Como si no hubiera pasado el tiempo
Cuando Klaus, Marcus, Zu y Dietrich llegaron a casa de este último, la madre dijo:
—Dejad las maletas hechas hoy, que mañana tendremos que madrugar para ir al aeropuerto y no podemos perder el avión.
Y en ese preciso instante, Klaus se dio cuenta de que, al día siguiente, volvería a la rutina del instituto y se le hizo muy raro.
Como si la muerte de su abuelo formara parte de un paréntesis, como si de una película se tratara, como si no hubiera ocurrido.
Pero sí que lo había hecho. Ese día había sido uno de los más duros que recordaba y solo había tenido una parte buena: Hans y sus padres habían ido al funeral y había podido hablar un rato con él.
El amigo de la infancia de Klaus vestía unos pantalones de pinza oscuros, zapatos deportivos negros y una camisa de manga larga con rayas grises.
Klaus nunca lo había visto vestir de un modo tan formal, y, si no hubiera sido porque se sentía muy triste, se habría echado a reír.
—¿Cómo estás? —le preguntó Hans en alemán.
—Mal… Era mi abuelo, me cuidó mucho, hablábamos de muchas cosas… Tú lo sabes, nos habías visto muchas veces juntos. —Klaus recordó todas las veces que habían estado Hans y él en casa de su abuelo.
—Sí, por eso he querido venir sí o sí, porque sé cómo os queríais… Menuda mierda eso de morirse, la verdad.
—Ni que lo digas —repuso Klaus, tan bajito que Hans casi ni lo oyó.
— ¿Quieres que continuemos hablando de él o quieres que te distraiga hablando de otra cosa? —le preguntó Hans con total confianza. A Klaus le pareció que era todo un detalle que su amigo se interesara por lo que él necesitaba.
—Mejor distráeme.
—Ningún problema. Oye, ¿te ha hablado tu padre de los campamentos de verano en julio? Son diez días más o menos, en un sitio guapísimo, al lado de un lago. Tengo amigos que van, pero me molaría más si tú vienes también. ¿Qué te parece?
—En teoría me toca con mi madre, pero me han dicho que no hay ningún problema si quiero ir. Ahora me cuesta pensar en el verano, pero si dices que está bien… Si no, seguro que me voy a aburrir… —A Klaus le iba bien hablar de otras cosas ahora mismo.
—Genial, bro. Nos lo vamos a pasar brutal, eso no lo dudes. Bueno, pues habla con tu padre y que te apunte. Yo le diré a mi madre que adelante.
—Vale.
—¿Cuándo te vas? —Hans se lo preguntó mientras revisaba mentalmente los planes que tenía, por si dispondrían de más tiempo para verse.
—Mañana a las siete de la mañana sale el avión. Mi madre quiere que vayamos al cole por la mañana, aunque lleguemos tarde.
—Qué palazo…
—Ya ves. Y no creo que nos podamos ver más… —Klaus sabía que Hans, esa misma tarde, tenía entrenamiento de hockey.
—Pues llámame por la noche, hablemos antes de que te vayas y a ver si ya nos han apuntado al campamento. Y me cuentas más cosas… Yo tengo novedades… Estoy hablando mucho con una de la otra clase que se llama Rebecca. Ya te lo contaré.
—¿En serio? Vaya…, qué calladito te lo tenías… —Klaus pensó que le podría contar cómo estaban las cosas con Goa, pero no se sentía de humor .
—Sí, mola.
Al cabo de cinco minutos más, los padres de Hans lo llamaron para irse. Entonces, Klaus volvió con su familia y se pasó un buen rato saludando a primos segundos que ni recordaba quiénes eran.