Capítulo 7 #2
Oliver tarda muy poco en tranquilizarse.
El llanto pierde fuerza poco a poco hasta convertirse en un par de quejidos, después bosteza con la solemnidad de quien acaba de superar un gran drama y termina apoyando la cabeza sobre mi hombro.
Cuando vuelvo a girarme hacia la casa, descubro que todos han dejado de hacer lo que estaban haciendo para mirarnos.
Brock rompe el silencio el primero.
—Eso ha sido sospechosamente fácil.
—Creo que solo necesitaba cambiar de brazos —miro al niño sin moverlo y susurro.
—No vuelvas a decir eso delante de Elsie —murmura Dorian—. Lleva tres semanas intentando descubrir qué necesita exactamente cuando llora.
Elsie sonríe aliviada.
—Ahora mismo me conformo con que no llore.
Me acerco para devolvérselo, mientras Oliver permanece completamente tranquilo. Elsie vuelve a coger al niño con una sonrisa de alivio y le besa la cabeza antes de levantar la vista hacia mí.
—Gracias.
Me encojo ligeramente de hombros.
—No ha sido nada.
Ella niega despacio mientras sigue meciendo al bebé.
—Para ti no.
Dorian se agacha para recoger la mochila que había dejado junto a la furgoneta y se la cuelga otra vez al hombro.
—Empiezo a sospechar que deberíamos contratarte un par de noches por semana.
Suelto una risa breve.
—Ni hablar.
—Te pagaríamos bien —insiste Dorian, completamente serio.
—Sigo diciendo que no.
Dorian señala a Oliver con la cabeza.
—Podríamos negociar.
Brock deja caer una mano sobre el hombro de su amigo con gesto teatral.
—No le hagas caso. Lleva meses intentando externalizar la paternidad.
Dorian aparta la mano de Brock con un codazo suave.
—Eso es mentira.
Brock contiene una sonrisa.
—Solo la parte del sueño —añade Dorian con gesto serio.
Las risas vuelven a llenar el jardín y mientras todos vuelven a ocuparse del equipaje, levanto la vista casi por casualidad, porque el sonido de otro motor hace que levante la vista.
Un coche acaba de detenerse junto al camino de entrada y veo cómo Diana baja primero por la puerta del copiloto mientras Naomi rodea el vehículo para abrir el maletero.
Durante unos segundos todo lo demás deja de importarme, porque no puedo mirar otra cosa que no sea ella.
Diana lleva unos vaqueros claros, una camisa blanca con las mangas remangadas hasta los antebrazos y el pelo recogido en una coleta baja que el viento mueve con suavidad.
Permanece inmóvil un instante contemplando la casa antes de recorrer con la mirada el jardín, el grupo reunido junto al porche y, finalmente, a Oliver, que sigue tranquilo en brazos de su madre.
Solo entonces sus ojos encuentran los míos, aunque ninguno sonríe, pero tampoco hace falta.
La gala estaba llena de desconocidos, conversaciones de compromiso y copas de champán. Aquí solo estamos nosotros y un puñado de recuerdos que, por lo que parece, ninguno ha conseguido dejar atrás.
Diana baja la vista un instante y cuando vuelve a levantarla, se detiene otra vez en Oliver y, casi sin darse cuenta, termina mirándome de nuevo y su expresión cambia durante una fracción de segundo.
Es un gesto tan breve que cualquiera diría que no ha existido, pero yo lo reconozco.
No sé si es nostalgia, tristeza o la sombra de una vida que los dos imaginamos una vez, pero desaparece antes de que pueda darle un nombre.
El golpe del portón del maletero rompe el momento. Naomi se sacude las manos después de cerrarlo y mira a su alrededor con curiosidad, completamente ajena a lo que acaba de pasar entre nosotros.
—¿Vais a quedaros todos quietos mirándonos o alguien piensa ayudarnos con las maletas?
Brock es el primero en reaccionar. Se frota las manos con entusiasmo y echa a andar hacia ellas antes que nadie.
—¡Por fin alguien sensato! —exclama Naomi, que lo observa acercarse.
—Déjame adivinar. Diana ha traído una maleta y tú tres —le responde Brock señalando las maletas que hay junto al coche.
Naomi se cruza de brazos y sonríe con toda la tranquilidad del mundo.
—Al revés.
Brock parpadea.
—Eso no me lo esperaba.
—Porque todavía no me conoces bien.
