Capítulo 11
El beso que nunca ocurrió… y el problema que sí
A las ocho de la mañana, la fotografía de la clase de cocina ya estaba en todas partes.
No era la harina.
No era el desastre de la cocina.
Ni siquiera las carcajadas.
Era la forma en que Nicolás miraba a Valeria.
Y la manera en que ella lo observaba a él.
Los comentarios inundaban las redes.
—"Se iban a besar."
—"Miren la distancia entre ellos."
—"El fotógrafo arruinó el momento."
—"Ese hombre ya está enamorado."
—"Ella todavía está luchando contra lo que siente."
El hashtag #ElBesoQueNoFue se convirtió en tendencia mundial.
MATCH ganó otros tres millones de registros en un solo día.
Pero dentro de Nexus Labs no todos estaban celebrando.
* * *
Emma convocó una reunión de emergencia.
La sala estaba llena.
Marketing.
Desarrollo.
Relaciones públicas.
Inversionistas conectados por videollamada.
Óscar tomó la palabra.
—Tenemos un problema.
En la pantalla apareció una encuesta realizada entre más de doscientas mil personas.
¿Qué esperas del final del experimento?
El resultado era contundente.
81 %
"Que terminen juntos."
Emma suspiró.
—Hace una semana todos esperaban un desastre.
Ahora todos esperan un cuento de hadas.
Un inversionista habló desde la pantalla.
—¿Y eso es malo?
Emma respondió sin dudar.
—Sí.
Porque si al final no terminan juntos...
Millones de personas sentirán que los engañamos.
El silencio invadió la sala.
Nadie tenía una solución.
* * *
Mientras tanto, Valeria intentaba trabajar.
Pero era imposible.
Su concentración desaparecía cada pocos minutos.
Abrió una hoja de cálculo.
La cerró.
Leyó un informe.
No recordó una sola palabra.
Abrió el perfil de Nicolás en MATCH.
Lo cerró inmediatamente.
—¿Qué me está pasando?
Nunca había perdido la concentración de aquella manera.
Jamás.
Sofía apareció por videollamada.
—Hola.
¿Cómo va la mujer más famosa del país?
—No empieces.
—Vi la foto.
Valeria sintió calor en las mejillas.
—No pasó nada.
—Precisamente.
Eso es lo interesante.
—Solo me estaba quitando harina.
Sofía sonrió.
—Claro.
Y yo hago videollamadas con el presidente todos los jueves.
Valeria rodó los ojos.
—No es lo que parece.
—Entonces explícame por qué llevas tres minutos sonriendo mientras lo niegas.
Valeria dejó de sonreír inmediatamente.
—No estoy sonriendo.
—Demasiado tarde.
Ya lo hiciste otra vez.
* * *
En otro piso del edificio, Diego estaba sentado sobre el escritorio de Nicolás.
—Tengo una teoría.
—Eso siempre termina mal.
—Escúchame.
Nicolás seguía escribiendo código.
—Te escucho.
—Estás enamorado.
El teclado dejó de sonar.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Nicolás soltó una carcajada.
—¿Cinco años de amistad para llegar a este nivel de argumentos?
Diego señaló la pantalla.
—Llevas veinte minutos escribiendo el mismo código.
Nicolás observó el monitor.
Tenía razón.
Había cometido tres errores seguidos.
Algo que prácticamente nunca ocurría.
—Estás distraído.
—Solo estoy cansado.
—No.
Estás pensando en alguien.
Nicolás permaneció callado.
Por primera vez...
No encontró una respuesta rápida.
* * *
Aquella tarde recibieron una nueva misión.
Emma reunió a ambos.
—La cita de hoy será diferente.
Valeria levantó la vista.
—¿Cómo?
Emma sonrió.
—No estarán solos.
Los dos fruncieron el ceño.
—Tendrán que pasar la tarde con las personas que mejor los conocen.
Nicolás comprendió enseguida.
—¿Nuestros amigos?
—Exacto.
Queremos descubrir cómo son ustedes cuando están con la gente que los quiere.
* * *
A las cinco de la tarde llegaron a un pequeño restaurante.
En una mesa ya esperaban Sofía y Diego.
Los dos se saludaron.
Bastaron cinco minutos para que comenzara el caos.
—Así que tú eres Nicolás —dijo Sofía.
—Y tú debes ser la famosa Sofía.
Diego sonrió.
—Creo que hoy vamos a divertirnos.
Valeria ya sospechaba lo peor.
