ERROR DE CÁLCULO Capítulo 9
43%

Capítulo 9

El secreto del 3 %

Nicolás permaneció inmóvil frente a la pantalla.

El número seguía allí.

Compatibilidad actual: 3 %.

Era apenas un cambio.

Cualquier persona habría dicho que seguían siendo completamente incompatibles.

Pero él conocía el algoritmo.

Sabía que no modificaba un solo decimal sin una razón.

Aquellos dos puntos significaban que la inteligencia artificial había detectado una evolución real entre ellos.

No era una opinión.

Era un dato.

Y los datos nunca aparecían por casualidad.

Respiró profundamente.

¿Debía llamar a Valeria?

Miró el reloj.

Eran las once y cuarenta y ocho de la noche.

Seguramente estaría dormida.

No.

Conociéndola, probablemente seguiría trabajando.

Tomó el teléfono.

Escribió un mensaje.

"Tenemos que hablar. Descubrí algo."

Lo leyó dos veces.

Luego lo borró.

No quería hablar de aquello por mensaje.

Apagó la computadora.

—Mañana será.

Newton levantó la cabeza desde su cama.

—Yo tampoco sé qué está pasando, amigo.

Pero por primera vez...

No me molesta no entenderlo.

* * *

Al otro lado de la ciudad...

Valeria seguía despierta.

Tenía abiertos tres monitores.

En uno analizaba el comportamiento de los usuarios de MATCH.

En otro revisaba comentarios en redes sociales.

En el tercero observaba los registros internos del algoritmo.

Las cifras crecían minuto a minuto.

Cinco millones de usuarios en lista de espera.

Más de cien millones de reproducciones entre todos los videos.

Miles de personas hacían apuestas sobre cuánto duraría el experimento.

Algunos incluso intentaban predecir el día exacto en que ella y Nicolás se besarían.

Valeria cerró inmediatamente esa página.

—Ridículo.

Pero, sin saber por qué, recordó el momento bajo la lluvia.

Sacudió la cabeza.

—Concéntrate.

Abrió nuevamente el algoritmo.

No ejecutó la prueba.

Se quedó observando el código.

Era curioso.

Había escrito miles de líneas durante dos años.

Conocía prácticamente cada función de memoria.

Sin embargo, jamás se había detenido a pensar en algo.

El sistema podía calcular patrones.

Probabilidades.

Afinidades.

Pero nunca emociones reales.

Solo las estimaba.

Nunca las comprendía.

Y tal vez...

Nadie podía hacerlo.

* * *

A la mañana siguiente, Nexus Labs parecía una empresa distinta.

En la recepción habían colocado una enorme pantalla que mostraba en tiempo real las estadísticas del experimento.

Día 9.

Visualizaciones acumuladas: 126 millones.

Usuarios registrados antes del lanzamiento: 6,8 millones.

Los empleados se detenían a fotografiar la pantalla.

Cuando Valeria entró, la recepcionista sonrió.

—Buenos días.

Ella respondió con cortesía.

Antes de entrar al ascensor escuchó dos voces detrás de ella.

—Es ella.

—La del experimento.

—¿Crees que de verdad terminarán juntos?

Valeria no esperó a escuchar la respuesta.

Las puertas del ascensor se cerraron.

Se apoyó contra la pared.

Nunca había imaginado que su vida privada pudiera convertirse en conversación de desconocidos.

* * *

Al llegar al piso treinta y dos encontró a Nicolás esperándola junto a la cafetería.

Tenía dos vasos en la mano.

—Buenos días.

Ella lo miró sorprendida.

—¿Eso es...?

—Té verde.

Sin azúcar.

Temperatura aproximada de sesenta y cinco grados.

Ella arqueó una ceja.

—¿Cómo sabes todo eso?

Él sonrió.

—Presto atención.

Por un instante Valeria no supo qué responder.

Tomó el vaso.

—Gracias.

Caminaron en silencio hasta una pequeña sala de reuniones.

En cuanto cerraron la puerta, Nicolás abrió su computadora.

—Anoche revisé el algoritmo otra vez.

Ella sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Y?

Él giró la pantalla.

Valeria leyó el resultado.

Volvió a leerlo.

Después una tercera vez.

Compatibilidad actual: 3 %.

Se quedó completamente inmóvil.

—No...

Eso es imposible.

—Lo comprobé seis veces.

—Déjame verlo.

Tomó el teclado.

Ejecutó nuevamente el análisis.

Los servidores comenzaron a procesar información.

Ambos observaban la barra de progreso sin decir una palabra.

Finalmente apareció el resultado.

3 %.

