¿Qué ha pasado?
Horas más tarde, Julia agarró el teléfono y le escribió a Alberto:
Julia:
Hola, ¿os ha ocurrido algo con Goa? Ha vuelto fatal y aún no ha salido de su cuarto.
Alberto:
Se ha pasado el fin de semana enfadada.
Julia:
¿Por qué?
Alberto:
En San Juan nos vamos a Menorca los tres y se lo ha tomado fatal porque dice que no la queremos con nosotros.
Julia:
Ah… Ahora lo entiendo.
Alberto:
Pero es porque había una muy buena oferta en junio, no porque no queramos estar con ella.
Julia:
Ya… Me lo creo. Pero es normal que se haya ofendido. Se ha sentido excluida.
Alberto:
Nuestra hija es muy sensible, ¿eh? No es para tanto, ya haremos otra cosa en verano.
Julia:
Ya, pero seguro que le gusta más ir a Menorca que al camping, como hacéis cada año.
Alberto:
Los adolescentes de hoy en día solo quieren hacer cosas TOP… A mí, de pequeño, no me llevaban ni de vacaciones, ¡que no se queje tanto! Que no es tan terrible.
Julia:
Pero la tienes que entender… También quería ir.
Alberto se sintió mal y le dio rabia que Julia le dijera todo eso. Se sintió juzgado y le respondió:
Alberto:
Podemos hacer lo que queramos cuando no esté con nosotros. A ver si todo lo tenemos que condicionar a cuando la tengamos.
Julia:
No he dicho eso. Bueno, da igual.
Ella sabía que, si seguían hablando, acabarían peleándose y no tenía ningunas ganas. Alberto no quería entender el punto de vista de Goa, tal vez porque algo dentro de él le decía que quizá, y solo quizá, se había equivocado y tendrían que haberse ido a Menorca los cuatro.
Julia:
Ya hablaremos. Que vaya bien. Recuerdos.
Alberto:
¡Adiós!
Ahora la madre de Goa ya sabía qué había pasado y lo entendía. Cuando bajó a cenar, su hija y Pablo ya estaban sentados a la mesa en silencio. Él no quería atosigarla con preguntas y respetó su estado de ánimo.
— Ya sé qué ha ocurrido en casa de papá. Lo siento —le dijo Julia con empatía.
—No quiero hablar del tema. —Goa solo quería cenar y volver a encerrarse en su cuarto.
—Vale. Oye, también te quería comentar que, si sientes que lo necesitas o que estás mal y que ir al psicólogo te podría ayudar , solo nos lo tienes que decir y buscaremos a alguien.
—¿A qué viene esto ahora? —Goa no se lo podía creer: ¿tenían que hablarlo en ese momento, antes de cenar y encima delante de Pablo? ¿Su madre estaba loca o qué?
—Pues a que hace días que te veo mal y que tal vez te ayudaría. Solo quiero que sepas que últimamente creo que tal vez es lo que necesitas.
—Mamá, por favor. ¡Ni de coña pienso ir al psicólogo! ¡Y parte de mi malestar es por vuestra culpa! —Goa estaba hasta la coronilla y NO quería tener esa conversación ahora, pero tampoco quería quedarse callada y oír las burradas que decía su madre.
—¿Nuestra culpa? —Julia ya estaba viendo que esa conversación no iba por el camino que a ella le hubiera gustado.
—¿Podemos cenar y ya está? ¿Puedes no sacar temas de este tipo en la mesa?
Siempre me has dicho que en la mesa tenemos que hablar de cosas agradables para que la comida nos siente bien, ¿y ahora me vienes con que tengo que ir al psicólogo?
¿Te parece que estoy loca, entonces? ¿Que no tengo motivos para estar como estoy?
Goa se estaba acelerando y cada vez se sentía más y más enfadada.
Era como si ese comentario de su madre hubiera despertado un monstruo que era fruto de todo el malestar de las últimas semanas: las notas, las amistades, el vídeo, el meme —que había fingido que no le importaba y no era del todo cierto—, las gafas voladoras, su hermano, su padre, Menorca, el nuevo novio de su madre, Klaus (y su abuelo), Leo…
Y aunque no había sido consciente de todo lo que los últimos meses le habían ido removiendo, ahora parecía que todo tenía un peso insostenible.
—Yo no estoy diciendo eso, ¡y en ningún caso creo que estés loca!
—¡Seguro que lo piensas! ¡Como todos! ¡Que soy una exagerada! ¡O que soy demasiado sensible!
—¡Yo nunca he dicho eso! —Julia se estaba desesperando. Definitivamente, su hija estaba fatal y necesitaba, más que nunca, ayuda .
—Has hecho que se me quite el hambre, mamá. ¡Muchas gracias!
Goa se levantó de la mesa y subió las escaleras sintiendo mucha vergüenza por el espectáculo que acababa de montar delante de Pablo.
Bueno, ¿no quería entrar en la familia? Pues la familia también era eso.
También era malestar y peleas, pensó ella cuando se tiró encima de la cama y volvió a hacer lo que llevaba haciendo todo el fin de semana: llorar desconsoladamente .