Capítulo 11
Max
El sol ya ha desaparecido cuando salgo al porche con una taza de café entre las manos. La casa está sorprendentemente tranquila. Después del paseo por el pueblo, la comida y las bromas constantes durante toda la tarde, el silencio resulta casi extraño.
Respiro el aire salado que llega desde la playa y bajo los escalones de madera. El jardín termina en un pequeño sendero que conduce hasta un mirador desde el que puede verse el mar. Así que, como no tengo un destino concreto y lo único que necesito es caminar un rato, empiezo a pasear por él.
—Sabía que te encontraría aquí.
Reconozco la voz de Alistair antes incluso de girarme.
Él avanza despacio por el mismo sendero y también con una taza de café en la mano.
Viste un jersey azul marino de cuello alto y unos pantalones claros.
Cuando llegamos al final del sendero, se apoya en la barandilla de madera y dirige la mirada hacia el océano.
—Pensaba que estabas dentro.
—Lo estaba —da un sorbo al café antes de responderme.
—¿Y qué haces aquí?
—Lo mismo que tú.
Permanezco unos segundos observando el agua.
—Necesitaba un poco de tranquilidad.
Él asiente despacio.
—Eso imaginaba.
El viento mueve ligeramente las ramas de los árboles que rodean la casa y durante un rato ambos permanecemos callados escuchando el ruido del aire entre la vegetación.
Con Alistair nunca he sentido la necesidad de llenar los silencios, aunque últimamente empiezo a preguntarme si eso también forma parte de una estrategia suya.
—Empiezo a pensar que has organizado estos días en los Hamptons con más intención de la que nos contaste —le digo.
—Ah, ¿sí? —me dice con una media sonrisa sin apartar la vista del mar.
—No me creo lo de la habitación.
—¿Cuál de todas las versiones?
Lo miro de reojo.
—¿Hay varias?
Alistair deja la taza sobre la barandilla.
—Siempre las hay.
Frunzo ligeramente el ceño.
—Solo había una habitación menos.
—Eso dices tú.
—No, eso dijiste tú —le recuerdo.
—Exacto.
Su respuesta no aclara absolutamente nada.
—Brock está convencido de que nos mentiste.
—Brock también está convencido de que puede negociar el precio de un helado, aunque el cartel que tiene frente a sus narices ponga el importe de forma evidente.
—En eso tienes razón —le respondo con una sonrisa.
—La diferencia es que Brock siempre termina diciendo lo que piensa.
—¿Y tú no? —le pregunto mirándole a los ojos y él me devuelve la mirada por primera vez desde que nos hemos encontrado.
—No siempre conviene hacerlo.
Vuelvo la vista hacia el mar.
—Eso ha sonado sospechoso.
—¿Te lo parece?
—Mucho.
Alistair se ríe al escuchar mi respuesta.
—Quizá porque sabes que hay algo que no encaja, aunque todavía no hayas descubierto qué es.
No le respondo, porque acaba de describir cómo me siento y él parece haberse dado cuenta.
—Sigues pensando en la boda —afirma con convicción.
—A veces.
—Yo también —admite.
—¿Hay algo que quieras contarme? —le pregunto girándome de nuevo hacia él.
Alistair niega con la cabeza con absoluta calma.
—Todavía no.
Su respuesta me incomoda mucho más que cualquier otra.
—¿Todavía?
Él se encoge ligeramente de hombros.
—Las personas recordamos cosas curiosas.
—Eso no responde a mi pregunta.
—Ya.
Resoplo.
—Últimamente hablas igual que un personaje de una novela de misterio.
Alistair sonríe.
—Espero que con mejor gusto al vestir.
—No cambiarás nunca —sacudo la cabeza.
—Tú tampoco —dice y nos quedamos en silencio unos segundos hasta que vuelve a hablar—¿Recuerdas qué hiciste la noche de la boda?
Me suelta la pregunta de sopetón y sin avisar, por lo que tardo unos segundos en responderle.
—Más o menos.
—¿Más o menos?
—Recuerdo la ceremonia. El cóctel más o menos. Después... hay partes bastante confusas.
Alistair asiente despacio.
—Es curioso.
—¿El qué? —pregunto frunciendo el ceño.
—Que todos utilicéis esas dos palabras.
—¿Qué palabras?
—«Más o menos».
Lo observo sin entender adónde quiere llegar mientras él continúa hablando con absoluta tranquilidad.
—He hablado con casi todos desde aquella noche.
Brock recuerda unas cosas, Devon otras, Dorian está convencido de que el DJ cambió la música tres veces, aunque Elsie mantiene que solo la cambió una. Amara insiste en que el brindis no fue antes del baile y Elara juraría que ocurrió antes.
—Es normal, ha pasado el tiempo —admito cruzándome de brazos.
—Claro, además, la memoria nunca es perfecta —me responde y da otro sorbo a su taza de café.
—Entonces, ¿qué tiene eso de extraño?
Alistair tarda unos segundos en contestar.
—Depende.
—¿De qué?
—De si las personas están olvidando cosas...
Hace una pequeña pausa antes de terminar la frase.
—...o recordando cosas que nunca ocurrieron.
El viento parece soplar con más fuerza y lo miro fijamente.
—Eso no tiene ningún sentido.
—¿Seguro?
—Completamente.
Alistair recoge la taza de la barandilla.
—Quizá tengas razón.
