Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) ¡No entiendo nada!
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¡No entiendo nada!

Klaus estaba tan cansado como si hubiera corrido una maratón, aunque prácticamente se había pasado todo el día sentado o moviéndose muy poco. «Son las emociones», le había dicho su madre cuando él se había quejado de estar «hecho polvo».

— ¿Las emociones cansan? —había preguntado Marcus, que también se notaba cansado.

—Mucho. Todas las emociones las sentimos dentro del cuerpo, y cuando se nos acumulan muchas cosas, como hoy, que con el funeral del abuelo hemos estado MUY removidos, nuestro cuerpo, aunque no lo parezca, gasta mucha energía y entonces tenemos la sensación de cansancio extremo aunque no hayamos hecho nada de ejercicio. Es normal .

—Qué fuerte —había respondido el hermano de Klaus mientras este solo escuchaba.

Cuando Klaus estaba en su habitación acabando de hacer la maleta para dejarlo todo listo para al día siguiente tomar el avión de vuelta a casa, le sonó el teléfono.

—Hola. ¿Puedes hablar? —Era la primera vez que su prima Martina lo llamaba. Klaus flipó.

—¿Martina? ¡Si tú no me llamas nunca! ¿Por qué no me has mandado un mensaje?

— No le mandas un mensaje a tu primo del alma cuando se le ha muerto el abuelo. Cuando pasa eso, se llama. Que, aunque yo sea una rebelde, estas cosas las sé y las hago bien —dijo ella, esperando que a Klaus le hiciera ilusión recibir su llamada.

—Pues me alegro mucho de que me hayas llamado. Ha sido un día de mierda. —Era muy fácil hablar con Martina.

—Es normal. ¿Cómo ha ido? —A la prima de Klaus se le habían muerto ya sus abuelos por parte de padre y entendía bien el sentimiento que ahora tenía él..

—Pfff… Mal, supongo. Bueno, no sé cómo se supone que tienen que ir estas cosas… Pero resumiendo: un palo .

—Y tú, ¿cómo estás? —Martina estaba realmente interesada en el estado de su primo.

—Triste y a la vez, no lo sé, es raro. Tengo la sensación de que el abuelo está en casa, con mi abuela, y que cuando vaya lo volveré a ver…, y no. No sé, me cuesta hacerme a la idea.

—Ya…, es megarraro esto de la muerte, ¿no te parece?

—Mucho. Yo no lo entiendo. ¿Dónde está ahora mi abuelo? Su cuerpo ya lo sé, pero ¿él? Él de verdad… ¿adónde ha ido? Me cuesta todo eso…

—Yo flipo a veces: el ser humano es capaz de ir a la Luna, de inventar la inteligencia artificial y todas esas cosas y, al mismo tiempo, es incapaz de descifrar…

, en plan…, ¡el misterio de la vida!, ¿sabes?

Del palo…, ¿por qué estamos aquí?, ¿por qué nacemos?

, ¿por qué morimos…? ¿No te parece alucinante? ¡Yo no entiendo nada, bro!

—Ni yo…, es para flipar. Todo muy surrealista, ¿no? Y mañana… al instituto, como si no hubiera pasado nada. ¡Es una locura! ¡¿Cómo voy a hacer como si no hubiera pasado nada?! ¡Se ha muerto mi abuelo! —saltó Klaus, con cierta indignación.

—Es que no hace falta. Sí que ha pasado y es normal que no hagas como si nada.

No sé… Yo esto de la vida y la muerte… De verdad…

, ¡es muy fuerte! —dijo Martina con total sinceridad—.

Pero estoy aquí. Siempre voy a estar para ti, ¿me oyes?

O sea, que si estás mal y no me lo cuentas… , te doy una colleja, ¿vale?

Klaus se echó a reír.

—Ah, ¿que encima voy a recibir? ¡Ya te vale! —dijo, ahora un poco mejor que antes de hablar con su prima. Martina siempre le causaba este efecto.