Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) Tengo un dilema
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Tengo un dilema

Al día siguiente por la mañana, Víctor se había vestido con sus mejores galas: un polo de color azul cielo, unas bermudas blancas de lino y unas abarcas de color marrón claro.

Había visto a Klaus bastante alicaído esos últimos días y pensó que ir a distraerlo le iría bien.

Cuando Zu le abrió la puerta, se sorprendió porque era la última persona que esperaba ver.

—¡Víctor! No sabía que habíais quedado.

—Klaus tampoco, pero había pensado que le iría bien distraerse un poco… Y a mí también, la verdad… He desayunado con mis padres y ya no podía estar allí ni un minuto más.

—¿Y eso?

—¡Me agobian! —dijo Víctor con total sinceridad.

—Ja, ja, ja… Los hijos siempre decís que os agobiamos. —Zu sintió empatía por los padres de ese chico que tenía ahí delante, quejándose.

—No, no, con mis padres te juro que es verdad. ¡Creo que son capaces de hacerte como veinte preguntas por segundo, sin exagerar! —Víctor era muy expresivo cuando hablaba: movía los brazos sin parar y eso a Zu le hacía mucha gracia.

—Anda…, ¡no será para tanto! —exclamó ella mientras Víctor ya iba hacia el cuarto de su amigo.

—¡Un día te los presento y estoy seguro de que tendrás suficiente con veinte segundos para darme la razón!

Zu se echó a reír. «¡Qué exagerados que son los adolescentes!» , pensó. Entonces dijo, mientras Víctor se alejaba:

—¡Puede que esté durmiendo!

—Ningún problema.

Víctor llamó a la puerta dos veces, pero no respondió nadie. Él lo interpretó como una invitación para entrar.

—Tú, dormilón, despierta… ¡Venga, hagamos algo! En casa me aburría. ¿Cómo puede ser que duermas tanto?