¿Van a volver?
En casa de Dietrich, a las seis de la tarde, Klaus y Marcus ponían la mesa.
Todo era muy raro. Nunca habían estado los cuatro en ese piso al que su padre se había ido a vivir tras separarse de Zu, pero las cosas que habían hecho esos días (comer, charlar, ir a dormir…) eran las mismas que acostumbraban a hacer estando juntos como familia .
Esa situación excepcional los removía emocionalmente a todos, pero ninguno decía nada.
Los cuatro actuaban como si fuese lo más normal del mundo, pero todos sabían que, de normal, no había nada.
Estaban allí como una familia porque el abuelo se había muerto, pero Marcus, dejando a un lado la tristeza, también sentía un punto de ilusión .
Era muy agradable volver a ver a su padre y a su madre haciendo las cosas que los había visto hacer tantas veces, pero en esta ocasión sin discutir: respetándose, hablándose bien, acompañándose en aquellas circunstancias tan extrañas.
En un momento en el que él y su hermano se quedaron solos en el comedor, Marcus le preguntó:
—¿Qué? —preguntó Klaus, que no entendió a qué se refería.
—Que si papá y mamá van a volver a estar juntos… Ahora están bien, ¿no? Ya no se enfadan ni se gritan…, y en el funeral los he visto abrazados… Yo creo que quizá quieren volver a estar juntos.
A Klaus le dio pena su hermano. Su edad y su inocencia no le permitían ver que lo que él deseaba con todas sus fuerzas no sería posible.
Y no lo iba a ser porque Klaus notaba que ya ninguno de los dos se miraba con la cara que se tienen que mirar dos personas que quieren estar juntas.
Le supo mal ser tan directo, pero creyó que tenía que hablarle a su hermano con sinceridad:
— No, no van a volver, Marcus. Es imposible. Pero está guay que, por lo menos, hayan dejado de enfadarse y hablarse fatal, para variar.
—Pero quizá ahora sí que se han dado cuenta de que quieren estar juntos… —Marcus no perdía la esperanza.
—No, eso no va a pasar. Ya no tienen nada en común, viven en países distintos, yo creo que ahora ni siquiera se gustan. Mamá ha venido porque se ha muerto el abuelo y ya está. No te hagas ilusiones —le dijo Klaus con seriedad para que su hermano viera que no iba de farol.
—Pues menuda mierda… —Marcus bajó la cabeza aceptando su «derrota» .
En el cuarto que Dietrich usaba de despacho, él y Zu habían cerrado la puerta para que los niños no los oyeran.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella intrigada.
—No, solo que te quería contar que he conocido a alguien y te lo quería decir a ti antes que a los niños.
No lo he buscado, pero no sé…, hace un tiempo, tampoco mucho, que me estoy viendo con una mujer, la amiga de un amigo, y hemos empezado a salir.
Aún no es nada formal, por eso no ha venido al funeral…
, pero quería que lo supieras. —Dietrich lo decía casi mirando al suelo…
Le daba cosa mirar a Zu a los ojos porque no sabía cómo se lo iba a tomar.
—¿Ah, sí? Fantástico, Dietrich. Me alegro mucho por ti. Nos merecemos alegría en nuestras vidas, porque mira luego qué pasa: nos morimos y sanseacabó. O sea que, si con esta mujer eres feliz, ¡adelante! —Zu se lo dijo con el corazón en la mano y sin rencores.
—Vaya… No creía que te lo tomarías tan bien. —Dietrich parecía un poco molesto de que ella no se hubiera puesto, por lo menos, un poco triste.
—¿Por qué me lo iba a tomar a mal? Te quiero, he pasado muchos años contigo, quiero que seas feliz por ti y porque eres el padre de mis hijos. Y no nos engañemos, Dietrich, hace muchos años que lo nuestro murió .
Dietrich sabía que ella tenía razón.
—¿Y tú? ¿Estás con alguien? —le preguntó él.
—No, la verdad es que no tengo tiempo… Alguna amiga dice que me descargue una aplicación de estas para encontrar pareja, pero me da un palo tremendo; prefiero ser una antigua y conocer a alguien en el trabajo o en la calle o allá donde sea, pero en la vida 1.0. Cuando tenga pareja, te lo diré.
—Gracias.
—Por cierto, ¿cuándo se lo contarás a los niños? —preguntó Zu, que no quería meter la pata.
—No lo sé… Se lo quería decir hoy porque mañana os vais, pero quizá son demasiadas cosas en unos días en los que ya lo han pasado bastante mal…
—Como veas —repuso ella—. Pero creo que es una buena noticia , no mala, y que, en todo caso, les sabrá peor si son los últimos en enterarse.
—Vale. Pues se lo diré esta noche —sentenció Dietrich, decidido a lanzar la noticia antes de irse a dormir.