Te está mirando
Cuando Víctor llegó a su casa después de quedar con Fabio, llamó a Klaus para contarle todo lo que había ocurrido y lo que se habían dicho.
Lo había hecho porque tenía dos llamadas perdidas de su amigo y cuatro mensajes, de distintos momentos, que le pedían: «Titular», «¿Qué tal?
», «¿Te mola?», «Cuéntamelo todo». Víctor no sabía que Klaus fuera tan cotilla.
Al día siguiente por la mañana, nada más verlo en el instituto, le dijo:
—¡Víctor, te veo contento!
—Adormilado, querrás decir… No sé por qué la última semana de curso no nos hacen venir un poco más tarde. Bro, ¡si ya no hacemos nada!
—¿Os habéis escrito más? ¿Te ha dicho algo?
—Me escribió ayer por la noche.
—¿Y qué te dijo? —preguntó Klaus, interesado.
—Que se lo había pasado bien y que cuándo íbamos a quedar para el tema de la ropa de la boda.
—¿Y habéis quedado?
—Hasta después de San Juan no coincidimos: esta semana por las tardes o no puedo yo o no puede él, y el finde se va… Total, que aún queda.
—¿Y estás nervioso?
—Cero.
—¡Mentiroso! —le dijo Klaus—. ¡Seguro que ni has pegado ojo!
—¡Como un tronco, he dormido!
Víctor fingía desinterés con Klaus, pero la verdad era que el mensaje que le había mandado Fabio antes de dormirse le había gustado mucho.
— ¡Míralo! ¡Está ahí y te está mirando! —dijo Klaus, emocionado.
—¡Para! ¿Qué haces? ¡No lo mires! —Víctor se puso nervioso y muy serio. No quería que Fabio se diera cuenta de que estaban hablando de él.
—Ay, ¿qué ocurre?
—Cambiemos de tema AHORA MISMO. Bueno, cuéntame, ¿y tú qué?
—Ayer hablé con Goa… Bueno, con ella y con su madre. Del puente de San Juan, de qué haríamos y tal… —explicó Klaus.
—¿Y por qué me da la sensación de que no me lo dices muy emocionado?
—No, sí lo estoy, pero no sé… Me entró como miedo . ¿Y si es como en el camping, que fue fatal de los fatales? O quizá está saliendo con Leo…, ¡yo qué sé! No me lo ha dicho, pero es que ¡quizá no sabe cómo decírmelo! —Klaus esperaba que este miedo no se hiciera realidad.
—Quedasteis en que os lo contaríais. Si no te lo ha dicho, es que no están saliendo. Deja de ser catastrofista, por favor… Todo el año colgado de Goa y, ahora que la vas a ver, te entra el canguelo… ¡No me seas cobarde, tío! —Víctor quería animarlo.
—Ya…, tal vez tengas razón. No sé…, es que estoy como raro…
Pienso mucho en los días en Berlín y en mi abuelo y no lo entiendo…
Es un poco surrealista pensar que ya no está, pero que parece que sí.
No sé cómo explicarlo. Y estoy triste, pero hay ratos en los que como que se me olvida, y entonces me siento culpable por no estar triste todo el rato, ¿sabes?
¿ Soy un mal nieto o qué? —Estaban hablando en el patio mientras todo el mundo iba entrando en el edificio.
Ellos, con esas conversaciones, no querían estar rodeados de gente y estaban esperando para ser los últimos en entrar.
—Yo creo que es normal… Tú le querías y que a ratos te distraigas no quiere decir que le quisieras menos, ¿sabes?
¿Y de qué te serviría estar TODO EL RATO hecho polvo?
¡De nada! ¿Tú crees que tu abuelo querría que estuvieras hecho mierda todas las horas del día?
De hecho, creo que él no querría ni que lo estuvieras una… , ¡así que tranquilo!
—Ya…, también tienes razón —dijo Klaus todavía pensando en sus palabras.
—Ostras, chaval, es la segunda vez esta mañana que me dices que tengo razón. Dios existe. ¡¡¡Por fin te has dado cuenta de que la tengo SIEMPRE!!! ¡¡¡Viva!!! ¡¡¡Aleluya!!!
—Pero ¡¿qué dices?! ¡Estás fatal del cerebro!
—¡Ya pasan tres minutos! ¡Corre, que nos van a echar una bronca…! —le dijo, corriendo, Víctor.
Cuando entraron en el aula, el profesor de Lengua ya estaba a punto de ponerles una falta.