Capítulo 5
El video que rompió Internet
A las siete de la mañana siguiente, en las oficinas de Nexus Labs, nadie estaba trabajando.
O al menos, no en lo que debía.
En todas las pantallas aparecía el mismo video.
La primera cita entre Valeria y Nicolás.
El departamento de marketing había preparado un montaje de apenas cuatro minutos.
No había música exageradamente romántica.
No había narrador.
Solo momentos reales.
Valeria esperando en el restaurante mientras miraba el reloj cada treinta segundos.
Nicolás entrando veinte minutos tarde con expresión de culpabilidad.
El diálogo sobre los mil doscientos segundos de retraso.
Las bromas.
La discusión sobre los menús.
El ataque del chile picante.
Y, sobre todo...
La risa de Valeria.
El editor había ralentizado ese instante apenas un poco.
Duraba menos de dos segundos.
Pero bastó para cambiar toda la percepción del público.
El video terminaba con una frase sencilla.
Día 1
Compatibilidad según MATCH: 1 %
Compatibilidad según Internet... aún está por verse.
* * *
Apenas una hora después, el video acumulaba más de dos millones de reproducciones.
Los comentarios aparecían tan rápido que era imposible leerlos todos.
—"Ella intenta odiarlo y no puede."
—"Él definitivamente ya está enamorado."
—"La chica del blazer sonrió. Repito: SONRIÓ."
—"Protejan a ese programador."
—"El algoritmo está roto."
—"No, el algoritmo tiene razón. Se van a matar antes del día treinta."
—"Volveré mañana por el siguiente episodio."
En menos de doce horas, el hashtag #ErrorDeCálculo era tendencia nacional.
* * *
Emma reunió nuevamente al equipo de marketing.
Óscar no podía ocultar su entusiasmo.
—Las estadísticas son una locura.
Señaló la pantalla.
—El ochenta y dos por ciento de quienes vieron el video también visitaron nuestra página.
Otra gráfica apareció.
—El tiempo promedio viendo el contenido es del noventa y seis por ciento.
Eso significa que casi nadie abandona el video antes de terminar.
Emma sonrió.
—¿Y los comentarios?
—Divididos.
La mitad quiere que terminen juntos.
La otra mitad apuesta dinero a que no soportarán una semana.
Emma soltó una carcajada.
—Perfecto.
Eso mantiene viva la conversación.
* * *
Mientras tanto...
Valeria vivía el peor día de su vida.
Entró al ascensor de la empresa.
Cinco personas ya estaban dentro.
Todas la miraban.
Una joven sonrió.
—¿Cómo está el uno por ciento?
Valeria suspiró.
—Buenos días.
Un hombre de recursos humanos habló enseguida.
—Mi esposa vio el video cinco veces.
Ella no respondió.
—Dice que ustedes hacen una linda pareja.
Silencio.
Cuando las puertas se abrieron en el piso treinta y dos, Valeria salió casi huyendo.
* * *
Del otro lado del edificio la situación era mucho peor.
Nicolás llegó con un café en la mano.
En cuanto cruzó la puerta...
Todos comenzaron a aplaudir.
—¡Llegó el héroe del chile!
—¿Ya recuperaste el sentido del gusto?
—¿Trajiste leche?
Alguien le regaló una pequeña botella.
La etiqueta decía:
"Para emergencias románticas."
Nicolás levantó la botella.
—Los odio a todos.
—¡Nosotros también te queremos!
Las carcajadas llenaron toda la oficina.
* * *
A media mañana, Emma los citó nuevamente.
Esta vez el ambiente era mucho más relajado.
—Tengo buenas noticias.
Valeria respondió sin entusiasmo.
—Me cuesta creerlo.
Emma proyectó una gráfica.
—Las acciones de la empresa subieron un doce por ciento.
Nicolás silbó.
—Solo con una cita.
—Exactamente.
Después apareció otro dato.
—Tenemos patrocinadores interesados en el proyecto.
Valeria frunció el ceño.
—¿Patrocinadores?
—Restaurantes.
Hoteles.
Marcas de ropa.
Agencias de viaje.
Todos quieren aparecer en las próximas citas.
Nicolás abrió mucho los ojos.
—Esto se está saliendo de control.
Emma sonrió.
—Hace rato.
* * *
Cuando terminó la reunión, los dos caminaron juntos hacia la cafetería.
Era la primera vez que estaban completamente solos desde que comenzó el experimento.
