Capítulo 13
Variables inesperadas
La fotografía de la rosa blanca apareció en internet a la mañana siguiente.
Nadie sabía quién la había tomado.
No pertenecía al equipo oficial.
Era una imagen capturada desde la distancia.
Valeria, sentada en una banca, sostenía la flor entre las manos mientras sonreía.
Frente a ella, Nicolás la observaba con una expresión tranquila.
No había poses.
No había cámaras.
No parecía una escena preparada.
Precisamente por eso...
Fue la fotografía más compartida desde el inicio del experimento.
Los comentarios inundaban las redes sociales.
—"Esta ya no es una campaña de marketing."
—"Ellos olvidaron que los estaban observando."
—"Si esto es actuación, merecen un premio."
—"Nunca había visto una sonrisa tan diferente en ella."
Pero hubo un comentario que se volvió viral.
"El algoritmo no está cambiando porque ellos se estén enamorando. Ellos se están enamorando porque dejaron de intentar tener razón."
Miles de personas compartieron aquella frase.
Sin saberlo...
Era la descripción más exacta de lo que estaba ocurriendo.
* * *
A las nueve de la mañana, Emma caminó directamente hacia el laboratorio.
No llamó a la puerta.
Entró.
Encontró a Valeria y Nicolás trabajando frente al servidor principal.
Los dos cerraron rápidamente varias ventanas.
Demasiado rápido.
Emma lo notó.
—¿Qué esconden?
Valeria respondió con absoluta naturalidad.
—Estamos optimizando algunos módulos.
Emma permaneció observándolos.
Conocía demasiado bien a ambos.
Valeria jamás evitaba el contacto visual.
Y Nicolás nunca permanecía tan serio.
Algo ocurría.
No sabía qué.
Pero estaba decidida a descubrirlo.
* * *
Cuando Emma salió del laboratorio, Nicolás soltó el aire lentamente.
—Eso estuvo cerca.
Valeria asintió.
—Muy cerca.
—Cada día será más difícil ocultarlo.
Ella volvió a mirar la pantalla.
El porcentaje seguía mostrando...
18 %.
No había cambiado desde la noche anterior.
Y eso le preocupaba.
Porque ahora entendía el comportamiento del sistema.
No aumentaba constantemente.
Esperaba.
Observaba.
Aprendía.
Y después...
Daba saltos enormes.
Era como si el algoritmo necesitara confirmar que ciertos cambios eran permanentes.
* * *
Aquella tarde recibieron una invitación muy especial.
Una fundación infantil había pedido que ambos asistieran a un hospital pediátrico para entregar computadoras donadas por Nexus Labs.
Emma aceptó inmediatamente.
—No habrá cámaras dentro de las habitaciones.
Solo una pequeña grabación de la entrega.
Respetaremos completamente la privacidad de los niños.
Valeria estuvo de acuerdo.
Nicolás también.
No imaginaban que aquella visita cambiaría muchas cosas.
* * *
El hospital estaba lleno de dibujos en las paredes.
Animales de colores.
Globos.
Personajes de cuentos.
Intentaban convertir un lugar difícil en uno más amable.
Una enfermera los recibió.
—Gracias por venir.
Los niños llevan días hablando de ustedes.
Valeria se sorprendió.
—¿Nos conocen?
—Claro.
Muchos siguen el experimento desde las tabletas del hospital.
Los dos intercambiaron una mirada incrédula.
Nunca imaginaron que incluso allí eran reconocidos.
* * *
Entraron en la primera habitación.
Un niño de unos diez años los esperaba con una enorme sonrisa.
Tenía una computadora portátil sobre la cama.
—¡Ustedes hicieron MATCH!
Nicolás sonrió.
—Sí.
Aunque todavía seguimos arreglando algunos errores.
El niño soltó una carcajada.
—Mi mamá dice que ustedes también son un error.
Valeria levantó una ceja.
—¿En serio?
—Sí.
Dice que son el error más bonito del año.
Los tres comenzaron a reír.
* * *
Durante casi dos horas visitaron habitación tras habitación.
Hablaron de videojuegos.
De programación.
De robots.
De películas.
Valeria descubrió algo que desconocía sobre Nicolás.
Tenía una facilidad increíble para hablar con los niños.
Se sentaba en el suelo.
Inventaba historias.
Hacía voces diferentes para cada personaje.
Provocaba risas continuamente.
Ella lo observaba desde una esquina.
No era el programador distraído de la oficina.
Era alguien completamente distinto.
Mucho más cálido.
Mucho más profundo.
* * *
En la última habitación encontraron a una niña llamada Lucía.
Tendría unos siete años.
Estaba dibujando.
Cuando levantó la vista sonrió.
—¿Ustedes son novios?
Valeria casi dejó caer la caja que llevaba en las manos.
—No.
Respondieron ambos al mismo tiempo.
Lucía volvió a dibujar.
—Mi papá también decía eso de mi mamá.
Los dos guardaron silencio.
La niña terminó su dibujo.
Se lo entregó a Valeria.
Era un dibujo infantil.
Dos personas tomadas de la mano.
Un perro.
Y un gran corazón rojo sobre ellos.
Abajo había escrito con letras torcidas:
"No peleen tanto."
Valeria sintió un nudo en la garganta.
Se agachó frente a la cama.
—Gracias, Lucía.
Voy a guardarlo.
—Prométeme que no lo vas a botar.
—Te lo prometo.
* * *
Al salir del hospital ya era de noche.
Ninguno habló durante varios minutos.
Finalmente Nicolás rompió el silencio.
—¿Sabes qué fue lo que más me impresionó?
—¿Qué?
—Que los niños nunca preguntaron por el porcentaje.
Valeria lo miró.
Él continuó.
—Solo querían saber si éramos felices.
Aquella frase quedó resonando en la mente de Valeria.
Era cierto.
Los adultos preguntaban constantemente por estadísticas.
Compatibilidad.
Probabilidades.
Resultados.
Los niños solo preguntaban por las personas.
* * *
Esa noche, antes de dormir, Valeria abrió el cajón de su escritorio.
Dentro guardó dos cosas.
La rosa blanca.
Y el dibujo de Lucía.
Se quedó observándolos unos segundos.
Después sonrió.
Era curioso.
Durante años había coleccionado premios.
Diplomas.
Reconocimientos.
Ahora, sin darse cuenta, estaba guardando objetos que no tenían ningún valor económico.
Pero sí un enorme valor emocional.
* * *
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Emma permanecía sola en su oficina.
Había pedido acceso a los registros del servidor principal.
No buscaba el porcentaje.
No tenía autorización para verlo.
Buscaba otra cosa.
Los registros de acceso.
Los revisó cuidadosamente.
Entonces encontró algo.
En los últimos cinco días...
Solo dos personas habían consultado repetidamente el algoritmo privado.
Valeria Torres.
Y Nicolás Vega.
Emma apoyó lentamente la espalda en la silla.
Sus sospechas acababan de confirmarse.
Ellos estaban ocultando algo.
Todavía no sabía qué era.
Pero estaba completamente segura de una cosa.
El verdadero experimento ya no se estaba desarrollando frente a las cámaras.
Estaba ocurriendo dentro del servidor... y dentro de los corazones de sus dos creadores.