La última tutoría
Faltaban dos días para que se terminara el curso y todos los alumnos tenían la cabeza más puesta en las vacaciones que en ir al instituto.
Los profesores lo sabían, así que las últimas jornadas eran para terminar cosas, entregar trabajos y notas y preparar la fiesta que darían la última mañana con un concierto de los grupos de música del instituto.
Eran grupos salidos de la optativa de Concierto, a la que se apuntaban los que sabían tocar algún instrumento o les gustaba cantar.
Durante el año preparaban algunas versiones, siempre enfocadas al gran concierto que daban antes de terminar el curso, justo antes del verano.
Goa y sus amigos nunca habían vivido este evento tan popular y se morían de ganas.
Otra vez, a última hora, les tocaba Judit en tutoría, la última sesión, y tras la noticia que les había dado el día anterior, los alumnos tenían muchas ganas.
—Judit, he ido a hablar con el director y me ha dicho que no hay nada que hacer, lo que es superinjusto, la verdad, y me parece realmente FATAL . —Ana hablaba deprisa, señal de la urgencia que sentía para revertir la partida de Judit.
—Ana, te lo agradezco mucho, pero ya te lo habría dicho yo, que no hay nada que hacer, por lo menos ahora. Tenemos que esperar, pero lo más probable es que me manden a otro instituto. Será mejor que lo asumamos todos y que aprovechemos para despedirnos bien.
—¡Es que no nos queremos despedir de ti! —ex clamó Goa, a quien solo de pensarlo le entraban ganas de llorar.
—Yo tampoco de vosotros, pero es lo que hay. A veces, hay que aceptar la vida como viene.
—¡Y un churro! ¡¡¡A veces hay que LUCHAR!!! —exclamó Ana, decidida.
—Ja, ja, ja… Ana, querida, de verdad que tu entusiasmo me llega al corazón, pero en serio, guarda esta energía para otras cosas, porque esta no depende de ti ni tienes el control. De verdad. Venga, y ahora sentaos, que os quiero dar algo.
Cuando Goa se volvió para irse a su sitio, vio que Leo estaba hablando con Gabriela, quien, por supuesto, volvía a llevar un outfit que ella creía que le había copiado y se había rizado el pelo como si hubiera metido los dedos en un enchufe.
«¿Desde cuándo Leo y Gabriela son amigos?
» , pensó ella, dando un codazo a Ana para que también lo viera.
—Anda… ¿Y esto? —comentó esta.
—Eso digo yo… ¿Desde cuándo? ¿Y por qué? —Goa no entendía nada… ¡Si no los había visto hablar en la vida!
—Vamos, sentaos…, pero un poco rápido, ¡que me lleváis un ritmo caribeño que parece que ya estéis de vacaciones!
—Judit esperó a que terminara el ruido de sillas arrastradas por el suelo y, cuando parecía que todo el mundo estaba sentado, continuó—: Este curso os he mandado hacer muuuchos papelitos, apuntar cosas confidenciales y fijaros en cosas internas…
Sé que tal vez en algún momento os ha parecido una tontería o me habéis llamado «hippy» y esas cosas…