Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) No estoy de humor
28%

No estoy de humor

Cuando Goa y Julia se pusieron a caminar hacia el centro para ver si encontraban unas nuevas gafas que sustituyeran las azules voladoras, la madre pensó que era un buen momento para hablar de lo que habían vivido el día anterior con la familia de Pablo.

—¿Cómo te fue en el parque de atracciones con Claudia? Ayer no te lo quise preguntar, pero tal vez hoy ya podemos hablarlo.

—Mamá, no tengo ganas de hablar de Claudia. —Era lo último que Goa quería en ese momento.

—Pero ¿estuvisteis bien? —preguntó Julia, como si no hubiera oído nada.

—Mamá, ¿no me has oído? Ahora no.

—Ay, hija… ¿Y por qué no podemos hablar de eso? —Julia detestaba cuando Goa se cerraba en banda.

—Porque no. He tenido un mal día y no quiero hablar.

—Y caminamos hasta el centro… ¡¿en silencio?! —preguntó Julia, que se había imaginado pasando una tarde agradable con su hija.

— ¿Qué problema hay? —dijo Goa, un poco molesta.

—Pues que es un palo que no podamos hablar… ¿Y por qué has tenido un mal día hoy?

—Mamá…, por favor…

—Lo quiero saber, ¿qué ha pasado? ¿Por las gafas? —De repente, Julia tuvo miedo de que alguien se hubiera metido con su hija o hubiera salido otro meme aún peor que el primero.

—Por las gafas, porque he VUELTO a ser el centro de atención y porque he sacado una mierda de nota en el examen de Mates —dijo, finalmente, Goa.

—¿Has suspendido? —Eso sí que Julia no se lo esperaba.

—No, pero he sacado un cinco con nueve y creía que iba a sacar…, no lo sé…, un notable.

—Ah, me habías asustado… Te han pasado muchas cosas últimamente y la verdad es que creo que tampoco has estudiado mucho, ¿no?

— ¡Mamá! ¡¡¡Sí que he estudiado!!! —protestó Goa, indignada.

—Que seguro que te has sentado muchos ratos a estudiar, eso no lo dudo, pero a menudo, cuando te sentabas, en ese momento te llamaba alguien o te levantabas al cabo de nada o te distraías con otras cosas.

Por lo menos aquí, en casa… ¡No sé si en casa de tu padre te concentras con más facilidad!

—comentó Julia, aunque intuía que en casa de Alberto le debía de haber pasado lo mismo.

—No lo sé, Martín lloraba mucho, y no me concentro para estudiar si llora o si lo oigo parlotear a su manera…

—¿Lo ves? —Su madre tenía claro que Goa no era tonta, sino que había estudiado más bien poco—. El año que viene te tendrás que poner con más atención si quieres mejorar las notas.

—Ya lo sé, mamá, ¡¡¡no hace falta que me lo digas!!! —saltó ella, sintiendo mucha rabia de que su madre le dijera cosas obvias que ella sabía perfectamente.

—Ay, no te enfades… Venga, que ya termina el curso y tendrás vacaciones y ¡nos iremos a celebrar la verbena de San Juan con Klaus, Marcus y Zu! Será genial, ya lo verás. Y a ver si te animas un poquito…

Goa no pensaba en ello desde hacía mucho rato, y ahora, que estaba bastante chof, se le hacía una montaña tener que hacer frente a unos días con Klaus.

¿Qué iba a pasar? ¿Cómo iría? ¿Y si se volvía a colgar de él, como a principios de año?

¿Y si luego lo echaba de menos como una loca?

¿Y si Klaus no le hacía caso? ¿Y si se enfadaban y esos días se convertían en un infierno? ¿Y si…?

Imaginando todos los escenarios más terribles, Goa llegó a la óptica. Se tenía que animar porque si no, con ese humor, no encontraría ningunas gafas que le gustaran.