Capítulo 2
Compatibilidad: 1 %
Los aplausos tardaron varios minutos en apagarse.
Valeria seguía mirando el escenario, inmóvil.
Nicolás, en cambio, observaba a las más de doscientas personas que ahora los miraban a ellos.
No le gustaba ser el centro de atención.
Prefería hablar con computadoras. Eran más predecibles.
Emma sonrió.
—Valeria... Nicolás... ¿podrían acompañarme al escenario?
Un murmullo emocionado recorrió el auditorio.
Los dos caminaron desde extremos opuestos del pasillo hasta subir los escalones iluminados.
Era la primera vez que estaban tan cerca.
Valeria notó que Nicolás era más alto de lo que había imaginado.
Él notó que ella parecía demasiado seria para alguien que acababa de recibir una ovación.
—No sonríes mucho, ¿verdad? —susurró.
—Sonrío cuando hay motivos estadísticamente razonables.
—Eso explica muchas cosas.
Ella decidió ignorarlo.
Emma les entregó un micrófono a cada uno.
—Antes que nada, quiero agradecerles por estos tres años de trabajo. Sin ustedes, MATCH jamás habría existido.
Los asistentes volvieron a aplaudir.
—Pero una gran tecnología necesita una gran demostración.
La enorme pantalla detrás de ellos mostró el logotipo de la aplicación.
Un corazón formado por millones de pequeños números giraba lentamente.
Emma continuó.
—En treinta días lanzaremos MATCH a nivel mundial. Antes de hacerlo, queremos demostrar que nuestro algoritmo funciona en tiempo real.
Nicolás levantó una ceja.
Eso no estaba en el plan.
Valeria cruzó los brazos.
Tampoco le gustaban las sorpresas.
—Así que hoy veremos cómo el algoritmo calcula la compatibilidad entre nuestros dos desarrolladores principales.
Toda la sala reaccionó con un emocionado:
—¡Oooh!
Nicolás se acercó un poco a Emma.
—¿Nos avisaste de esto en algún correo?
—Sí.
—No lo leí.
—Lo sé.
Valeria murmuró sin mirarlo.
—Eso también explica muchas cosas.
Nicolás sonrió.
Por primera vez ella tenía sentido del humor.
Aunque fuera involuntario.
* * *
Un técnico apareció con dos relojes inteligentes.
—Solo necesitamos algunos datos biométricos.
Valeria extendió la muñeca inmediatamente.
Nicolás tardó unos segundos.
—¿No explota?
—No.
—Entonces está bien.
Mientras ambos colocaban sus dispositivos, la inteligencia artificial comenzó a recopilar información.
Ritmo cardíaco.
Temperatura corporal.
Patrones respiratorios.
Reconocimiento facial.
Expresiones.
Tono de voz.
Historial psicológico.
Miles de variables empezaron a desfilar por la pantalla.
El público observaba fascinado.
Era como presenciar una película de ciencia ficción.
Emma explicó:
—Nuestro algoritmo no se basa únicamente en gustos compartidos. Analiza millones de combinaciones posibles entre personalidad, hábitos, lenguaje, decisiones, reacciones emocionales y objetivos de vida.
Valeria asentía con orgullo.
Aquella parte era obra suya.
Cada modelo matemático había sido probado cientos de veces.
Cada porcentaje había sido revisado una y otra vez.
No había margen para errores.
Al menos eso creía.
* * *
La barra de progreso comenzó a llenarse.
10 %...
25 %...
41 %...
68 %...
Mientras esperaban, Nicolás decidió romper el silencio.
—¿Siempre vistes igual?
Valeria lo miró.
—No.
—Perdón, parecía una pregunta indiscreta.
—Los lunes uso azul oscuro.
Los martes gris.
Los miércoles negro.
Los jueves beige.
Los viernes azul claro.
Él tardó unos segundos en responder.
—¿Lo acabas de decir en serio?
—Sí.
—¿Tienes un calendario para la ropa?
—Sí.
Nicolás soltó una carcajada.
—Increíble.
—¿Qué tiene de gracioso?
—Nada.
Solo eres exactamente lo opuesto a mí.
—Eso ya lo sabía sin necesidad del algoritmo.
* * *
La barra llegó al noventa y nueve por ciento.
Toda la sala guardó silencio.
Incluso los teléfonos dejaron de sonar.
Emma levantó una mano.
—Señoras y señores...
La pantalla quedó completamente negra.
Después apareció una sola frase.
Calculando compatibilidad...
Cinco segundos.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Uno.
Entonces apareció el resultado.
Un gigantesco número rojo ocupó toda la pantalla.
1 %
Debajo podía leerse:
Nivel de compatibilidad: Extremadamente bajo.
Silencio.
Absoluto.
Durante unos segundos nadie entendió qué estaba viendo.