* * *
Después de pedir la comida, Sofía tomó la iniciativa.
—Tengo una pregunta para Nicolás.
Él sonrió.
—Dispara.
—¿Es cierto que una vez olvidaste tu laptop dentro de un taxi?
Nicolás cerró los ojos.
—Diego...
Diego levantó las manos.
—Yo no fui.
Sofía sacó el teléfono.
—Encontré la noticia en internet.
Todos rieron.
—Sí.
Es cierto.
La recuperé dos días después.
Valeria negó con la cabeza.
—Eso explica muchas cosas.
Ahora fue Diego quien habló.
—Mi turno.
Miró a Valeria.
—¿Es cierto que organizas los libros por colores?
Ella respondió con naturalidad.
—Sí.
—¿Y dentro de cada color también por altura?
—Sí.
—¿Y por autor?
—Sí.
—¿Y por fecha de publicación?
Valeria dudó un segundo.
—A veces.
Los cuatro comenzaron a reír.
* * *
La conversación se volvió cada vez más relajada.
Compartieron anécdotas.
Historias de la universidad.
Errores de programación.
Viajes.
Sueños.
Entonces Sofía hizo una pregunta inesperada.
—¿Cuál fue la primera impresión que tuvieron el uno del otro?
Silencio.
Valeria miró a Nicolás.
Él sonrió.
—¿Empiezo yo?
Ella asintió.
—Pensé que eras una máquina.
Todos rieron.
—¿En serio?
—Sí.
Creí que jamás sonreías.
Ahora fue el turno de Valeria.
—Pensé que eras irresponsable.
Nicolás levantó una ceja.
—¿Solo eso?
Ella sonrió.
—Y un poco insoportable.
—Gracias.
Qué bonito recuerdo.
Todos volvieron a reír.
Sofía intervino.
—¿Y ahora?
Otra vez el silencio.
Valeria bajó la mirada.
No sabía qué responder.
Nicolás fue más rápido.
—Ahora sé que estaba equivocado.
Ella levantó lentamente la vista.
Él continuó.
—No eres una máquina.
Solo tardas un poco más que los demás en dejar que alguien te conozca.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
Nunca nadie la había descrito con tanta precisión.
Ahora todos la observaban esperando su respuesta.
Respiró hondo.
—Yo también estaba equivocada.
Nicolás sonrió.
—¿Ya no soy insoportable?
Ella lo miró directamente a los ojos.
—Sí sigues siéndolo.
Todos estallaron en carcajadas.
Después añadió algo que nadie esperaba.
—Pero también eres la persona más auténtica que he conocido.
El restaurante quedó en silencio por un instante.
Ni Sofía ni Diego dijeron una palabra.
Porque comprendieron algo al mismo tiempo.
Aquello ya no era un experimento.
* * *
Cuando terminó la cena, Sofía y Diego caminaron unos metros delante de ellos para darles privacidad.
Valeria y Nicolás avanzaban despacio por una calle iluminada.
—Gracias por lo que dijiste.
—¿Qué cosa?
—Lo de auténtico.
Ella sonrió.
—Era verdad.
Él guardó silencio unos segundos.
—¿Puedo confesarte algo?
—Claro.
—Cuando empezó todo esto...
Quería demostrar que el algoritmo estaba equivocado.
Ella lo miró.
—¿Y ahora?
Nicolás respiró profundamente.
—Ahora me da miedo que tenga razón.
Valeria sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Por qué?
—Porque si al final seguimos siendo incompatibles...
Hizo una pausa.
—No sé si voy a saber cómo alejarme de ti.
Ella dejó de caminar.
El mundo pareció detenerse.
Nicolás también se detuvo.
Los dos quedaron frente a frente.
Ninguno hablaba.
Ninguno apartaba la mirada.
Poco a poco, casi sin darse cuenta, comenzaron a acercarse.
No había cámaras cerca.
No había periodistas.
No había productores.
Solo ellos.
La distancia entre ambos se redujo a unos pocos centímetros.
Valeria podía sentir la respiración de Nicolás.
Él levantó lentamente una mano.
Pero antes de que pudiera tocar su rostro...
El teléfono de Valeria comenzó a sonar.
Los dos dieron un pequeño paso hacia atrás.
Ella miró la pantalla.
Era una notificación automática del servidor de MATCH.
El sistema acababa de completar una nueva actualización.
Y el asunto del mensaje decía únicamente:
"Cambio importante detectado en su compatibilidad."