Hablemos de San Juan
Julia hacía días que veía a Goa un poco abatida y no solo después de volver de casa de su padre. Sabía que le habían ocurrido muchas cosas y quería animarla, así que pensó que hablar de la verbena y de lo que iban a hacer con Zu y sus dos hijos le podría venir bien.
Goa bajaba las escaleras cuando vio a su madre en la mesa de la cocina con la tableta delante.
—¡Corre, ven, que estoy en una videollamada con Zu y los niños!
Se acercó, se puso detrás de su madre y saludó a Zu y a Marcus, que se veían en pantalla.
—¡Hola! ¿Qué tal? —dijo Goa con una sonrisa.
—¡Hola! Uy… ¿Gafas nuevas? ¡Me encantan! —exclamó Zu.
—Son las viejas que ya tenía. Es que perdí las otras. Y me he comprado unas nuevas, pero van a tardar unos días. Un palo… Estas son horribles —le sacó importancia ella.
—Nooo… Son como retro, ¿no? —A Zu todo le parecía « fashion » o «retro» según sus hijos.
—Mamá, no digas «retro», ¡que das cringe cuando lo dices! —Era Klaus, que se oía a lo lejos.
—Venga, Klaus, no me critiques y ven, que así nos vemos todos; tenemos que hablar de lo que vamos a hacer.
De repente, Goa lo vio en pantalla. Como siempre le ocurría cuando lo veía tras muchos días, lo vio muy guapo. Llevaba una camiseta blanca de tirantes y parecía que tuviera el pelo más largo.
—¡Hola! —la saludó.
—¡Hola! —Goa le respondió deseando no haberse puesto roja.
—Julia y yo estábamos diciendo —comenzó Zu— que, ya que hemos alquilado una casa en la playa, podríamos hacer la verbena allí, en la arena.
Normalmente, donde vamos suelen hacer una hoguera delante del mar y montan un escenario y hay música hasta las tres de la mañana más o menos.
Yo iba siempre con mis padres; supongo que aún hacen lo mismo. ¿Qué os parece?