¿Qué te pasa?
Justo cuando Goa había abierto el armario para decidir qué se ponía para ir a la óptica a escoger unas gafas nuevas, le sonó el teléfono. Era Ana. «Uf…» , pensó. Y esta reacción era rara, porque Goa siempre tenía ganas de hablar con Ana. Lo dejó sonar tres veces y al final respondió:
—Hola.
—¡Hola! ¿Qué haces?
—Me quería cambiar. Ahora iremos al centro a comprar unas gafas nuevas —dijo Goa con desgana.
—Hala, qué guay. Si quieres que vaya a asesorarte…
Goa no respondió.
— Amore , ¿qué te pasa? Te he notado distante cuando volvíamos a casa y no sé…, en plan…, soy yo, Goa. —Ana tenía razón. Era su amiga… ¿Por qué ahora le costaba abrirse?
—Nada, supongo que tengo un mal día y estoy muy cansada de ayer y de todo un poco.
—¿Seguro que solo es cansancio? —Ana no estaba nada convencida.
—Sí… Bueno, y que no me esperaba la nota de Mates. No lo sé, bro…, yo había estudiado.
—Ya… Da mucha rabia, pero has tenido un trimestre muy removido… Tampoco te rayes con eso —dijo Ana, intentando animarla.
—Me quedarán unas notas finales de pena, la verdad. Y no sé… A todos os ha ido mucho mejor, y a veces me frustra ver que estudio pero que no termino de sacar buenas notas. —Goa por fin se había abierto.
—Pero, ahora de verdad: habías estudiado… ¿MUCHO? —Ana sabía que Goa no había estudiado demasiado.
—Normal, no sé. O sea, me he puesto muchas veces delante de los apuntes, eso sí…, pero quizá no he terminado de aprovechar el tiempo o quizá tenía la cabeza en otro lado.
—¿Lo ves? Ya lo tienes… Es eso, que has pasado por muchas cosas, muchas emociones y quizá no has podido acabar de concentrarte como necesitabas. El año que viene va a ser mejor, ya lo verás. —Ana quería sentir que Goa estaba contenta y feliz.
—Ya…, tal vez sí. No lo sé… Ana, tengo que colgar. Mi madre me está esperando para ir a comprar las gafas —dijo Goa con una voz que no transmitía ni alegría ni felicidad.
—Bueno, vale. ¿Seguro que no quieres que vaya? —Ana quería que dijera que sí, pero Goa no estaba de humor.
—Tranqui, te mandaré fotos y me das tu aprobación, ¿vale?
—OK, como quieras… Pero estoy aquí, ¿sí? Siempre. ¿Lo sabes? —dijo Ana con voz dulce, queriendo transmitirle todo el amor que sentía por ella.
—Sí, lo sé. Te quiero.
—¡Yo más!
Y colgaron. Ana se quedó un poco más tranquila después de hablar con Goa, pero sabía que, tal como había dicho Laura un rato antes, a su amiga le pasaban muchas más cosas y no solo lo de la nota del examen de Mates.
Y estas otras cosas no se las había contado.
¿Era porque ni Goa misma sabía lo que le pasaba o porque no quería abrirse? Ana se quedó con esa duda.