Capítulo 14
La actualización prohibida
Las sospechas de Emma no la dejaron dormir.
A las seis de la mañana ya estaba sentada frente a su computadora con una taza de café completamente fría.
Había revisado los registros de acceso al servidor tres veces durante la noche.
Siempre encontraba lo mismo.
Valeria y Nicolás consultaban el algoritmo en horarios extraños.
De madrugada.
Después de cada cita.
Incluso los fines de semana.
No era normal.
No para dos personas que aseguraban que el experimento estaba siguiendo el plan original.
Emma tomó una decisión.
Descubriría qué estaban ocultando.
* * *
Mientras tanto, Valeria llegó al laboratorio con el dibujo de Lucía dentro de una carpeta.
No sabía por qué lo había llevado.
Solo sentía la necesidad de tenerlo cerca.
Nicolás ya estaba allí.
Frente al servidor.
Tenía una expresión preocupada.
—Llegaste temprano.
—No pude dormir.
Ella dejó el bolso sobre la mesa.
—¿Qué pasó?
Él giró lentamente la pantalla.
—Míralo tú misma.
Valeria ejecutó nuevamente el algoritmo.
Esperó.
Cinco segundos.
Diez.
Quince.
El resultado apareció.
Compatibilidad actual: 31 %.
Los dos permanecieron completamente inmóviles.
—No...
Susurró Valeria.
—Subió trece puntos en una noche.
Nicolás respiró hondo.
—Esto ya no tiene sentido estadístico.
Ella comenzó a caminar de un lado a otro.
—No.
Sí lo tiene.
Simplemente...
Nunca pensamos que pudiera ocurrir.
Abrió el antiguo documento de hipótesis.
Buscó una página específica.
Allí aparecía un párrafo que ninguno recordaba haber escrito.
"Cuando dos personas modifican activamente sus hábitos para comprender al otro, la velocidad de aprendizaje del algoritmo puede crecer de forma exponencial."
Valeria levantó lentamente la vista.
—Lo escribimos nosotros.
—Y nunca lo implementamos conscientemente.
—No...
Pero la inteligencia artificial sí aprendió esa posibilidad.
* * *
Nicolás se quedó mirando el porcentaje.
Treinta y uno por ciento.
Seguía siendo bajo.
Pero el ritmo del crecimiento era aterrador.
Si continuaba así...
En pocos días superarían el cincuenta por ciento.
Y el experimento entero cambiaría de significado.
* * *
A media mañana ocurrió algo inesperado.
El servidor emitió una alarma.
Una alerta roja apareció en todas las pantallas.
ACTUALIZACIÓN AUTOMÁTICA DISPONIBLE
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué es esto?
Nicolás revisó los registros.
—La inteligencia artificial quiere actualizar su propio modelo predictivo.
—Eso nunca ha ocurrido.
—Nunca.
El sistema había aprendido tanto durante aquellas semanas que estaba proponiendo modificar su propia arquitectura.
Era algo revolucionario.
Y también peligroso.
Si aceptaban la actualización...
No sabían cómo reaccionaría el algoritmo.
Si la rechazaban...
Podían perder toda la información aprendida.
* * *
En ese momento apareció Emma.
Miró la pantalla.
—¿Qué sucede?
Valeria respondió con rapidez.
—Una actualización del sistema.
Emma se acercó.
—¿Puedo verla?
Los dos intercambiaron una mirada.
Era imposible ocultarla.
Emma comenzó a leer.
Su expresión cambió.
—¿Por qué el sistema dice que el modelo emocional está evolucionando?
Silencio.
—¿Qué significa eso?
Valeria buscó una explicación.
—Que...
La inteligencia artificial ha recopilado suficientes datos para mejorar sus predicciones.
Emma observó a ambos.
Había aprendido a detectar cuándo alguien decía solo una parte de la verdad.
Y eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.
* * *
—Muy bien.
Acepten la actualización.
Valeria reaccionó inmediatamente.
—No.
Todos la miraron.
Ella respiró profundamente.
—Necesitamos probarla primero.
Emma cruzó los brazos.
—¿Por qué?
—Porque podría alterar los resultados de millones de usuarios.
Era un argumento válido.
Emma terminó aceptándolo.
—Tienen veinticuatro horas.
Después la instalaremos.
Cuando salió del laboratorio, Nicolás soltó el aire.
—Nos estamos quedando sin tiempo.
* * *
Aquella tarde la siguiente cita era mucho más sencilla.
