Quizá es que estamos cambiando
Nadia ya estaba en la cama leyendo un libro de cuatrocientas páginas de una saga que le encantaba cuando le llegó una notificación al teléfono. No lo tenía en silencio y, al cabo de dos segundos, su padre abrió la puerta y le dijo:
—Nadia, que tu hermana intenta dormir. Pon el móvil en silencio y en diez minutos a la cama, que, aunque hayas terminado los exámenes, mañana aún tienes clase. ¿Vale?
—Sí, papá. Buenas noches.
—Buenas noches.
Nadia puso el teléfono en silencio y entró en WhatsApp. Era Bruno.
Bruno:
¿Qué haces?
Nadia:
Leer. ¿Y tú?
Bruno:
Con este calor, ¡no hay quien duerma!
Nadia:
Ya… Yo estoy con el ventilador en la cara y la ventana abierta. ¡Qué palo!
Bruno:
Estuvo bien vernos el sábado.
Nadia:
Sí, mucho.
Esta se estaba poniendo nerviosa. ¿Qué había querido decir con «estuvo bien»? No lo sabía…, pero quería seguir hablando con él.
Nadia:
¿Cómo estás con el tema de la diabetes?
Bruno:
Mejor, un poco más adaptado. El psico me ayuda, sobre todo porque me dice que lo que me está ocurriendo es normal, que me iré adaptando y que todo va a ir a mejor cuando me pongan la bomba y tal…
Y no sé… Cuando salgo de allí me siento como con más…
, no lo sé…, en plan…, con más esperanza. Suena cursi, ¿no?
Nadia:
No… Me alegro de que salgas mejor. ¿Lo ves? Te lo dije… A mí me ocurría lo mismo. Era como sentir que lo que le dices a esa persona no va a salir de allí y notas que no te juzga… Sé que podría hablar con mis padres también, pero seguro que mi madre sufriría y no quiero hacerla sufrir.
Bruno:
Ya, bro… Mi padre y mi madre sufren mucho con el tema de la diabetes y me da palo porque entonces me siento culpable por hacerlos sufrir, pero no puedo evitar estar mal cuando lo estoy, ¿sabes?
Nadia:
Te entiendo perfectamente. Cuando estés así, puedes hablar conmigo.
Bruno:
Ya lo sé, ya lo hago… Y tú también… Cuando estés mal, estoy aquí, lo sabes, ¿verdad?
Nadia:
Sí…, y me ayudas mucho aunque no lo sepas. Me siento mejor desde que nos hemos hecho como… más amigos.
Bruno:
Yo también…
Nadia tuvo miedo de haber hablado demasiado o de que él no sintiera lo mismo, pero ese «yo también» la tranquilizó. De repente, Bruno se animó y le mandó un mensaje de voz :
Bruno:
Es curioso porque hace un montón de años que somos amigos, pero tal vez nunca habíamos hablado como ahora, ¿no? Al final…, mira, mi enfermedad habrá tenido algo bueno…
Nadia sonrió y le escribió:
Nadia:
Todo tiene siempre dos caras… Y sí, como ahora no habíamos hablado nunca tal vez… No sé por qué ahora sí…
Por dentro, pensó que quizá estaban cambiando, o por lo menos ella, porque no se reconocía.
Nunca le había interesado nadie y parecía que solo tuviera ojos para los estudios y las notas, pero desde hacía unas semanas…
se sentía «distinta» . Tenía ganas de socializar un poco más que antes y tenía muchas muchas ganas de socializar especialmente con Bruno.
Bruno:
Quizá es que estamos cambiando.
Parecía que le hubiera leído la mente.
Nadia:
Sí, quizá sea eso… Y aunque tú digas que no lo ves…, sí que creces. Hace días que te lo quería decir… El otro día estaba mirando fotos de hace unos meses y estás distinto. Vale, quizá aún no tan alto como Leo, pero estás cambiando.
¡Nadia no se podía imaginar hasta qué punto esas palabras habían hecho feliz a Bruno!