Se gira para volver hacia la casa, pero da apenas dos pasos antes de detenerse.
—A veces un recuerdo cambia simplemente porque alguien te cuenta otra versión muchas veces —añade sin mirarme.
—¿Qué quieres decir exactamente? —le pregunto sin moverme.
Él vuelve ligeramente la cabeza.
—Nada de momento—después sonríe con su habitual tranquilidad.
Continúa caminando hacia la mansión y me quedo solo frente al mar con la sensación de que acabo de mantener una conversación de la que entiendo menos al final que al principio.
La conversación con Alistair continúa rondándome la cabeza cuando regreso a la casa.
No porque haya dicho algo concreto, sino precisamente por lo contrario.
Ha dejado suficientes frases a medias para conseguir que empiece a revisar recuerdos que llevaba todo este tiempo aceptando sin hacer preguntas.
La boda, el orden de los brindis, quién estaba en el jardín cuando comenzaron los problemas, quién habló con quién antes de que la noche se descontrolara. Detalles o eso parecían.
Cuando entro en el comedor, el grupo ya está reunido alrededor de la mesa.
Dorian sostiene a Oliver contra su pecho mientras intenta servirse agua con una sola mano, aunque Elsie termina ayudándolo antes de que derrame la jarra sobre el mantel.
Brock corta un trozo de pan con más entusiasmo del necesario y Amara aparta discretamente la cesta de su alcance.
—Pensaba que te habías perdido —comenta Devon al verme entrar.
Dejo la taza vacía sobre una mesa auxiliar y ocupo la silla que hay libre junto a él.
—Estaba fuera.
Alistair entra unos segundos después con la misma tranquilidad de siempre y se sienta al otro extremo de la mesa. No me mira y eso consigue que desconfíe todavía más de él y de lo que ha dicho.
La conversación empieza con asuntos normales. El mercado, los planes para el día siguiente y la cantidad de equipaje que Dorian ha traído para un bebé que pesa menos que cualquiera de sus maletas.
—No pienso volver a justificar el equipaje —protesta Dorian mientras intenta colocarle el babero a Oliver—. Todo lo que hemos traído es imprescindible.
Brock deja el cuchillo sobre el plato y señala una bolsa enorme que permanece junto a la puerta.
—¿También la máquina que reproduce sonidos de lluvia?
Dorian ni siquiera se inmuta.
—Especialmente esa.
—Estamos al lado del mar.
—No suena igual.
Amara observa a Oliver, que intenta agarrar el borde del mantel.
—Tiene razón. El mar no incluye una opción de temporizador.
Brock la mira con sorpresa.
—¿Acabas de defenderlo?
—Sí, pero no te acostumbres.
Las risas se mezclan con el ruido de los platos. Diana está sentada frente a mí y participa en la conversación con Elara, aunque de vez en cuando levanta la vista hacia Alistair, porque, por lo visto, no soy el único que ha notado que se comporta de una forma extraña.
—Tengo curiosidad por una cosa —pregunta Naomi que termina de servirse ensalada y apoya la cuchara en la fuente.
Brock se inclina hacia delante con interés.
—Por fin alguien propone un tema serio.
Naomi lo mira de reojo.
—Aún no he hablado.
—Pero confío en ti.
—Ese es tu primer error —se ríe ella.
Alistair oculta una sonrisa detrás de su copa y Naomi vuelve la atención hacia el resto del grupo.
—En la cena de ayer mencionasteis aquella boda varias veces. La famosa noche en la que, por lo visto, todos tomasteis decisiones un tanto… cuestionables.
Dorian acomoda mejor a Oliver sobre sus piernas.
—Esa es una forma bastante amable de describirlo.
—¿Qué quieres saber? —pregunta Elara mientras deja el tenedor sobre el plato.
Naomi parece pensarlo unos segundos.
—Quién fue el primero en irse del salón principal.
La pregunta es sencilla, pero la respuesta no.
—Dorian —contesta Brock sin dudar.
—Yo no fui —dice Dorian alzando la cabeza de inmediato.
—Claro que sí. Desapareciste después del brindis.
Elsie frunce el ceño.
—No. Dorian estaba conmigo cuando empezaron a servir el postre.
—Eso ocurrió antes del brindis —interviene Amara.
Elara niega despacio.
—El postre fue después.
—Estoy segura de que fue antes —insiste Amara.
Devon deja la copa sobre la mesa.
—El brindis principal fue antes de la cena.
—Eso es imposible —sentencia Brock arqueando una ceja.
—No lo es.
—Yo recuerdo a Theo brindando después del primer baile.
Alistair permanece callado mientras Naomi observa la mesa cada vez con más interés.
—Entonces nadie recuerda el mismo orden.
—Había alcohol —señala Brock mientras se sirve más vino.
Amara le quita la botella antes de que vuelva a llenarse la copa.
—Eso explica tu versión, no la de todos.
—Quizá hubo más de un brindis —añade Diana apoyando los antebrazos en la mesa.
—Hubo tres —afirma Dorian.
—Hubo dos —le corrige Elsie mirándolo.
—Estoy seguro de que fueron tres —insiste él.
—Tú también estabas seguro de que Oliver necesitaba tres mantas para venir aquí.
—Eso no demuestra nada.
Naomi deja escapar una pequeña risa, pero no abandona el tema.
—¿Quién organizó el cambio de horarios?
La pregunta provoca varias miradas.
—¿Qué cambio? —pregunta Elara.