a llenar el comedor e incluso Diana termina riéndose. Me quedo mirándola unos segundos sin que se dé cuenta. Había olvidado cuánto me gustaba verla reír así, sin preocuparse por nada más.
Después del desayuno recogemos un poco el salón antes de salir a dar un paseo. Las fotografías que estuvimos viendo la noche anterior siguen repartidas sobre la mesa baja y Naomi se agacha para empezar a guardarlas, pero de repente se queda mirando una de ellas.
—Hay una cosa que no termino de entender —comenta mientras levanta la fotografía para que todos podamos verla.
Los que estamos cerca dejamos lo que estamos haciendo y nos volvemos hacia ella.
—¿Quién hizo todas estas fotos? —pregunta Naomi pasando el pulgar por el borde de la imagen.
Devon deja unas copas sobre el aparador y se encoge de hombros.
—Había un fotógrafo contratado.
Brock niega con la cabeza mientras hojea uno de los álbumes.
—Sí, pero esas eran las oficiales, las que contrataron los novios.
Señala varias fotografías que siguen repartidas por la mesa.
—Estas son distintas.
Naomi asiente.
—Eso mismo estaba pensando. Si estas no las hizo el fotógrafo, alguien del grupo se encargó de hacerlas, ¿no?
Dorian deja los vasos que acaba de recoger y se acerca a la mesa.
—Puede ser.
Naomi levanta la vista.
—¿Quién?
Nadie responde e intento rebuscar en mi memoria mientras observo las fotografías. Recuerdo la ceremonia, el jardín lleno de gente, los flashes , la música… De hecho, estoy seguro de haber visto cámaras aquella noche, pero lo que no consigo recordar es quién las llevaba.
—No me acuerdo —reconozco finalmente negando con la cabeza.
Naomi deja escapar un suspiro.
—Pues es raro.
En ese momento Alistair entra en el salón con las manos en los bolsillos y al ver que todos estamos alrededor de la mesa, reduce un poco el paso.
—¿Qué es lo que es raro?
Naomi levanta la fotografía sin apartar los ojos de él.
—Que ninguno recuerde quién hizo estas fotos.
Alistair la observa un instante antes de responder.
—Hay noches que terminan mezclándose en la memoria.
Naomi le sostiene la mirada.
—Esta acabó con varias parejas equivocadas. Diría que es difícil confundirla con cualquier otra.
—Precisamente por eso —asiente Alistair con una sonrisa casi imperceptible, pero no añade nada más.
Continúa caminando hasta la chimenea y deja allí la copa que llevaba en la mano. Lo observo de reojo, porque últimamente siempre hace lo mismo. Responde a las preguntas, pero nunca llega a responderlas del todo.
Naomi tampoco parece convencida y revisa nuevamente las fotografías y vuelve a hablar.
—Hay otra cosa que me llama la atención.
Todos volvemos la vista hacia ella.
—¿Quién ha guardado todas estas fotografías desde la boda?
Alistair contesta sin dudar.
—Yo.
Naomi arquea una ceja.
—¿Todas?
—Sí.
—¿Y han estado todo este tiempo en la misma caja?
Alistair asiente con tranquilidad.
—Más o menos.
Naomi coge dos fotografías y las coloca una junto a la otra sobre la mesa.
—Entonces explícamelo.
Todos nos inclinamos para verlas mejor mientras ella señala una de las imágenes.
—¿No os parece raro que estas fotografías no estén impresas en el mismo tipo de papel?
Me acerco un poco más. Hasta ese momento no me había fijado, pero Naomi tiene razón. Una tiene un acabado brillante y la otra es mate. Incluso los colores parecen ligeramente distintos.
Brock recoge las dos fotografías y las observa con atención antes de compararlas una junto a la otra.
—Pues ahora que lo dices… juraría que ni siquiera las imprimieron en el mismo sitio.
Naomi vuelve la vista hacia Alistair.
—Si todas son de la misma boda, ¿por qué unas están impresas de una forma y otras de otra?
Alistair tarda un instante en contestar.
—Porque hace unos meses mandé hacer algunas copias.
Naomi no aparta la mirada de él.
—¿Las encargaste tú?
—Sí.
—¿Y por qué?
Alistair se encoge ligeramente de hombros.
—Pensé que algún día os gustaría verlas.
La explicación parece lógica. Sin embargo, algo dentro de mí sigue diciendo que falta una parte de la historia en su discurso.
Mientras Alistair habla, una imagen cruza mi cabeza con la fuerza de un relámpago.
Estoy otra vez en el hotel de la boda y la música llega amortiguada desde el salón principal.
Camino por un pasillo buscando los baños o quizá una salida al jardín.
No consigo recordarlo, pero lo que sí recuerdo es una puerta entreabierta y una sala que, según creo, estaba reservada para la organización de la boda.
Dentro hay alguien inclinado sobre una mesa.
No alcanzo a verle la cara. Solo veo unas manos pasando papeles con rapidez y una carpeta.
Me llevo una mano a la frente, pero la imagen desaparece igual de rápido que ha llegado.
—¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien? —me pregunta Diana que da un paso hacia mí en cuanto se da cuenta de mi gesto.
—Creo que acabo de recordar algo —le respondo alzando la cabeza para mirarla a los ojos.