Nicolás tomó un café.
Valeria pidió un té verde.
Se sentaron frente a frente.
Hubo unos segundos de silencio.
Finalmente Nicolás habló.
—¿Leíste los comentarios?
—No.
Mintió.
Él sonrió.
—Yo sí.
—¿Y?
—Internet cree que estoy enamorado de ti.
Ella levantó una ceja.
—Internet necesita terapia.
—Puede ser.
Bebió un sorbo de café.
—También dicen que tú ocultas tus sentimientos.
Valeria respondió sin levantar la vista.
—No oculto nada.
Simplemente no hago un espectáculo de mis emociones.
—Eso también lo comentaron.
Ella lo miró.
—¿En serio?
—Sí.
Uno escribió: "La chica parece un robot."
Valeria hizo una mueca.
—Qué original.
—Otro respondió: "No es un robot. Solo necesita reiniciarse."
Ella intentó mantenerse seria.
Pero terminó sonriendo otra vez.
Muy levemente.
Nicolás la señaló con el dedo.
—Otra vez.
—¿Qué?
—Sonreíste.
—No.
—Sí.
—Fue educación.
—Fue una sonrisa.
—Fue un movimiento involuntario de los músculos faciales.
Él comenzó a reír.
—Jamás había escuchado una definición tan científica de una sonrisa.
* * *
Por la tarde llegó el momento de planificar la segunda cita.
Emma reunió a ambos.
—Quiero que esta vez elijan ustedes.
Valeria respondió enseguida.
—Perfecto.
Un museo.
Nicolás casi escupió el café.
—¿Un museo?
—Sí.
—¿Como segunda cita?
—Claro.
—Eso explica el uno por ciento.
Ella cruzó los brazos.
—¿Cuál es tu idea?
Él sonrió.
—Un parque de diversiones.
Valeria tardó tres segundos en responder.
—No.
—¿Por qué?
—Demasiado ruido.
Demasiada gente.
Demasiadas bacterias.
—¿Las bacterias también cuentan?
—Siempre cuentan.
Nicolás miró a Emma.
—¿Ves?
Emma levantó ambas manos.
—Decidan ustedes.
Yo no pienso intervenir.
Los dos permanecieron en silencio.
Finalmente Nicolás tuvo una idea.
—¿Y si hacemos ambas cosas?
Valeria frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Primero el museo.
Después el parque.
Ella parecía analizar la propuesta como si estuviera resolviendo una ecuación diferencial.
—¿En ese orden?
—Sí.
—¿Cuánto tiempo en cada lugar?
—No sé.
—¿No hiciste un plan?
—Improvisaremos.
Ella respiró profundamente.
Muy profundamente.
—Necesito procesar esa palabra.
* * *
Aquella noche, Valeria llegó a casa más cansada mentalmente que nunca.
Encendió su computadora.
Abrió el panel privado de MATCH.
No debía hacerlo.
Pero la curiosidad pudo más.
Buscó el perfil de Nicolás.
Leyó nuevamente sus datos.
"Hobby favorito: fotografía."
"No soporta ver a alguien llorar."
"Siempre lleva dinero extra por si alguien lo necesita."
"Donador frecuente de sangre."
Valeria se detuvo.
Eso no lo sabía.
Siguió leyendo.
"Voluntario los fines de semana en un refugio de animales."
Frunció el ceño.
Aquello tampoco aparecía en su expediente laboral.
Cerró la computadora.
—No importa.
Solo son datos.
Pero, por primera vez desde que comenzó el experimento, se sorprendió preguntándose si realmente conocía al hombre que el algoritmo había calificado como el peor compañero posible.
* * *
A varios kilómetros de allí, Nicolás estaba acostado en el sofá mientras Newton dormía sobre sus piernas.
También había abierto el perfil privado de Valeria.
Leyó en silencio.
"Graduada con honores."
"Habla tres idiomas."
"Corre diez kilómetros cada mañana."
"Visita a su abuela todos los domingos sin excepción."
Se quedó pensando.
—Eso tampoco sale en los videos, ¿verdad, amigo?
Newton movió apenas una oreja.
Nicolás sonrió.
—Creo que la señorita perfecta es un poco más interesante de lo que aparenta.
Mientras apagaba la computadora, ninguno de los dos podía imaginar que la siguiente cita sería mucho más caótica que la primera... y que, sin proponérselo, empezarían a descubrir las partes de su personalidad que ningún algoritmo era capaz de medir.