Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 9 4
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Capítulo 9 4

Lina Dimettri

Cinco. Cuatro. Las luces rojas empiezan a desaparecer. Mi primera carrera como prometida. ¡¡¡He vuelto!!! Tres. Dos. Una parte de mí tiene miedo, pero por suerte, es la otra parte es la que sujeta los mandos. Uno.

Siento el empujón de la fuerza G aplastándome contra el asiento mientras paso de cero a «si te estampas, se acabó». No recuerdo cuándo fue la última vez que viví una salida tan agresiva. Alexander Olsen me arrincona al tiempo que el maldito Adam Verxen se hace con la primera posición.

—Lina, hay un muro a tu izquierda —dice cuando me acerco demasiado.

—Muy gracioso Jonathan Jonathan.

Dejo que el coche respire en la recta. Me pego todo lo que puedo al rebufo de Olsen y en cuanto abro DRS, el mundo entero se estira frente a mí.

—Mode push, Lina.

Obedezco. Activo el modo bestia. El motor ruge un poco más y mis brazos protestan mientras el volante tiembla en mis manos. La adrenalina se vierte sobre mí sin darme alternativa. Espero que Kathy se sienta orgullosa y espero que Alasdair me esté viendo bien. Voy a dar un buen espectáculo.

¿A alguien le sorprende que Antonov y yo tengamos un pequeño toque que me obligue a ir a boxes? No.

Pero tampoco debería sorprenderle a nadie que, aunque después de ese toque voy séptima, en la vuelta cuarenta y ocho ya estoy tercera dejando atrás a Eriksen y ganando margen de un segundo entero con él.

Y después segunda, tras adelantar a Dubois. *Grita con euforia*.

También está lloviendo bastante, eso no me lo esperaba.

—1.08 de Verxen, Lina.

—Dame tres vueltas.

—Tienes cinco para cuidar las ruedas.

—He dicho tres.

No lo consigo.

Estoy en la vuelta cincuenta y cinco y sigo por detrás de él, a medio segundo, con Jace Dubois pisándome los talones.

Las mejoras del coche de Adam Verxen son una pasada, una condena, y voy a tener pesadillas con ellas. Pero Kathy y yo somos mujeres muy aplicadas, hemos estudiado a fondo y hemos pasado muchas noches en vela con tal de llegar hasta aquí. No voy a decepcionarla.

El mundo se reduce al alerón trasero de Verxen. Todo lo ocurrido en Monza se refleja en ese trozo de carbono amarillo. Inhalo con fuerza. La puta férula en mi pierna. Todo cuanto me quitó Lucian. El anillo que arde en mi dedo anular bajo los guantes.

La lluvia golpea el halo y la visera como si quisiera barrernos de la pista. Me pego tanto a Verxen como puedo. Freno antes que él y acelero al salir de la chicane. JJ me alerta de la bandera blanca. Última curva. Tengo el corazón a mil.

Quiero alargar vivir en este momento para siempre.

No, en el de mi pedida de mano. No, en el de después. ¿Una mezcla de todos? Dios, menudo día.

—Alasdair —susurro como un mantra, lo llamo, lo invoco como una tarada.

Dubois se acerca todavía más. No puedo respirar. Última curva.

Verxen protege el interior de esta como si fuera su casa. Me lanzo al exterior con agresividad mientras la lluvia taladra el monoplaza. Suelto y vuelvo a pisar el freno. Dejo que el coche gire. Lo alcanzo. Vamos en paralelo.

Mis neumáticos están en mejor condición que los suyos, así que mi Fórmula 1 muerde el asfalto al salir a la última recta y prácticamente soy catapultada.

Nunca he ido tan deprisa.

—P1, Lina —vocifera JJ, pero apenas lo oigo.

Dubois, en P2, se lanza detrás de mí como un misil. Está muy cerca. Demasiado. Pero no lo consigue. Atravieso la línea de meta sin levantar el pie del acelerador.

La radio estalla en gritos y el corazón me retumba con fuerza en el pecho. Al principio de la vuelta de honor no grito, solo lloro.

Incrédula de haber llegado hasta aquí después de todo.

Una semana más tarde.