Eres única, Goa (Me llamo Goa 12) Jurádmelo
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Jurádmelo

Esa mañana intercambió pocas palabras con sus compañeros.

Normalmente, no es que fuese muy abierta con la gente de la clase, pero lo cierto era que, desde el episodio de acoso, había tenido cierto acercamiento con dos compañeras que se llamaban Teresa y Gina.

Aun así, no las consideraba amigas, sino más bien compañeras con quienes hablaba de los deberes o de los exámenes, y que pasaban ratos juntas en el patio.

Nada más. No se veían fuera de clase ni se contaban intimidades.

A Nadia le daba miedo que hubieran recurrido a ella solo por pena después de todo lo que había sucedido con esos tres que la habían molestado durante semanas a lo largo del segundo trimestre.

No sabía si se habían acercado por la lástima que les había dado o por un sentimiento genuino de querer tenerla de compañera porque les gustaba cómo era.

La duda hacía que ella no terminara de abrirse y, si no eran más amigas, Nadia pensaba que tal vez también era por su culpa, porque no había llegado a incluirlas en su vida.

Fuera como fuese, esa mañana seguía con los nervios dentro y, al terminar las clases, mientras se dirigía hacia su casa, se preguntó qué era lo que la hacía estar así: tenía una especie de malestar en la barriga que no la dejaba respirar tranquila .

Recordó lo que le había dicho su psicóloga: tenía que conectar con su cuerpo y observar la inquietud que sentía y tirar del hilo para saber en qué momento había aparecido esa sensación.

Tiró hacia atrás, intentando descubrir desde cuándo estaba así, y se dio cuenta de que había empezado el día anterior, por la noche, justo después de colgar la videollamada que había hecho en el chat de «Besties» con Ana y Goa.

De repente, lo vio claro. ¡Bingo! Ya sabía qué era esa inquietud : miedo de que sus amigas le contasen a Bruno (con quien ellas habían pasado la mañana) lo que Nadia les había confesado que sentía por él.

Sin dudarlo ni un segundo, agarró el teléfono móvil y les escribió por el chat que tenían las tres en la aplicación de WhatsApp:

Nadia:

Chicas, decidme que no le habéis contado nada a Bruno esta mañana y que NUNCA le vais a decir lo que os conté ayer.

Al cabo de un rato, ya en casa, Nadia leyó:

Ana:

No le hemos contado nada, ¿quién te crees que somos? ¡Las amigas no te traicionaríamos así!

Goa:

Estate tranquila, ¡no hemos dicho nada a nadie!

Nadia aún no estaba cien por cien convencida y se arrepentía de haberse sincerado con ellas:

Nadia:

Jurádmelo.

Ana, que veía que no la iban a tranquilizar ni con todos los juramentos del mundo, prefirió mandarle un audio. Quizá, al escuchar su voz, acabaría convenciéndola:

Ana:

Tía, Nadia, cálmate, que no le hemos dicho nada y, en plan…

, no se lo vamos a contar nunca jamás. Confieso que me encantaría que lo supiera y que salierais, pero eso ya es algo que tenéis que hacer vosotros dos solos, y ni yo ni Goa nos vamos a meter en medio.

Así que tranqui, Nadia. ¡Somos dos tumbas!

Nadia sonrió mientras escuchaba el mensaje de su amiga y entonces respondió con otro mensaje de voz:

Nadia:

Vale… Perdonad si soy pesada, pero es que no quiero que lo sepa porque es que…, no sé…, es muy raro y antes quiero estar muy segura.

Goa:

Nadia, no eres pesada y es normal que te quieras asegurar de que no vamos por ahí contando tu intimidad, pero, en serio, somos tus amigas: ¡no cotillearíamos así sobre ti! Os queremos a ti y a Bruno y queremos que estéis bien. No te agobies.

Goa había querido tranquilizar a su amiga también con un mensaje de voz.