No había producción.
No había actividades planeadas.
Solo debían comprar los ingredientes para cocinar en el apartamento de Nicolás.
—¿En tu apartamento? —preguntó Valeria.
—Sí.
Newton necesita conocer a la mujer que me hace sonreír todo el día.
Ella sintió cómo el rostro se le calentaba.
—Yo no...
—Era una broma.
Bueno...
Más o menos.
Ella bajó la mirada para ocultar la sonrisa.
* * *
El supermercado estaba lleno.
Carritos.
Niños corriendo.
Personas haciendo compras para el fin de semana.
Valeria llevaba una lista perfectamente organizada.
Nicolás no.
—Primero verduras.
Después pasta.
Luego queso.
Él tomó una bolsa de papas fritas.
—¿Y esto?
—No está en la lista.
—Pero me gustan.
Ella suspiró.
—Está bien.
Ponlas.
Él sonrió sorprendido.
—¿No vas a discutir?
—Estoy aprendiendo.
La respuesta dejó a Nicolás completamente callado.
Era una frase pequeña.
Pero enorme al mismo tiempo.
* * *
Mientras elegían tomates, una mujer mayor se acercó.
Los observó unos segundos.
Después sonrió.
—Perdón por molestar.
Los dos levantaron la vista.
—Solo quería decirles algo.
Valeria respondió amablemente.
—Claro.
La señora los miró con ternura.
—Mi esposo y yo llevamos cincuenta y tres años casados.
Nunca fuimos compatibles.
Él era desordenado.
Yo obsesivamente organizada.
Él hablaba con todo el mundo.
Yo era muy tímida.
Nicolás y Valeria se quedaron escuchando.
—Un día alguien nos dijo que aquella relación nunca funcionaría.
La mujer sonrió recordando.
—Qué suerte que no les hicimos caso.
Se despidió con una pequeña inclinación de cabeza.
Y siguió caminando.
Los dos permanecieron en silencio.
Aquellas palabras pesaban más que cualquier conferencia.
* * *
Esa noche llegaron al apartamento de Nicolás.
Antes de que pudiera abrir completamente la puerta...
Newton salió corriendo.
El perro fue directamente hacia Valeria.
Ella se quedó completamente quieta.
—Creo que le gustas.
Newton movía la cola con entusiasmo.
Después apoyó las patas delanteras sobre ella.
Valeria dudó unos segundos.
Finalmente comenzó a acariciarlo.
El perro cerró los ojos de felicidad.
Nicolás sonrió.
—Eso es impresionante.
—¿Qué cosa?
—Normalmente desconfía de los desconocidos.
Valeria siguió acariciando al perro.
—Tal vez ya no me considere una desconocida.
La frase salió de manera completamente natural.
Cuando se dio cuenta de lo que había dicho...
Los dos se quedaron en silencio.
Nicolás la observó con una sonrisa suave.
—Creo que tienes razón.
* * *
Mientras preparaban la cena, Valeria encontró un viejo álbum de fotografías sobre una estantería.
Lo abrió con curiosidad.
Allí estaba un Nicolás adolescente junto a sus padres.
En otra fotografía aparecía sosteniendo a Newton cuando era apenas un cachorro.
En otra...
Había una mujer.
Joven.
Sonriendo.
Valeria levantó la vista.
—¿Quién es ella?
Nicolás dejó lentamente el cuchillo sobre la mesa.
La alegría desapareció de su rostro.
—Se llamaba Andrea.
Valeria comprendió inmediatamente.
Era una antigua novia.
—Lo siento.
No quería...
Él negó con la cabeza.
—No pasa nada.
Estuvimos juntos casi seis años.
Pensábamos casarnos.
El silencio llenó el apartamento.
—¿Qué ocurrió?
Nicolás sonrió con tristeza.
—Nos convertimos en dos personas diferentes.
Y un día...
Nos dimos cuenta de que seguíamos juntos solo por costumbre.
Valeria cerró lentamente el álbum.
Aquella respuesta la hizo pensar.
Por primera vez comprendió que el verdadero miedo de Nicolás no era enamorarse otra vez.
Era volver a perder a alguien que amaba.
Y mientras Newton dormía tranquilamente a sus pies, ambos ignoraban que, en el laboratorio de Nexus Labs, el algoritmo acababa de iniciar por sí solo la actualización que ellos habían intentado detener.
La cuenta regresiva había comenzado.