Valeria apoyó lentamente las manos sobre la mesa.

—Está aprendiendo.

Nicolás asintió.

—Y mucho más rápido de lo que imaginábamos.

Ella permaneció pensativa.

—Solo han pasado unos días.

—Exactamente.

—Si sigue aumentando...

Los dos terminaron la frase al mismo tiempo.

—...todo cambiará.

Se miraron.

Por primera vez, no estaban hablando únicamente de un algoritmo.

También hablaban de ellos.

* * *

Emma apareció inesperadamente.

—¿Interrumpo algo?

Los dos cerraron la computadora casi al mismo tiempo.

—No.

—Solo revisábamos unas estadísticas.

Emma los observó durante unos segundos.

Había algo extraño en su comportamiento.

—Perfecto.

Porque tengo noticias.

Los invitó a seguirla hasta la sala principal.

Allí los esperaba todo el equipo.

Óscar tomó la palabra.

—Una cadena nacional quiere transmitir el último día del experimento en vivo.

Los murmullos llenaron la sala.

—¿En vivo? —preguntó Nicolás.

—Sí.

Millones de personas verán el resultado final del algoritmo.

Valeria sintió que el corazón se aceleraba.

Si el porcentaje seguía aumentando...

No podían permitir que aquello ocurriera sin estar preparados.

Emma continuó.

—Así que necesitamos algo grande para la próxima cita.

Algo inolvidable.

Óscar sonrió.

—Una competencia.

Nicolás levantó una ceja.

—¿Competencia?

—Sí.

Ustedes son completamente distintos.

Aprovechemos eso.

Habrá juegos.

Pruebas.

Retos.

El público podrá votar quién gana cada uno.

Valeria preguntó:

—¿Y cuál es el objetivo?

Óscar respondió sin dudar.

—Que discutan.

* * *

Aquella tarde fueron llevados a un enorme centro recreativo.

Había bolos.

Karts.

Escalada.

Billar.

Videojuegos.

Todo preparado para que compitieran.

Antes de comenzar, una productora les entregó un sobre.

Dentro había una lista de desafíos.

El primero decía:

"Armar un mueble sin instrucciones."

Valeria sonrió.

—Fácil.

Nicolás también sonrió.

—Divertido.

Cinco minutos después...

Las piezas estaban repartidas por todo el suelo.

—Ese tornillo no va ahí —dijo Valeria.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque pertenece a otra sección.

—¿Leíste el manual?

Ella levantó un pequeño folleto.

—Claro.

Nicolás hizo una mueca.

—Eso le quita toda la emoción.

—Eso evita que sobren piezas.

Media hora después terminaron.

El mueble quedó perfecto.

El productor parecía decepcionado.

Esperaba una discusión.

No la hubo.

* * *

El segundo reto consistía en cocinar una pizza.

Ahora sí comenzaron los problemas.

—La salsa primero —dijo Valeria.

—El queso primero —respondió Nicolás.

—Eso no tiene sentido.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Los camarógrafos se emocionaron.

Por fin.

Una discusión.

Hasta que apareció un cocinero.

—Perdón...

Las dos formas son correctas.

Los dos guardaron silencio.

El equipo de producción suspiró con frustración.

* * *

El último desafío era una carrera de karts.

Valeria jamás había conducido uno.

Nicolás llevaba años haciéndolo.

—No pienso ganar esto —dijo ella mientras ajustaba el casco.

—No se trata de ganar.

—Entonces, ¿de qué?

Él sonrió.

—De divertirnos.

La carrera comenzó.

En la primera curva, Valeria frenó demasiado.

Todos la adelantaron.

Respiró hondo.

Recordó la montaña rusa.

A veces había que dejar de calcular.

Pisó el acelerador.

Una vuelta después ya había superado a tres participantes.

Nicolás la observó desde su kart.

Sonreía orgulloso.

En la última curva ella intentó adelantarlo.

Los dos cruzaron la meta prácticamente al mismo tiempo.

Empate.

Cuando bajaron de los vehículos, ambos estaban riendo.

Sin darse cuenta, chocaron las manos celebrando la carrera.

El fotógrafo capturó el instante exacto.

Más tarde, esa noche, esa imagen recorrería todo internet.

Pero la fotografía escondía un detalle que nadie más vio.

Mientras chocaban las manos, sus relojes inteligentes —los mismos que seguían recopilando datos para el algoritmo— registraron algo sorprendente.

Los dos corazones latían exactamente al mismo ritmo.

Y, en una sala silenciosa llena de servidores, la inteligencia artificial comenzó a recalcular una vez más el porcentaje de compatibilidad.