Error imperdonable (Errores en Manhattan 4) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Qué decepción.

Elara deja escapar una risa.

—¿Esperabas que hubieran incendiado la habitación?

—Me conformaba con que uno de los dos hubiera dormido en la bañera.

—Te vas a quedar con las ganas —responde Max mientras ocupa por fin una silla.

Brock suspira exageradamente.

—Estos días aquí están siendo mucho menos caótico de lo que me prometieron.

Amara le da un pequeño golpe con el codo.

—Llevamos aquí poco más de un día.

—¿Insinúas que todavía hay esperanza?

Ella toma un sorbo de café antes de responder.

—Con vosotros dos... —empieza a decir mientras mira un segundo a Max y después a mí—... yo no descartaría absolutamente nada.

Max niega con una serenidad que resulta casi irritante.

—No creo que nuestra vida privada sea un tema de interés general.

Brock se lleva una mano al pecho con gesto dramático.

—Habla por ti.

—Hablo por todos.

—Ahí te equivocas.

Elara deja la taza sobre la mesa y sonríe mientras mira a Brock.

—Tiene razón. Todos queremos saberlo.

—Gracias.

—No te emociones. Solo quiero comprobar hasta dónde eres capaz de meter la nariz en la vida de los demás.

—Empiezo a pensar que me he perdido varios capítulos —dice Naomi que observa la escena con curiosidad.

Amara se recuesta en la silla y cruza los brazos.

—Bastantes —le responde Amara recostándose en la silla y cruzándose de brazos.

—¿Y nadie piensa ponerme al día?

Brock levanta inmediatamente la mano.

—Yo me ofrezco voluntario.

—Precisamente tú no —responde Amara sin mirarlo siquiera.

Las risas vuelven a adueñarse de la cocina y agradezco que la conversación empiece a desviarse, aunque dura poco, porque al momento Brock vuelve a la carga.

—Solo una última pregunta.

Max deja aparta el plato que tiene delante y lo mira con resignación.

—No.

—Todavía no sabes qué te voy a preguntar —se defiende Brock.

—No hace falta.

—¿Roncó alguien?

No puedo evitar cerrar los ojos un segundo y Max lanza un suspiro.

—Brock...

—Es información relevante.

—¿Para quién?

—Para la ciencia.

Elara rompe a reír.

—La ciencia no necesita saber si alguien ronca.

—Habla por tu ciencia.

Max se inclina ligeramente hacia delante.

—Nadie ha roncado.

Brock hace una mueca de decepción.

—Qué días en los Hamptons más desaprovechados.

—Todavía estás a tiempo de compartir habitación con Dorian —comenta Devon mientras unta mantequilla en una tostada.

—Ni hablar —suelta Dorian inmediatamente levantando la cabeza.

Brock sonríe.

—¿Ves? Él tampoco me quiere.

—No es una cuestión personal —responde Dorian mientras coloca con cuidado el babero de Oliver—. Es una cuestión de supervivencia.

—Qué poca fe tenéis en mí.

—Nos basamos en la experiencia —añade Amara.

Las carcajadas vuelven a llenar la estancia y aprovecho ese momento para levantarme y recoger mi taza vacía.

Necesito alejarme unos segundos de la conversación, por lo que me acerco a la encimera con la intención de servirme más café.

Max aparece a mi lado casi al mismo tiempo y los dos alargamos la mano hacia la cafetera.

Nuestros dedos rozan el botón de encendido al mismo tiempo y ambos retiramos la mano inmediatamente.

—Perdona —decimos a la vez.

Nos miramos y durante un instante ninguno sabe qué hacer hasta que Max gira ligeramente la cafetera hacia mí.

—Primero tú.

—Gracias.

Me hago un café procurando concentrarme únicamente en la cápsula que he elegido y en cómo cae el café en la taza, mientras él espera a mi lado en silencio. Cuando termino, doy un pequeño paso hacia atrás.

—Ya está.

—Gracias.

Max se prepara su café con la misma tranquilidad con la que hace todo y durante unos segundos permanecemos uno al lado del otro observando cómo cae el café.

A pesar de que es una escena completamente corriente, pero me devuelve a una época en la que compartíamos todas las mañanas sin pensar en ello.

—Dentro de una hora podríamos bajar al puerto —propone Devon desde la mesa mientras consulta el móvil—. Hay un mercado bastante grande y luego podemos comer allí.

—Mientras haya comida, voto a favor —le responde Brock alzando la mano inmediatamente.

—Qué sorpresa —murmura Amara.

—¿Siempre decide los planes en función del menú? —pregunta Naomi con una sonrisa.

—Siempre —responden Amara y Elara al mismo tiempo.

Las dos se miran y estallan en una carcajada.

—Empiezo a sentirme juzgado —suelta Brock señalando con el dedo a ambas con gesto ofendido.

—Porque lo estás siendo —responde Amara mientras se levanta de la silla.

Alistair, que hasta ese momento había permanecido prácticamente callado, deja la taza sobre la mesa.

—Entonces queda decidido.

Todos vuelven la vista hacia él.

—Dentro de una hora salimos.

Su tono no deja espacio para discutir y Brock levanta las palmas de las manos.

—Perfecto. Solo necesito diez minutos para prepararme.

Amara arquea una ceja.

—¿Diez?

—Quince.

—¿Veinte?

Brock sonríe.

—Vale, mejor si es media hora.

Elara niega con resignación y el buen humor vuelve a extenderse por la cocina mientras todos empiezan a levantarse para preparar la salida.

Yo recojo mi taza y me dirijo hacia la escalera. Necesito unos minutos a solas, porque cuanto más tiempo paso cerca de Max, más fácil resulta olvidar que dentro de unos días volveré a Londres.

Una hora después salimos de la csa con la misma organización caótica que parece acompañar a este grupo a todas partes. Dorian tarda casi diez minutos en comprobar que lleva todo lo necesario para Oliver.

—¿Has cogido los pañales? —pregunta Elsie mientras ajusta el cinturón del carrito.

—Sabía que se me olvidaba algo —reconoce Dorian dándose una palmada en la frente.

—Están aquí —le dice Elsie abriendo la mochila.

—Entonces era otra cosa.

—Las toallitas también.

—¿El chupete de repuesto?

—También.

Dorian permanece pensativo unos segundos.

—No recuerdo qué era.

Brock le pasa un brazo por los hombros mientras empiezan a caminar.

—Tu salud mental, ¿tal vez?

—Esa la perdí hace tres meses.

—Lo sospechaba.