Error imperdonable (Errores en Manhattan 4) Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—Esperaba un poco más de apoyo por parte de la madre de mi hijo.

—Lo has gastado todo preguntándome ocho veces si el biberón estaba bien preparado.

—Solo fueron siete.

—Han sido ocho.

—¿Las has contado?

—Porque tú también las has contado.

No puedo evitar sonreír. Oliver bosteza otra vez y aprieta una mano diminuta contra mi camiseta.

En ese momento oigo unos pasos en la puerta y al alzar la mirada veo que Diana acaba de entrar en la cocina.

Lleva una sudadera gris sobre un pantalón de deporte oscuro y no parece haberse dado cuenta de que todos estamos allí hasta que cruza el umbral.

Al vernos, se detiene y recorre la estancia con la mirada.

Primero ve a Elsie, después a Dorian, finalmente se queda fija en Oliver y termina encontrándose conmigo.

No dice nada. Solo observa al niño dormido entre mis brazos durante un instante.

—Buenos días —saluda Elsie al verla aparecer mientras deja la taza sobre la encimera.

Diana aparta la vista de Oliver y le devuelve una sonrisa.

—Buenos días.

Cruza la cocina hasta la cafetera con la intención evidente de comportarse como si no hubiera nada extraño en aquella escena, aunque no estoy seguro de que yo lo consiga.

Dorian sigue la dirección de su mirada hasta detenerse en Oliver, que continúa profundamente dormido entre mis brazos. Después vuelve a mirar a Diana y una sonrisa divertida se dibuja en su cara.

—No pongas esa cara.

Diana levanta la cabeza mientras coloca una cápsula en la cafetera.

—¿Qué cara?

—La de «esto no tiene ningún sentido».

Ella pulsa el botón del café y espera a que empiece a salir antes de responder.

—No sé de qué hablas.

—Claro que lo sabes.

Elsie se acerca a su marido y le da un pequeño golpecito con el dorso de la mano en el brazo.

—Déjala tranquila.

Dorian alza las palmas de las manos con gesto inocente.

—Solo intento entender por qué mi hijo prefiere a Max antes que a su propio padre.

Diana recoge la taza cuando la cafetera termina de llenarla y sopla suavemente antes de dar el primer sorbo.

—Quizá simplemente estaba cansado de verte dar vueltas por la cocina.

Elsie no consigue contener la risa y Dorian se lleva una mano al pecho con dramatismo.

—Eso ha dolido.

—Porque es verdad —le responde ella aún riéndose.

Durante unos segundos el buen humor vuelve a llenar la cocina, aunque al momento todo cambia cuando Diana mira a Oliver.

Lo hace un instante, pero basta para que la expresión se le suavice.

Mantiene la mirada un segundo más sobre el niño antes de bajar despacio hacia la taza de café que sostiene entre las manos.

No obstante, no dice nada y yo tampoco, porque hay imágenes que transmiten mucho más que cualquier conversación.

Elsie rompe el momento con naturalidad.

—¿Quieres cogerlo un rato?

Diana levanta la cabeza casi de inmediato.

—No.

La respuesta le sale con tanta rapidez que incluso ella parece sorprenderse. Así que respira hondo y esboza una sonrisa incómoda.

—Quiero decir... mejor dejarlo tranquilo, ¿no? Acaba de dormirse.

Elsie asiente sin darle importancia.

—También es verdad.

Diana vuelve a llevarse la taza a los labios y se acerca despacio a la ventana.

Se queda observando el jardín con la espalda apoyada en la encimera, dándonos la espalda a los que estamos en la cocina.

No vuelve a mirar hacia aquí y yo, en cambio, me doy cuenta de que me cuesta apartar la vista de ella.

Permanece inmóvil unos segundos, quizá medio minuto o menos y finalmente deja la taza vacía sobre la encimera y se vuelve hacia nosotros.

—Voy a cambiarme antes del desayuno.

Elsie le sonríe mientras recoge un paño de cocina.

—No tardes. Si Brock baja antes que tú, monopolizará la conversación durante la próxima hora.

Diana resopla con una sonrisa resignada.

—Entonces voy a intentar batir un récord.

Sale de la cocina sin volver la vista atrás y yo espero unos segundos antes de bajar otra vez la mirada hacia Oliver, que sigue profundamente dormido contra mi pecho. Dorian observa primero al niño y después la puerta por la que ha desaparecido Diana.

—Creo que acabo de interrumpir algo que no termino de entender —le dice a Elsie frunciendo ligeramente el ceño.

—No has interrumpido nada —le responde ella negando con la cabeza mientras guarda el bote de leche en polvo.

—Pues juraría que aquí había una tensión bastante rara.

Elsie cierra el armario y vuelve a mirarlo.

—Porque conviertes cualquier habitación en un laboratorio sociológico.

Dorian sonríe con orgullo.

—Es un don.

—Es agotador.

—Las dos cosas pueden ser ciertas.

No intervengo y continúo observando a Oliver mientras una idea empieza a abrirse paso sin que consiga detenerla en mi cabeza.

Desde que Diana ha vuelto a aparecer en mi vida he intentado convencerme de que mantener las distancias era lo más sensato, pero ahora empiezo a preguntarme si todavía tiene algún sentido hacerlo.

