ERROR DE CÁLCULO Capítulo 1
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ERROR DE CÁLCULO

ERROR DE CÁLCULO

Por Carlos Jos Lagombra

© inepub.com

Capítulo 1

El algoritmo perfecto

A las ocho y cincuenta y siete de la mañana, el piso treinta y dos de la empresa Nexus Labs parecía un hormiguero.

Pantallas gigantes mostraban gráficos en tiempo real, ingenieros caminaban de un lado a otro con tazas de café en la mano y las salas de reuniones tenían nombres de científicos famosos. En una pared podía leerse el lema de la empresa en enormes letras blancas:

"Si puede medirse, puede mejorarse."

Era una frase que muchos repetían con orgullo.

Valeria Torres la había convertido prácticamente en su filosofía de vida.

Con una tableta bajo el brazo y un café sin azúcar en la mano, atravesó la oficina sin detenerse a saludar demasiado. Vestía de manera impecable: blazer azul oscuro, pantalón negro y zapatillas blancas. Su escritorio estaba tan ordenado que parecía una fotografía de catálogo.

Al llegar dejó el café exactamente en el mismo lugar de siempre.

Abrió su computadora.

Revisó su agenda.

Revisó otra vez.

Ajustó un cuadro torcido que había junto al monitor.

Solo entonces respiró tranquila.

—Ahora sí.

Su compañero de escritorio, Mateo, soltó una carcajada.

—¿Acabas de acomodar un cuadro que estaba torcido menos de un milímetro?

—Cero punto ocho milímetros.

—¿Lo mediste?

—Claro.

Mateo negó con la cabeza.

—Algún día deberías salir con alguien.

Valeria siguió escribiendo sin levantar la vista.

—Las estadísticas dicen que las relaciones reducen un cuarenta por ciento la productividad durante los primeros seis meses.

—Las estadísticas también dicen que dormir hace bien.

—Duermo siete horas con cuarenta y cinco minutos diarios.

—Eres imposible.

—Eficiente.

Mateo sonrió.

Toda la empresa sabía que Valeria era la mejor científica de datos que habían contratado.

También sabían que jamás había tenido una relación que durara más de cuatro meses.

Ella sostenía que enamorarse era una mala inversión de tiempo.

Y estaba convencida de poder demostrarlo con números.

* * *

Cinco pisos más abajo, la realidad era completamente distinta.

—¿Dónde está Nicolás?

—No ha llegado.

—La reunión empieza en tres minutos.

—Lo sabemos.

En ese mismo instante las puertas del ascensor se abrieron de golpe.

Un hombre despeinado apareció corriendo mientras intentaba cerrar la mochila con una mano y sostener un vaso de café con la otra.

Tropezó.

El café salió disparado.

Por pura suerte cayó dentro de un basurero.

Todos aplaudieron.

—¡Buenos reflejos! —gritó alguien.

—No fue reflejo. Fue experiencia.

Nicolás Vega sonrió como si aquello fuera perfectamente normal.

Entró a la sala de reuniones treinta segundos antes de que comenzara la presentación.

Su computadora tardó veinte segundos en encender.

Los otros diez los pasó buscando el cargador.

—¿Otra vez? —preguntó Diego.

—Siempre olvido algo.

—Algún día vas a olvidar venir.

—Ese día trabajaré desde casa.

Las risas llenaron la sala.

Nicolás tenía fama de genio.

También de desastre absoluto.

Su escritorio era un caos de cables, libretas, figuras de acción, vasos vacíos y post-its con ideas escritas en cualquier dirección.

Pero cuando empezaba a programar parecía otra persona.

Los problemas desaparecían.

El código fluía.

Y cosas que otros tardaban semanas en resolver él las solucionaba antes del almuerzo.

—¿Terminaste el nuevo motor de inteligencia artificial? —preguntó Diego.

Nicolás sonrió.

—Lo terminé hace dos días.

—¿Y por qué no lo entregaste?

—Quería estar seguro.

