Error definitivo (Errores en Manhattan 5) Capítulo 5 Naomi
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Capítulo 5 Naomi

El sábado empieza con demasiado sueño, siete mensajes de Rebecca, tres llamadas perdidas y un titular que utiliza mi apellido antes que mi nombre. Lo leo desde la cama, con un ojo todavía medio cerrado y la certeza de que nada bueno se publica a las seis y doce de la mañana.

«Hudson Capital elige a la heredera de Rowe para limpiar la sombra de Meridian».

Sin duda, leer la palabra «heredera» consigue despertarme mejor que el café.

El artículo afirma que Alistair me escogió personalmente, que Daniel Rowe fundó el bufete que asesoró la operación y que mi reportaje pretende absolver tanto a Hudson Capital como a Hammond mi relación familiar con Hammond la empresa no elige fuentes, preguntas ni conclusiones; tampoco revisará el reportaje antes de publicarlo.

Giro el portátil hacia Alistair.

—Léelo.

Lo hace una sola vez.

—Publícalo —me ordena asintiendo con la cabeza.

—¿No vas a corregir nada?

—La declaración afecta a tu independencia. Corregirla sería una forma bastante torpe de defenderla.

—Podría perjudicar a Hudson Capital.

—La verdad suele hacerlo cuando alguien ha gestionado mal los hechos.

Envío el texto a Rebecca y su aprobación llega dos minutos después.

Alistair ordena al jefe de Comunicación que enlace la declaración sin añadir comentarios ni redactar una versión propia.

Esta es la primera decisión que tomamos juntos.

Todavía no confiamos plenamente el uno en el otro, pero, por primera vez, cada uno acepta que el otro cumplirá su parte sin intentar controlarlo.

Cuando las respuestas quedan publicadas y los teléfonos dejan de vibrar durante unos minutos, recojo los documentos y Alistair guarda su copia del artículo en una carpeta distinta a la de Meridian.

—Aún no has contestado —digo.

—He contestado a varias cosas desde que has llegado.

—No a la pregunta importante. ¿Por qué yo?

—Ya te lo expliqué en Lumière.

—Me dijiste que necesitabas a alguien a quien no pudieras comprar ni intimidar. Es una descripción de mis inconvenientes, no una respuesta.

Alistair se queda de pie al otro lado de la mesa y la luz gris del cielo de este sábado recorta su figura contra las ventanas. No lleva la chaqueta y tiene las mangas dobladas hasta los antebrazos. Mi memoria recupera su mano detenida a un centímetro de mi hombro y decido concentrarme en su cara.

—Podría haber contratado a un periodista más fácil de controlar —dice—. Habría aceptado el acceso, las entrevistas seleccionadas y tres conclusiones favorables. Nadie se las habría creído.

—Eso explica a quién no querías.

—Tú conoces al grupo relacionado con la operación, pero nunca has aceptado sus reglas. Estás dentro y fuera al mismo tiempo. Puedes distinguir a Max de Hammond & Rowe, a Theo de Meridian y a cada uno de los demás de lo que hicieron aquella noche.

—¿Y a ti de Hudson Capital?

—Todavía no lo sé.

La honestidad me impide convertir la respuesta en una provocación.

—Si descubres que soy responsable de algo, lo publicarás —continúa—. Si concluyes que no lo soy, también. En ambos casos, la conclusión tendrá valor porque no me debes nada.

—El artículo de esta mañana sostiene lo contrario.

—El artículo de esta mañana intenta convertir tu apellido en una prueba porque no dispone de pruebas mejores.

Me apoyo en el borde de la mesa.

—Hablas como si supieras lo que significa.

—Sé que entras en cada habitación preparada para demostrar que Naomi y Rowe no son la misma cosa.

—No sabes cómo entro en las habitaciones —replico.

—Sé que eres capaz de separar a una persona de su apellido y que rara vez te concedes la misma posibilidad.