La inocencia de Marcus
La última cena de Dietrich, Zu, Klaus y Marcus juntos en Berlín fue muy agradable.
Tras un día difícil a nivel emocional por el funeral del abuelo, todo el mundo había puesto de su parte para intentar, durante unos instantes, hablar de otras cosas.
Tomaron decisiones sobre el campamento de Klaus de julio (al final sí que iría), hablaron del fútbol de Marcus, de las notas que les iban a quedar ese curso, de si querían cambiar alguna extraescolar la temporada siguiente, recordaron unas vacaciones a Países Bajos y se rieron de cómo roncaba Dietrich cada noche.
Hacía MUCHO tiempo que no tenían una comida como aquella los cuatro.
Los últimos dos años en los que Zu y Dietrich habían sido pareja, las comidas juntos habían sido tensas, con uno de los dos de morros, criticándose o reprochándose cosas del pasado.
Para Marcus y Klaus, esa época había sido una tortura.
Tanto que este último incluso había deseado que sus padres se separaran para no tener que vivir más con esa tensión tan horrible.
Por eso, que aquella cena hubiera sido amena y agradable dio muchas esperanzas a Marcus, que cada minuto que pasaba se sentía más cómodo. De repente, justo antes de levantarse para recoger la mesa, su padre les dijo:
— Klaus, Marcus…, esperad un momento. Os quería comentar una cosa y es que… he conocido a alguien .
Se hizo el silencio. Zu intentaba descifrar qué decían las caras de sus hijos, Dietrich aguantaba la respiración por el miedo a sus respuestas, Klaus trataba de procesar la noticia y Marcus no sabía por qué conocer a alguien nuevo se tenía que anunciar mientras estaban todos en la mesa.
—¿Y? —preguntó este último sin entender nada.
—Marcus, quiere decir que tiene novia, que creo que no lo has pillado —le respondió su hermano sin miramientos.
Y, efectivamente, no lo había «pillado».
— ¿Tienes novia, papá? —La cara de sorpresa de Marcus no la iban a olvidar nunca ni Zu ni Dietrich.
—No, tampoco es una novia… Es una mujer a quien estoy conociendo. Pero quería que lo supierais para que, si este verano os la presento, no sea un choque.
Todas las ilusiones de Marcus se acababan de desvanecer…
—Pero ¿cómo? ¡Si mamá y tú estabais superbién estos días! ¡¡¡Yo creía que volveríais a estar juntos!!! ¿Por qué? ¡Es que no puedo confiar en vosotros! ¡¡¡Me engañáis!!! —Esta salida tan airada de Marcus no se la esperaban para nada.
—Marcus, ¡te he dicho muchas veces que no iban a volver! Pero no me querías escuchar… —A Klaus no le sorprendió nada esa noticia y pensó que su hermano era demasiado inocente … o quizá, simplemente, demasiado pequeño para entender las relaciones amorosas de sus padres.
—¿Y tú, mamá? ¿No dices nada? —Marcus dirigió su rabia hacia ella, extrañado de que Zu no se hubiera indignado con la noticia de su exmarido.
—Marcus, yo ya lo sabía y me parece bien. Tu padre y yo no vamos a volver. Fuimos muy felices, pero ya no nos queremos como pareja. Somos amigos y somos familia porque os tenemos a vosotros, pero ya no queremos vivir juntos. Creía que te lo habíamos dejado claro. —A Zu se le rompía el corazón.
—¡Pues ya ves que no! —Marcus se echó a llorar.
—Me sabe muy mal… Siento que te hayas hecho ilusiones… Mamá y yo nos querremos siempre, pero ya no volveremos a estar juntos como antes, cuando vivíais en Berlín. Lo siento, hijo. —Dietrich, ahora mismo, se sentía muy culpable.
Marcus, finalmente, se levantó de la silla de golpe, como si esta le quemara, y arrancó a correr hasta la habitación que compartía con Klaus.
Se lanzó sobre la cama y se echó a llorar como si no hubiera un mañana.
En ese llanto salieron muchas cosas : no solo las ilusiones rotas, sino también toda la tensión vivida ese día y el duelo por su abuelo, que justo acababa de empezar.
Klaus entró en la habitación y le dijo:
—Oye, hermanito…, me sabe mal que te lo hayas tomado así.
Marcus se limpió los mocos con la manga de la camiseta e, intentando coger aire, respondió:
—Pero ¿ a ti no te da rabia que no vayan a volver? ¿Por qué parece que solo me sepa mal a mí? —Marcus no lo entendía.
—Porque solo te sabe mal a ti. ¿No recuerdas el palazo que daba cuando estaban juntos? En plan…, ¡discutían todo el día, bro! —Klaus tuvo que recordárselo.
—Pero estos días no han discutido. ¡Podría ser distinto! —Marcus estaba convencido.
—No han discutido porque han sido solo dos días y porque se ha muerto el abuelo.
Pero si volvieran a vivir juntos, al cabo de nada estarían igual.
Ya no se llevan bien, Marcus… Ya no quieren estar juntos.
Y papá tendrá novia y ¡mamá, algún día también!
—Klaus creía que su hermano se tenía que hacer a la idea.
— ¡¿¡¿Mamá tendrá novia?!?! —Marcus dejó de llorar al imaginar a su madre de la mano con otra mujer. ¡No se lo podía creer!