Cuando Oliver decide que ya ha dormido suficiente y vuelve a reclamar toda la atención de sus padres, aprovecho para marcharme de la cocina.

Necesito aire y dejar de pensar en la expresión que ha cruzado el rostro de Diana al verme con el niño en brazos.

A pesar de que no había vuelto a ver ese gesto desde hace cinco años, lo he reconocido al instante.

Media hora después la casa ya no se parece en nada a la de primera hora.

Brock habla desde el otro extremo del comedor como si pretendiera dirigirse a un auditorio.

Elara intenta convencer a Elsie de que le deje coger a Oliver antes de que termine el desayuno y Dorian revisa el monitor del bebé por cuarta vez en menos de diez minutos.

Amara se sirve café mientras contempla el espectáculo con la tranquilidad de quien ha decidido no intervenir salvo que resulte estrictamente necesario, y yo termino de prepararme una tostada cuando Brock ocupa la silla que hay frente a mí, algo que nunca es buena señal viniendo de él.

—Buenos días otra vez —me dice.

—Nos hemos visto hace cinco minutos —le recuerdo.

—Quería asegurarme de que seguías vivo.

Levanto la vista.

—¿Había algún motivo para pensar lo contrario?

Brock apoya los codos sobre la mesa.

—Solo es curiosidad científica.

—No eres científico.

—Pero soy curioso.

—¿Qué tal la noche? —me pregunta inclinándose un poco más hacia adelante y no me sorprende que ni siquiera intente disimular, porque le conozco demasiado bien.

—He dormido poco.

—Eso no responde a mi pregunta.

—Sí la responde.

—Pero no con exactitud.

Dorian deja una taza sobre la mesa y se incorpora a nuestra conversación.

—Yo también quiero saberlo.

—Vosotros dos necesitáis un hobby .

—Lo tenemos.

Brock sonríe.

—Molestarte.

Elara aparece con un plato de fruta y toma asiento junto a Devon.

—¿Me he perdido algo?

—Estamos intentando averiguar cómo ha sobrevivido Max a una habitación compartida.

Elara me observa con una sonrisa que no promete nada bueno.

—Es una duda razonable.

—No, no lo es —le respondo con convicción.

Amara remueve el café sin levantar la vista de su taza.

—Discrepo.

Todos vuelven la cabeza hacia ella, que da un sorbo con absoluta tranquilidad.

—Es la conversación más interesante del desayuno —sentencia Amara.

Brock la señala con entusiasmo.

—¿Ves? Alguien me comprende.

—No confundas el entretenimiento con el apoyo —le responde ella al instante.

Las risas recorren la mesa y en ese momento Diana entra en el comedor. Lleva unos vaqueros claros y un jersey fino color crema. Se ha soltado el pelo, que lleva un poco húmedo. Brock gira inmediatamente la cabeza.

—Perfecto.

Ella ni siquiera ha llegado a sentarse cuando ya frunce el ceño.

—Esa palabra nunca trae nada bueno cuando sale de tu boca.

—Necesitamos contrastar versiones.

Diana deja la taza sobre la mesa.

—¿Versiones de qué?

—De vuestra noche.

Ella lo mira durante unos segundos y se prepara un café con absoluta calma.

—Dormimos.

—Desarrolla eso —le responde Brock haciendo un gesto con la mano.

—No —suelta ella negando con la cabeza.

—Qué poco espíritu colaborativo.

Diana toma asiento frente a Naomi.

—Hazte periodista —le dice Diana a Brock.

—Lo intenté —le asegura Brock.

Amara levanta una ceja.

—Nunca has intentado ser periodista.

—Detalles.

Naomi contiene una sonrisa.

—Empiezo a entender por qué nadie te toma en serio.

—Eso hiere mis sentimientos —le responde él exagerando un gesto apenado.

—Lo superarás.

Durante unos minutos la conversación deriva hacia otros asuntos como el plan de día, si visitar el mercado del pueblo, dar un paseo por el puerto, comer en un restaurante junto al mar… La verdad, agradezco el cambio de tema.

Los Hamptons están llenos de gente. Las calles rebosan de turistas, vecinos y pequeños puestos de productos locales. El olor a pan recién hecho llega desde una panadería cercana y se mezcla con la brisa del mar, mientras un violinista toca en la plaza principal y pone banda sonora al paseo.

Sin que nadie lo proponga, el grupo empieza a dispersarse.

Dorian y Elsie avanzan despacio porque Oliver parece decidido a quedarse embobado con cualquier bicicleta o cochecito que se cruza en su camino.

Brock desaparece en cuanto descubre un puesto de comida y Amara va tras él resoplando, convencida de que acabará comprando algo que no necesita.

Naomi se detiene frente a una pequeña librería y no tarda en convencer a Elara para entrar, mientras Devon y Alistair continúan caminando unos metros por delante, absortos en una conversación que ninguno parece dispuesto a interrumpir.

Cuando levanto la vista, descubro que Diana y yo nos hemos quedado caminando uno al lado del otro y no tengo ni idea de en qué momento ha ocurrido, simplemente ha pasado.