Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) ¡Por más días así!
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¡Por más días así!

Esa mañana fue, sin duda, una de las mejores del curso. Todo el mundo estaba contento, la música sonaba sin parar —algunos grupos tocaban mejor que otros— y el ambiente era festivo y de tan buen rollo que Goa y sus amigos estaban alucinando.

— ¡El insti ya podría ser así todos los días! —exclamó Ana, quien había bailado muchísimo y estaba acalorada y con las mejillas rojísimas.

—Y ahora viene la despedida, ¡que aún no hemos terminado! —dijo Bruno.

—¿Y qué se hace en la despedida? —Goa no tenía ni idea.

—Ahora tocarán la última canción, que es como el himno del insti; se lo inventaron unos de hace tres años o así.

Y luego me han dicho que cada grupo se va a su clase con su tutor y se despiden en plan íntimo y ya para casa.

O algo por el estilo, no sé… Me lo ha contado uno de segundo —explicó Bruno.

Y así fue. Al cabo de cinco minutos, dos de los profesores de Concierto subieron al escenario.

—Y ahora, por favor, todo el mundo preparado para cantar el himno del instituto.

Lo crearon hace tres años unos antiguos alumnos y ya nos lo hemos apropiado.

Podéis cantar, bailar y lo que queráis mientras los compañeros de la optativa de Concierto tocan…

Y, tras este, daremos por terminada la fiesta y podréis volver a las clases para recoger vuestras cosas y despediros de vuestro tutor o tutora.

¡¡¡Que paséis muy buen verano y BUENAS VACACIONES A TODOS! !! Un, dos, un, dos, tres y…

Las bandas se pusieron a tocar y aquello petó como nunca.

Todos los alumnos de segundo, tercero, cuarto y bachillerato se pusieron a cantar la canción, que ni Goa ni sus amigos conocían todavía.

La gente se puso a saltar como loca delante del escenario, como si esa mañana festiva estuviera llegando a su clímax.

Las vacaciones, ahora sí, estaban al caer y los alumnos no podían estar más contentos .

Cuando terminaron y entre muchos aplausos, todo el mundo fue tirando hacia las aulas y Ana se apresuró a comprobar que el ramo de flores para Judit estuviera intacto.

Precisamente, Judit y tres alumnos de los que siempre se sentaban en la fila de atrás fueron los últimos en entrar, y justo en ese momento, y tal como habían pactado unos minutos antes, todos gritaron muy fuerte:

—¡¡¡GRACIAS, JUDIT!!!

Ana se le acercó con el ramo de flores y se lo dio. A Judit, que no se lo esperaba para nada, le llevó unos segundos procesar lo que estaba ocurriendo.

—¡¿Es para mí?!

—¡¡¡Pues claro!!! Eres la mejor y te echaremos mucho de menos si ya no vuelves el año que viene —dijo Ana en representación de sus compañeros—.

El ramo es de parte de toda la clase. Está un poco mustio por el calor, pero dicen que el detalle es lo que cuenta, ¿no?

—A Ana le sabía mal que no se viera tan fresco como la noche anterior.

—No sufras, Ana, ¡me encanta! ¡Lo pondré con agua en el comedor de mi casa! ¡¡¡Qué superregalo me habéis hecho!!! ¡¡¡Gracias!!! Ojalá nos volvamos a ver el año que viene.