—¿Seguro de qué?

—De que no iba a enamorar a nadie por accidente.

* * *

A las diez en punto, ambos fueron convocados al auditorio principal de Nexus Labs.

No era habitual reunir a toda la empresa.

Algo importante estaba por anunciarse.

Más de doscientas personas ocuparon sus asientos mientras un enorme escenario iluminado mostraba únicamente una palabra.

MATCH.

Un murmullo recorrió el lugar.

Valeria observó la pantalla con curiosidad.

Nicolás llegó justo cuando las luces comenzaban a apagarse.

Se sentó en la primera silla libre.

Resultó ser justo al lado de Valeria.

Ella apenas levantó la vista.

Él sonrió.

—Hola.

—Hola.

Silencio.

—¿Siempre eres tan feliz por las mañanas?

—Depende.

—¿De qué?

—De si ya tomé café.

—Entonces todavía no.

—Todavía no.

Valeria volvió a mirar al frente.

Pensó que aquel desconocido hablaba demasiado.

Nicolás pensó que aquella mujer parecía un robot con zapatos deportivos.

En el escenario apareció Emma Harrison, directora ejecutiva de Nexus Labs.

—Buenos días a todos.

Los aplausos llenaron el auditorio.

—Durante tres años hemos trabajado en el proyecto más ambicioso de nuestra historia.

La pantalla cambió.

Miles de líneas de código comenzaron a moverse formando un corazón digital.

—Las aplicaciones de citas actuales utilizan información superficial: fotografías, intereses y ubicación.

Otra diapositiva apareció.

—Nosotros iremos mucho más allá.

Silencio absoluto.

—Presentamos oficialmente...

La palabra volvió a aparecer.

MATCH.

Emma sonrió.

—La primera aplicación capaz de calcular la compatibilidad emocional entre dos personas utilizando más de tres millones de variables.

La sala explotó en aplausos.

—No analizamos solamente gustos. Analizamos patrones de comportamiento, lenguaje, personalidad, toma de decisiones, historial emocional, valores, objetivos de vida, hábitos diarios y cientos de factores más.

Las pantallas mostraban parejas felices, gráficos y simulaciones.

Emma continuó.

—Nuestros estudios indican una precisión superior al noventa y nueve por ciento.

Ahora los aplausos fueron todavía más fuertes.

Valeria sonrió satisfecha.

Había dedicado casi dos años de su vida al modelo matemático que hacía posible aquel resultado.

Nicolás observaba las animaciones con orgullo.

Él había construido la inteligencia artificial capaz de aprender de millones de interacciones humanas.

Era, probablemente, el proyecto más importante de sus carreras.

Emma levantó una mano pidiendo silencio.

—Dentro de treinta días presentaremos MATCH al mundo.

Todos volvieron a aplaudir.

—Pero antes necesitamos una demostración pública.

La pantalla quedó en negro.

—Una demostración que convenza a millones de personas de que nuestro algoritmo realmente funciona.

Valeria sintió un ligero presentimiento.

No le gustaban las demostraciones públicas.

Emma sonrió de una forma que hizo que Nicolás también frunciera el ceño.

—Y para eso hemos elegido a las dos personas que mejor conocen este sistema.

Las luces comenzaron a recorrer el auditorio.

Un reflector iluminó a Valeria.

Otro encontró a Nicolás.

Los dos se miraron por primera vez con verdadera sorpresa.

—Les presento a los creadores de MATCH.

Todo el auditorio se puso de pie para aplaudir.

Nicolás murmuró sin apartar la vista del escenario:

—Tengo la sensación de que esto no va a terminar bien.

Valeria respondió en voz baja, con una calma que escondía cierta inquietud.

—Las probabilidades de que salga mal son mínimas.

Nicolás sonrió.

—¿Y si las probabilidades se equivocan?

Ella lo miró apenas un segundo.

—Los números no se equivocan.

Sin que ninguno de los dos lo supiera, esa sería la frase que cambiaría sus vidas para siempre.