Emma fue la primera en parpadear.
—Debe...
Debe haber un problema.
Los ingenieros comenzaron a hablar entre ellos.
Valeria dio un paso hacia la pantalla.
No.
Eso era imposible.
Ella misma había diseñado el modelo.
Nicolás observaba el porcentaje como si acabara de recibir un golpe.
Uno por ciento.
No treinta.
No veinte.
Uno.
Era prácticamente el mínimo posible.
La inteligencia artificial siguió mostrando información.
Probabilidad de mantener una relación estable: 0,8 %.
Probabilidad de terminar en la primera semana: 97 %.
Conflictos diarios estimados: Muy altos.
Nivel de tolerancia mutua: Crítico.
Un empleado no pudo contener la risa.
Después otro.
Y otro.
En menos de un minuto medio auditorio estaba riéndose.
Valeria sintió cómo le ardían las mejillas.
No por vergüenza.
Por incredulidad.
—Eso no puede ser correcto.
Tomó el micrófono.
—Necesito revisar el sistema.
Emma intentó sonreír.
—Claro... seguramente...
Pero antes de terminar la frase apareció una nueva ventana en la pantalla.
¿Desea conocer las razones de la incompatibilidad?
Sin que nadie tocara nada, el sistema comenzó a enumerarlas.
—Orden versus caos.
La fotografía perfectamente organizada del escritorio de Valeria apareció junto a una imagen del escritorio de Nicolás, donde una planta de plástico estaba encima de un teclado, dos calcetines colgaban del monitor y había una taza con la inscripción "No molestar antes del café".
Las carcajadas aumentaron.
—Planificación extrema versus improvisación permanente.
Otra imagen.
Valeria tenía una agenda con horarios de cinco en cinco minutos.
Nicolás tenía un post-it que decía:
"Recordar hacer algo importante."
Sin especificar qué.
—Puntualidad: Excelente.
Junto a Valeria apareció un 100.
Junto a Nicolás...
Esta vez hasta Emma se rió.
—Hábitos de sueño.
Valeria: 22:30.
Nicolás: "Variable."
—¿Variable? —preguntó Emma.
Él levantó una mano.
—Depende de la serie que esté viendo.
Más risas.
La inteligencia artificial continuó.
—Nivel de orden.
Valeria: Excelente.
Nicolás...
"Se recomienda intervención profesional."
El auditorio explotó.
Incluso Valeria tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no sonreír.
Nicolás levantó el dedo.
—Eso sí es ofensivo.
* * *
Una hora después, el auditorio estaba vacío.
Los cuatro directivos principales permanecían encerrados en la sala de juntas junto con Valeria y Nicolás.
El ambiente era completamente distinto.
Nadie sonreía.
Emma caminaba de un lado a otro.
—Tenemos periodistas invitados para el lanzamiento dentro de un mes.
Inversionistas.
Patrocinadores.
Millones de dólares comprometidos.
No podemos permitir que el primer resultado público diga que los creadores de la aplicación son incompatibles.
Valeria hablaba mientras revisaba el código.
—No encuentro ningún error.
—¿Cómo que ningún error?
—He revisado cuatro veces.
Los datos son correctos.
Nicolás abrió su computadora.
—Yo también estoy revisando la inteligencia artificial.
Silencio.
Cinco minutos.
Diez.
Quince.
Finalmente levantó la cabeza.
—No hay fallas.
Emma dejó de caminar.
—Entonces explíquenme cómo es posible.
Valeria respiró profundamente.
—Solo existen dos posibilidades.
—¿Cuáles?
—La primera...
Que el algoritmo esté equivocado.
Todos guardaron silencio.
Ella negó con la cabeza.
—Y la segunda...
Miró a Nicolás.
Él la miró de vuelta.
—Que realmente seamos la peor combinación posible.
Nicolás rompió el silencio.
—Tengo una tercera opción.
Todos lo observaron.
Él sonrió con esa tranquilidad que tanto contrastaba con el momento.
—Podemos salir a cenar una vez...
Confirmamos que no nos soportamos...
Y seguimos con nuestras vidas.
Emma dejó de caminar.
Sus ojos brillaron.
Una idea acababa de nacer.
Una idea completamente descabellada.
Y, precisamente por eso, podía convertirse en la mejor campaña publicitaria de la historia de la empresa.
Sonrió lentamente.
—No...
No solo una vez.
Los cinco la miraron confundidos.
Emma apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Van a salir juntos durante treinta días.
Valeria abrió los ojos.
—¿Qué?
Nicolás casi dejó caer la computadora.
—¿Perdón?
Emma sonrió aún más.
—Si el algoritmo dice que ustedes son incompatibles, vamos a demostrarlo delante del mundo entero.
Y sin saberlo, acababa de dar inicio al experimento que cambiaría sus vidas para siempre.