¿Qué estamos haciendo aquí?
Víctor había quedado con Fabio a las siete de la tarde, con la esperanza de que ya no hiciera tanto calor. Se había duchado y vestido a conciencia, perfumándose en exceso y dejando toda la casa con una mezcla de colonia y desodorante que su madre notó hasta el día siguiente por la mañana.
Estaba nervioso, pero tenía ganas. Justo antes de llegar a la otra punta de la ciudad, a la terraza donde había quedado con Fabio, Klaus le escribió:
Klaus:
¿Nervioso?
Víctor:
¿A ti qué te parece?
Klaus:
Que estás como un flan.
Víctor:
EXACTO. ¿Y qué le digo?
Klaus:
Le dices «hola» y a partir de ahí ya irá fluyendo la cosa…
Víctor:
Yo no lo veo tan fácil. Estoy llegando y ya lo veo sentado. Te dejo.
Se guardó el móvil en el bolsillo y se acercó hasta donde estaba Fabio.
Se saludaron y se sentó en la silla que había delante de él.
Víctor ahora estaba aún más nervioso. Lo miró con cierta vergüenza y vio que tenía un par de granitos en la mejilla izquierda cubiertos con unas pegatinas con forma de estrella.
—¿Qué tal? ¿Te ha costado encontrar la plaza? ¿Sabías dónde estaba?
—No había venido nunca, la verdad. Es que está en la otra punta. ¿Vives por esta zona?
—No…
—¿Y qué estamos haciendo aquí?
—No sé… Es que me daba cosa quedar por los alrededores del instituto.
Esa respuesta frustró mucho a Víctor. Después de que Fabio se hubiera puesto en contacto con él, ¿ahora se avergonzaba de haber quedado? ¿En serio?
—¿Y eso por qué?
—No sé… Es la primera vez que quedo con alguien… Quiero decir, con alguien que no es un amigo…
—¿Y de eso te avergüenzas?
Fabio notó el tono un tanto molesto de Víctor y se apresuró a decirle:
—Oye, no quería ofenderte, es solo que… no sé… Para mí, esto no es fácil. No he quedado nunca con alguien… como tú.
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo soy yo?
—No sé… Quiero decir…, alguien guapo como tú.
Víctor no se esperaba esa respuesta y le encantó. Le acababa de decir que era guapo y que estaba como nervioso de haber quedado con él. Pero lo que le dijo luego no le gustó tanto:
—Supongo que te preguntas por qué he querido quedar contigo.
Pues, mira, es que he visto que te vistes superbién y me encanta tu estilo, y me gustaría que me acompañaras algún día a comprar porque tengo una boda importante: se casa mi hermano mayor.
Era por si me ayudabas. Pero antes creía que nos teníamos que conocer un poco .
«¿¿¿Cómo???» , pensó Víctor. O sea…, ¿que no quería quedar con él porque le gustara o porque tuviera ganas de conocerlo y salir con él, sino para que lo ayudara a escoger un outfit ? ¿En serio? Y si era solo para eso, ¿por qué no se lo había dicho antes de quedar?
—Pues me lo podrías haber dicho por mensaje, ¿no? —dijo Víctor, bastante ofendido.
—Es que pensé que me ibas a mandar a la mierda… —Fabio se sintió mal.
— ¡Pues ahora no me siento mucho mejor! —le respondió Víctor, que tuvo muchas ganas de escribir a Klaus y de decirle que, de nuevo, no había triunfado, que el tal Fabio solo le iba detrás para que lo ayudara a escoger un outfit .
Pero justo entonces se imaginó la respuesta de Klaus: «¿No decías que te gustaría ser personal shopper ?
Pues ya lo tienes, empieza a practicar», y entonces ya no se sintió tan mal.
—¿Estás enfadado? —le preguntó Fabio.
—En realidad…, no. Da igual, ya me imaginaba que tampoco tenías interés en mí…
—Bueno, eso tampoco es cierto. Ya te he dicho que me pareces muy guapo… y que vistes muy bien. No le habría pedido que me acompañara a comprar a alguien que no… me gusta.
¿O sea que sí que le gustaba a Fabio? Solo de oír esas palabras, Víctor se sonrojó. Pero fue rápido y respondió:
—Pero, si quedamos para ir a comprar…, ¿no te va a importar que nos vean juntos por el centro?
—Supongo que sí, pero… no sé… Lo tendré que superar si quiero que me ayudes con el outfit , ¿no? Todas las primeras veces cuestan un poco, pero creo que…, no sé…, lo superaré.
Esa respuesta fue la que más le gustó a Víctor, porque intuyó que Fabio quería quedar con él no solo para ir a comprar el outfit de la boda de su hermano, sino más veces.
Le había dicho cosas muy bonitas que nunca nadie le había dicho antes…
Y ahora, en ese lado de la ciudad que ni siquiera sabía que existía, Víctor se sentía feliz .
Dio unos cuantos tragos más al café con leche que se había pedido —le iba a costar dormirse por habérselo tomado tan tarde— y, relajadamente, le preguntó:
—Bueno, dime…, ¿qué estilo te gustaría llevar a la boda de tu hermano?