Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) El mejor verano de nuestras vidas
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El mejor verano de nuestras vidas

Ella y sus amigos salieron juntos a la calle. La noche anterior habían quedado en que celebrarían el inicio de las vacaciones comiendo juntos un bocadillo en algún sitio en el que tuvieran, imprescindible, aire acondicionado. Mientras caminaban, a Bruno le vibró el móvil en el bolsillo. Era Nadia.

Nadia:

¿Qué tal? Qué rabia que mis padres no me hayan dejado ir a comer con vosotros… Es que no entiendo su lógica. Quedar por la tarde, sí, quedar para comer, no.

Bruno:

¡Hola! Estamos llegando al bar. Quizá es porque gastas dinero.

Nadia:

Pero si tengo de los regalos de cumpleaños y no me lo he gastado… Si no me compro nunca nada… Tengo de sobra para un bocadillo, la verdad. Y cuando quedamos por la tarde también me compro merienda… ¡Es que te juro que no los entiendo!

Bruno:

Ya…, qué rabia… Habría molado que vinieras.

Nadia:

Tenía muchas ganas. Si fuera distinta, iría de todas formas…, pasaría de lo que me dijeran mis padres, pero no lo voy a hacer. Se enfadarían y paso del mal rollo. Ya nos veremos una tarde de estas.

Bruno:

Sí, ¡nos tenemos que ver antes de que te vayas, eh!

Nadia:

Eso ni lo dudes.

Nadia estaba realmente enfadada porque sentía que sus padres le acababan de robar un día de estar con Bruno y sus amigos, y justo antes de irse un mes entero a Marruecos. Eso no se lo perdonaba.

Nadia:

¿Ha ido bien el último día?

Bruno:

Mucho. Ha molado.

—Bruno, ¡¿quieres hacer el favor de dejar el móvil…?! ¡Que hoy estamos todos juntos! —le recriminó Ana.

— ¡Todos no, falta Nadia! —saltó él.

—Ah, ¿que estás hablando con ella? UY, UY, UY… —dijo Ana.

— ¡PARA! —Bruno no quería bromas de ese estilo.

—Vaaaleee…, ya paro… ¡Llamémosla mientras esperamos los bocadillos! Venga, Bruno, hazle una videollamada.

Él la obedeció y al cabo de nada ya se estaban viendo todos las caras.

—Querida Nadia, te comunico que este va a ser el mejor verano de nuestras vidas.

—¿Sí? ¿Por qué? —Nadia no lo tenía tan claro.

—¡Porque lo digo yo! Y siempre tengo razón.

Todos se echaron a reír y no protestaron porque en este caso sí que querían que su amiga tuviera razón. Todos y cada uno de ellos quería vivir el mejor verano de sus vidas. Si lo iba a ser o no…, para comprobarlo, tendrían que esperar un poco.

Mientras Ana y los demás charlaban con Nadia sobre los planes de verano, a Goa le vibró el teléfono en el bolsillo del pantalón corto que llevaba:

Klaus:

Por fin. Segundo terminado. Y tú, primero. ¿Cómo te ha ido?

Ella sonrió y se puso a escribirle.