Capítulo 14 #2
Naomi y yo terminamos preparando los últimos platos, aunque de vez en cuando levanto la cabeza y descubro que Alistair ha vuelto a desaparecer sin decir adónde va.
Max también anda por la casa, aunque intento no fijarme en él.
Lo intento de verdad., pero siempre termino encontrándolo con la mirada.
Lo veo cruzar el salón con varias botellas de vino, detenerse junto a Devon para comentar algo que no alcanzo a oír y acercarse después a Dorian para ayudarlo a montar la trona de Oliver.
Se mueve con la misma naturalidad de siempre y, por mucho que intente convencerme de lo contrario, verlo actuar como si todo fuera tan sencillo consigue ponerme más nerviosa de lo que querría.
No sé si él me mira tanto como yo a él o quizá el problema sea que noto todas las veces que lo hace.
—¿Piensas mover ese plato muchas veces más o ya has encontrado el sitio perfecto? —me pregunta Naomi mientras deja una fuente de ensalada sobre la mesa y se queda observándome con una sonrisa divertida.
Bajo la vista y veo que tiene razón, porque he colocado el mismo plato varias veces.
—Solo quería asegurarme de que quedaba recto —trato de justificarme.
Naomi se apoya en el respaldo de una silla y echa un vistazo a la mesa.
—Quedó recto la primera vez.
Me encojo de hombros.
—La simetría nunca sobra.
Ella contiene la risa antes de negar con la cabeza.
—Lo que no sobra es que dejes de buscar excusas y respires un poco.
Estoy a punto de responderle cuando Brock entra en el comedor con una caja de madera entre los brazos y una expresión que ya anuncia problemas.
—Acabo de encontrar la solución para que la sobremesa no sea aburrida —anuncia mientras deja la caja sobre una cajonera.
Amara levanta la cabeza al oírlo y lanza un suspiro.
—Cada vez que empiezas una frase así, alguien acaba arrepintiéndose.
Brock ignora el comentario, levanta la tapa de la caja y sonríe satisfecho.
—Fotografías antiguas.
Alistair entra justo en ese momento y detiene la mirada sobre la caja durante un segundo. Naomi también lo nota. La observo de reojo y veo cómo arquea ligeramente una ceja antes de volver la atención hacia Brock.
—¿Dónde las has encontrado? —pregunta Alistair mientras se acerca.
Brock saca el primer álbum sin darle importancia.
—En el despacho.
Naomi apoya una mano sobre el respaldo de una silla.
—¿En la caja con la fecha de la boda?
Alistair la mira directamente.
—Sí.
—Qué casualidad.
Él no responde al comentario y observa cómo Brock ya está hojeando el álbum.
—Aquí hay material suficiente para arruinar varias reputaciones —afirma Brock.
—Eso dependerá de cuánto tiempo tardes en dejar de comportarte como un adolescente —le suelta Amara que ya está a su lado para quitarle una fotografía de las manos.
—No pienso prometer nada.
La cena termina convirtiéndose en una excusa para revisar las fotografías.
Comemos entre comentarios, recuerdos y bromas que se alargan mucho más de lo previsto.
Hay imágenes de viajes, cumpleaños, cenas improvisadas y varias fiestas en las que ninguno parece especialmente digno.
Incluso Brock encuentra una fotografía de Devon con una camisa de flores y la levanta con expresión triunfal.
—Esto necesita una explicación.
Devon contempla la imagen sin inmutarse.
—Era una fiesta temática.
—Eso no mejora la camisa.
Elara se inclina para verla mejor.
—Yo creo que estabas guapísimo.
Devon gira la cabeza hacia ella.
—Gracias.
Brock resopla.
—El amor os ha vuelto poco objetivos.
Amara le quita la fotografía y la coloca otra vez sobre la mesa.
—Tú nunca has sido objetivo con nada.
Las risas vuelven a invadir el comedor y durante un rato consigo relajarme. Pero entonces Elsie encuentra otra fotografía. La sostiene entre las manos varios segundos antes de levantar la vista hacia mí.
—Diana... —me dice y observo cómo ha cambiado su expresión.
No necesito que diga nada más, porque reconozco la imagen antes incluso de verla de cerca.
Max y yo aparecemos sentados en el suelo del apartamento, rodeados de cajas abiertas y papeles de la boda.
Él lleva una camisa blanca con las mangas remangadas y yo estoy apoyada contra su hombro mientras sostengo una lista de invitados.
Los dos sonreímos a la cámara. A pesar de que no recuerdo quién hizo la fotografía, sí que recuerdo aquel día.
Habíamos discutido durante horas sobre el orden de las mesas y terminamos pidiendo comida china porque ninguno quería cocinar.
Max insistió en que Brock debía sentarse lejos de la barra libre y yo le dije que eso era imposible porque Brock siempre encontraba la barra libre. Todo parecía sencillo entonces.
Max levanta la vista al otro lado de la mesa, pero no dice nada y yo tampoco. Brock deja de bromear por primera vez en toda la noche. Elara baja la copa con cuidado y Elsie sostiene la fotografía sin saber si guardarla o dejarla donde está.
Al final, Naomi alarga la mano.
—Déjamela ver.
Elsie se la entrega. Naomi observa la imagen y después nos mira a los dos.
—Parecíais felices.
La frase no contiene ninguna intención oculta y eso la hace más difícil de escuchar.
—Lo éramos —responde Max desde el otro lado de la mesa.
Su voz suena tranquila, pero yo lo conozco lo suficiente para notar el esfuerzo que le cuesta mantenerla así. Bajo la vista hacia el plato, porque no quiero que nadie vea lo que provoca en mí esa respuesta.
—Lo curioso de las imágenes es que guardan una versión muy concreta de las cosas —dice Alistair cogiendo otra fotografía de la caja.
Naomi vuelve la cabeza hacia él.
—¿Otra reflexión sobre la memoria?
—No, solo una observación.
—Últimamente haces muchas.
—Últimamente preguntas bastante —le responde Alistair sosteniéndole la mirada.
—No sé qué está pasando aquí, pero quiero que continúe —añade Brock mirando a uno y a otro con interés.
Amara le toca el brazo.
—No.
—Solo digo que...
—No.
Brock termina levantando las manos y da un trago a su copa de vino. La conversación cambia de tema, aunque la fotografía permanece sobre la mesa, pero Max y yo evitamos mirarla y también mirarnos, aunque no sirve de nada.
Sigo recordando la expresión de su cara en aquella imagen y lo fácil que parecía imaginar un futuro juntos.
Durante años me convencí de que Londres era la prueba de que había seguido adelante.
Construí una empresa allí, compré una casa y tenía una vida que funcionaba.
Sin embargo, ahora empiezo a preguntarme si funcionar es suficiente.
El puesto me espera allí. Mi equipo también y todo está preparado para mi regreso. Sin embargo, por primera vez desde que acepté volver a Nueva York, no siento alivio al pensar en Londres. Siento que estoy dejando algo atrás. Otra vez.