—Empiezo a pensar que estos días se van a cargar unas cuantas teorías.
Mientras Brock sigue intentando averiguar si Naomi habla en serio o se está riendo de él, el resto del grupo vuelve a ponerse en movimiento.
—Qué ganas tenía de verte —dice Elara que llega la primera hasta Diana y la envuelve en un abrazo afectuoso.
—Yo también —responde Diana con una sonrisa mucho más relajada que la de hace unos segundos.
Cuando se separan, Elara ya está abrazando a Naomi.
—Por fin nos conocemos sin una videollamada de por medio.
—Ya era hora.
Amara se acerca después. Saluda primero a Diana con un abrazo breve y, al girarse hacia Naomi, le estrecha la mano antes de terminar abrazándola también.
—Bienvenida al caos.
—Empiezo a comprobar que no exagerabais —le responde Naomi mirando a su alrededor.
Desde el porche, Elsie levanta una mano sin dejar de sujetar a Oliver, que vuelve a dormitar completamente ajeno a todo.
—¡Hola!
—Hola, Elsie.
Durante unos segundos todos hablan al mismo tiempo.
Preguntan por el viaje, comentan el tráfico y hacen bromas sobre el equipaje de Dorian.
Mientras, yo los sigo observando desde donde estoy.
Diana tampoco se mueve. A pesar de que solo nos separan unos metros, parece que haya mucho más espacio entre nosotros.
No obstante, Devon rompe la distancia antes que ninguno de los dos, se acerca hasta Diana y le ofrece la mano con una sonrisa tranquila.
—Me alegro de volver a verte.
—Yo también, Devon.
Solo después de ese saludo ella empieza a caminar hacia la casa y yo hago lo mismo. Nos detenemos frente a frente y aunque cinco años deberían dar para muchas palabras, al final solo encontramos una.
—Hola —digo.
Diana me sostiene la mirada un instante antes de responder.
—Hola, Max.
Nada más y nada menos. Cualquiera que nos viera pensaría que dos antiguos conocidos acaban de reencontrarse por casualidad.
Pero los dos sabemos que ese saludo es la mentira más grande que hemos dicho en mucho tiempo.
Porque ninguno ha venido a los Hamptons creyendo de verdad que estos días con todos juntos vayan a ser sencillos.
Durante un instante ninguno añade nada más y, por suerte, Brock aparece entre nosotros cargando dos maletas.
—Perfecto. Ya os habéis saludado. Me ahorráis que tenga que intervenir yo.
Ninguno de los dos le respondemos.
—Vaya.
—¿Qué? —pregunta Elara.
—Nada. Solo esperaba un poco más de drama —añade Brock.
—Te vas a quedar con las ganas —le respondo.
—Eso está por ver.
Amara le da un ligero golpe en el brazo.
—Déjalos.
—Lo intento. Pero me lo ponen muy difícil.
Naomi se acerca arrastrando su maleta.
—¿Siempre habla tanto?
—Solo cuando respira —contesta Devon.
—Entonces empiezo a entender muchas cosas.
Brock hace una reverencia exagerada.
—Bienvenida oficialmente al grupo.
—Gracias. Procuraré sobrevivir.
—Eso intentamos todos.
El ruido de otro motor hace que todos volvamos la cabeza y vemos como un todoterreno gris avanza despacio por el camino de grava.
Según se va a acercando comprobamos que es Alistair, que aparca junto al resto de vehículos y baja con su tranquilidad habitual, como si no acabara de llegar el último a una reunión organizada por él mismo en su casa.
Cierra la puerta, observa al grupo y sonríe.
—Veo que nadie se ha perdido.
—Todavía no hemos intentado entrar —contesta Brock.
Alistair estrecha la mano de Devon, saluda a Dorian y le dedica una sonrisa a Oliver antes de acercarse a Diana.
—Me alegra que hayas podido venir.
—Gracias por invitarme —le responde ella.
Después saluda a Naomi.
—Me alegro de verte otra vez.
—Yo también.
—Empiezo a sospechar que aquí hay conversaciones que el resto desconocemos —afirma Brock arqueando una ceja.
—Eso también ocurre a veces —le responde Alistair sin ni siquiera mirarlo.
Brock abre la boca para insistir, pero Amara lo agarra del antebrazo.
—Déjalo vivir cinco minutos.
—Solo estaba investigando.
—No.
—Un poco.
Alistair saca un llavero del bolsillo.
—Entrad. La comida estará lista dentro de una hora.