Capítulo 5 #2
—Alguien tiene que hacerlo —responde Devon encogiéndose de hombros.
—Y lo haces muy bien.
Brock golpea la bola, pero falla.
—Maldita sea —reniega entre dientes.
—Eso también lo haces muy bien —comenta Dorian.
Brock le dedica un gesto poco elegante con la mano y después vuelve la cabeza hacia mí.
—Ahora sí.
Ya empezamos.
—¿Qué?
—La reunión con Diana.
Sabía que tardaría poco en sacar el tema, pero no imaginaba que esperaría tanto.
—Fue una reunión de trabajo —insisto
—Respuesta incorrecta.
—Es la única que hay.
—No.
Brock se apoya sobre el taco.
—La respuesta correcta empieza por «fue incómodo», sigue con «casi nos matamos discutiendo» y termina con «todavía sigo pensando en ella».
—No recuerdo haberte pedido que escribieras mi biografía.
—No hace falta. Llevamos demasiados años aguantándote.
Dorian sonríe.
—Tengo curiosidad.
—¿Tú también? —pregunto alzando una ceja.
—Claro.
—Traidor.
—Soy un hombre cansado. Ya no tengo fuerzas para fingir indiferencia.
Devon no interviene y se limita a observarme, lo que resulta bastante peor que cualquiera de las bromas de Brock. Porque Devon nunca pregunta cuando ya conoce parte de la respuesta.
—La reunión fue bien —admito bajando la mirada hacia la mesa de billar.
—Eso sí me lo creo —dice Brock.
—Profesionalmente.
—Eso ya me lo creo menos.
—Salió mejor de lo previsto.
—¿Discutisteis?
—Sí.
—Eso explica esa cara —me responde Brock sonriendo satisfecho.
—¿Qué cara?
—La de un hombre que acaba de descubrir que sigue disfrutando cuando discute con la única mujer con la que no debería hacerlo.
No respondo, porque, por desgracia, acaba de describir exactamente cómo fue la reunión.
Brock espera unos segundos, pero como no le contesto, gira el taco entre las manos y sonríe con una expresión muy suya, que siempre anuncia problemas.
—Lo ves, ¿no? —dice mirando a Dorian—. Antes habría respondido en medio segundo.
—Antes te habría mandado a paseo en medio segundo —le corrijo.
—Eso también.
Dorian apoya los antebrazos sobre el borde de la mesa.
—La verdad es que tengo curiosidad.
—Tú siempre tienes curiosidad.
—Desde que soy padre tengo aún más. Dormir poco vuelve muy cotilla a la gente.
—Eso explica muchas cosas —añade Devon.
Las risas vuelven a relajar el ambiente.
Alistair, que hasta ese momento se ha limitado a jugar sin intervenir apenas en la conversación, coloca la bola blanca con calma y ejecuta un tiro limpio. La bola recorre el tapete y desaparece en la tronera sin tocar ninguna otra. Después, deja el taco apoyado sobre el borde de la mesa.
—Creo que podemos hablar de otra cosa.
No levanta la voz, aunque no hace falta. Brock deja escapar un suspiro teatral.
—Siempre interrumpes cuando la conversación empieza a ponerse interesante.
—Precisamente por eso.
Brock niega con la cabeza, pero no insiste. Es curioso. Cualquiera que no conociera a Alistair pensaría que apenas participa en las conversaciones. La realidad es que no necesita hacerlo, porque cuando habla, todos terminamos escuchándolo.
—¿Qué propones? —pregunta Devon antes de dar un sorbo a su cerveza.
Alistair mira a los cuatro antes de responder.
—El viernes nos vamos a los Hamptons.
No es exactamente una sorpresa, aunque nadie pregunta si habla en serio.
—¿A tu casa? —Dorian es el primero en reaccionar.
Alistair asiente.
—Sí, ya está preparada.
—Hace meses que no vamos —comenta Devon.
—Demasiados.
Brock vuelve a coger el taco.
—Espero que esta vez no se te ocurra organizar otra partida de golf.
—Nadie te obliga a jugar —le aclara Alsitair.
—No. Solo me humilláis públicamente cuando me niego.
—Eso también es tradición —sentencia Devon.
Dorian sonríe.
—¿Podemos llevar a Oliver?
Alistair asiente sin dudar.
—Por supuesto.
—Perfecto. Así Elsie podrá descansar un poco.
Brock levanta una ceja.
—¿Descansar? Vas a rodearla de nosotros.
—Tienes razón.
La conversación continúa durante unos minutos hablando de la casa, del embarcadero y de las barbacoas improvisadas que siempre acaban convirtiéndose en cenas interminables. Hasta que Alistair añade una frase más.
—También vendrá Naomi.
La bola que Brock acababa de preparar se queda inmóvil y levanta despacio la cabeza.
—¿Naomi?
—Sí.
—¿La has invitado tú?
—Sí.
Brock apoya el taco contra la mesa.
—Eso sí que no me lo esperaba.
Dorian frunce ligeramente el ceño.
—Pensaba que solo iríamos los del grupo de siempre.
—También irá ella —insiste Alistair.
Brock cruza los brazos.
—¿Por qué?
Alistair recoge la bola blanca y la coloca otra vez sobre el tapete antes de responder.
—Porque la he invitado.
—Esa parte ya la habíamos entendido.
Alistair levanta la vista.
—Entonces no veo cuál es la duda.
—Nunca invitas a nadie porque sí.
—Esta vez sí.
Brock resopla.
—No me lo creo.
Alistair sonríe levemente.
—Es tu problema.
Durante unos segundos nadie dice nada. No porque la respuesta resulte convincente, sino todo lo contrario. Alistair nunca responde de esa manera, porque si no quiere contar algo, suele limitarse a cambiar de tema y esta vez ha contestado. Pero, en realidad, no ha explicado nada.
Desvío la mirada hacia Devon y observo que él también lo ha notado, aunque no hace ningún comentario. Solo observa a Alistair durante un instante antes de dar un trago a la cerveza.
—Muy bien. Ya nos enteraremos allí —concluye Brock encogiéndose de hombros.
Alistair no responde y la conversación deriva otra vez hacia asuntos mucho más intrascendentes hasta que, inevitablemente, Brock vuelve a mirarme.
—Una última cosa.
Cierro los ojos un instante.
—Lo estaba esperando.
—Cien dólares.
—¿Cómo?
—Apuesto cien dólares a que antes de volver de los Hamptons tú y Diana habréis vuelto.
Dorian rompe a reír.
—Eso no vale.
—¿Por qué?
—Porque la cuota está muy baja.
—Pues súbela.
Dorian deja el vaso sobre la mesa.
—Doscientos.
—Aceptado.
Los dos me miran y Devon sonríe con tranquilidad.
—Creo que seguís quedándoos cortos.
Brock abre mucho los ojos.
—¿Tú también?
—No suelo apostar.
—Pero...
—Si lo hiciera, elegiría el mismo resultado.
Las cuatro miradas terminan posándose sobre mí y espero unos segundos antes de coger el vaso.
—Os vais a quedar sin dinero.
Brock extiende la mano por encima de la mesa.
—Entonces acepta la apuesta.
Observo su mano. Después levanto el vaso y doy un trago sin moverme del sitio. Nadie dice una palabra, aunque no hace falta.
Brock deja caer lentamente la mano mientras una sonrisa de satisfacción aparece en su cara.
—Eso pensaba.
No he aceptado la apuesta, pero tampoco he sido capaz de rechazarla y, por la forma en que los cuatro me están mirando, sé perfectamente lo que acaban de entender.