ERES TÚ
Dawn
S eptiembre llega a Nueva York con una llovizna fina pero persistente que invita a tardes de sofá, té caliente con especias y nueva temporada de la serie de éxito en Netflix.
Y así puedes encontrarlos: los dos acurrucados en el sofá del piso de Sunset, cubiertos con una manta fina de cuadros escoceses, la cabeza de ella reposando en el hombro de él y los ojos de él fijos en la pantalla plana de un televisor que llegó por FedEx desde Savannah la semana anterior y que supuestamente envió un viejo amigo de Ginger que se quedó con la caravana aparcada en The Woods por el módico precio de siete mil dólares.
—No es el negocio de mi vida, pero la verdad es que no esperaba sacar tanto por ese cacharro, así que tampoco voy a quejarme —le dijo Sunset por WhatsApp en cuanto cerró el trato.
El tipo había resultado ser casi tan honesto como la difunta abuela del chico y ahora este tenía todo ese dinero en la cuenta y la tranquilidad de saber que la vieja caravana no había acabado ni robada ni en el desguace.
—¿Cuándo has dicho que llega tu nuevo compañero?
—El fin de semana. Todavía estamos a miércoles, Dawn. Relájate y vamos a ver El cuento de la criada . Me han hablado muy bien de ella.
—No tengo ganas de ver nada desagradable. La lluvia ya me deprime bastante.
—Cariño, estoy aquí. No puedes deprimirte conmigo.
—Tampoco es que seas la alegría de la huerta, James. Casi todos los planes que hemos hecho desde que llegamos los he propuesto y organizado yo.
—Pues la noche de cine y pizza ha sido idea mía.
—Cuando te compres el deportivo, ¿iremos un poco más allá del sofá y de la cama?
—¿Qué tienes en contra de mi cama?
—Nada, pero soy más de paseos, de meterme por las calles y…
—¿Buscar librerías de viejo?
—Pues sí. Y no me pongas esa cara, como si no me conocieras, como si te pillara de nuevas mi afición a los libros. Cuando nos conocimos llevaba uno en la mano.
—Sí. Del revés. Te lo perdono porque entiendo que al lado de un tío como yo es difícil concentrarse.
—Serás creído. Eras insoportable. Y no sé qué decir ahora, la verdad.
—Oh, vamos, ahora no puedo parecerte insoportable. Deja de ronronear como un gatito y vamos a ver la película. no es de terror… Bueno, muy poco. Landon me dijo que te gustaría porque es una distopía feminista.
—Una historia donde las mujeres acaban mal no tiene mucho de feminismo.
—Así que sabes cómo acaba.
—Me leí la novela hace tiempo, pero no recuerdo mucho, así que puede ser buena idea ver la adaptación, aunque algunas dan más miedo que la idea original.
—No eres muy fan de las «versiones libres», por lo que veo.
—Es que algunas son tan tan «libres» que no guardan ninguna relación con lo que escribió el autor. Y me decepciona. Mucho. Prefiero un buen guion original que un mal guion adaptado.
—Si escribieras nuestra historia, ¿cómo sería?
—¿Nuestra historia? ¿Quieres que escriba nuestra historia?
—Eres escritora, ¿no? No parece disparatado, ¿o a ti te parece una absoluta locura?
—Es que nunca pensé que quisieras ver nuestra historia negro sobre blanco, nunca pensé que fueras a leer una historia como la nuestra. No va contigo, no nos engañemos.
—¿Y qué va conmigo, según tú?
—Nada romántico, James. Tú no eres romántico. Eres divertido, honesto y tienes buen corazón, pero no eres romántico, ni detallista, ni tampoco mi lector favorito; dudo que te conviertas en mi fan incondicional. Y pese a todo, te quiero. Ya lo sabes.
Dawn se muestra tan sincera como siempre, aunque a veces a él le duela, le incomode o lo obligue a mirarse en un espejo que no refleja lo que él quisiera ver.
—Lo sé, claro que lo sé, pero me duele que me dejes por imposible, que te rindas conmigo porque no me parezco al héroe de tus historias.
—¿Quién ha dicho que no seas mi héroe? Aunque, a decir verdad, yo te pondría antes en el papel de villano. Los villanos son sexis y a todo el mundo le gustan. Los villanos son la fantasía sexual de las lectoras.
—Así que me prefieres como villano. Pero los malos mueren al final. ¿Me quieres primero para matarme después? No sé si me gusta esa idea.
—No mueres tú. Muere tu personaje. Pero, aunque muera, la gente lo recordará siempre. Un buen villano es inolvidable.
—Pero… Si yo soy el villano sexi, ¿quién es el héroe? Prefiero ligarme a la chica guapa, aunque la gente acabe olvidándose de mí.
—No sé si yo entro en esa categoría, pero gracias por la parte que me toca. Le daré una vuelta a «nuestra historia» en los tiempos muertos entre clase y clase.
—No deberías tomártelo a broma, la nuestra es una buena historia. Y acabará bien… Si me dejas ser el héroe.
—Lo que tú digas, James.
Ahora se miran con la sorpresa de quienes nunca se han visto antes y al mismo tiempo se reconocen en la mirada cómplice del otro, como si se conocieran desde siempre, como si no imaginaran una vida y un lugar donde no estuviera el otro.
Como si sus vidas estuviesen inextricablemente ligadas.
Un vínculo sagrado e irrompible, capaz de desafiarlo todo. La vida y también la muerte.
Continuará…