Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 9 1
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Capítulo 9 1

Koven Alasdair

—Respira.

—Casi la mata. Casi…

Siento cómo el suelo del baño se abre de nuevo. Dudo que alguna vez vuelva a sentirme bien conmigo mismo.

Después de todo el día con mis abogados y la policía, he llegado aquí seguro de que me desplomaría en el suelo del cansancio, pero mi ansiedad no entiende de agotamiento.

Escribí a Darcy para que se asegurara de recoger a Lina del aeropuerto, porque he rastreado cada movimiento suyo desde que salió del hospital.

Lo que no sé es cómo Sant Delphi sabía que iba a pasarme esto. Siempre va un paso por delante y empiezo a dudar si tiene cámaras en mi puta casa.

—¿Puedo dejarte solo un segundo?

—¿A dónde vas? —¿A cambiar de sitio las cámaras escondidas?

—Están llamando a la puerta.

Siento que el oxígeno se desintegra de mi pecho. Pensaba quedarme en el suelo hasta que mi amigo se largara, pero en cuanto oigo las muletas mis piernas se vuelven un muelle. Eso sí, no soy capaz de dar un paso, así que cuando se para frente a la puerta del baño, yo la estoy esperando.

Decir que está triste sería un eufemismo, pero también parece muy cabreada. Eso es bueno, la ayudará a superar esto. A mí siempre me ha encantado su carácter fuerte.

Verla con la pierna rota me sigue haciendo polvo.

—¿Qué haces tú aquí? Le pedí a Darcy que te obligara a descansar.

—Necesitaba saber cómo estabas —sus ojos turquesa se inundan—. Veo que mal.

Bajo la vista hasta la camiseta limpia que me ha traído Sant Delphi poco antes de irse y agradezco el enjuague bucal que me haya quitado el sabor a vómito de la boca. Pero por mucho que me esfuerce, mi oscuridad y mis mierdas siempre terminan absorbiéndola.

—Estoy bien, Lina.

—Pues yo no. —Suelta las muletas y deja que repiqueteen contra el suelo, luego extiende los brazos hacia mí para que la rodee con los míos como me muero por hacer.

Me acerco con rapidez pero me obligo a solo sujetarle las manos.

—¿No?

—He estado fatal desde que te fuiste, y no solo por mi pierna.

Keira y Darcy me llamaron. Me dijeron que no querían que me enterara por otros, hicimos una videollamada poco después de que tú te fueras.

Fue Lucian. Lucian me drogó —resopla y sonríe de manera irónica—.

Creo que nunca he llorado tanto en mi vida, ni siquiera cuando murió mi madre.

Lo cual seguro que me convierte en un despojo humano.

¿En serio no vas a darme un abrazo? —su voz es tan vulnerable y baja que me flojean las rodillas.

Es todo cuanto quiero y no puedo decírselo. Me obligo a contentarme con acariciar sus manos porque es lo único que voy a tener de ella antes de perderla para siempre.

—Si no es un «sí» no quiero que digas nada —añade con rapidez.

La visión se me nubla un poco mientras empujo las palabras más allá de mi garganta.

—Lina… Leik-GP ya no existe. La escudería…

—Eso ahora me da igual. —Me aprieta las manos y tira de ellas, pero no me muevo—. ¿En serio no vas a darme un abrazo? Porque llevo días necesitándolo y preferiría que escogieras cualquier otro momento para rechazarme.

No se lo doy. ¿Cómo podría? He destrozado su carrera.

El silencio que sigue a sus palabras no es un silencio, es una fractura. Una grieta que se abre entre nosotros y juro que yo voy a caerme dentro.

Lina chista la lengua y reduce la distancia dando un par de saltos torpes.

Está a punto de caerse, pero la sujeto a tiempo.

Ella tira de mí y en un par de movimientos erráticos terminamos en el suelo sin que ninguno de los dos lo haya decidido del todo.

Igual que antes, con la espalda contra los azulejos de la bañera rectangular, salvo que esta vez estrecho a todo mi mundo entre mis brazos.

—¿Te has hecho daño?

—Sé lo que estás pensando y no voy a permitírtelo. —Se le mueven los hombros—. No vas a dejarme.

—Deberías dejarme tú. Casi acabas muerta por mi culpa.

—No, casi acabo muerta porque Lucian está desquiciado y loco, y está claro que el capullo no sabe lo que es ir a terapia —le tiembla el labio—. Por favor, no me quites esto. No me alejes. Te quiero.

—¿Cómo puedes quererme?

—¿Porque eres un buen corazón al que la vida no ha dejado de darle palos?

¿Porque no te merecías nada de lo que te ha pasado?

—pregunta entrecortada, rompiéndose delante de mí—.

Tengo miedo de lo que va a pasar a partir de ahora, pero sobre todo lo tengo de que no quieras estar a mi lado.

Lucian me drogó porque sabía que no iba a pasar por encima de ti, a repetir lo que hizo Marcus, y si te digo la verdad, no me arrepiento de que me lo hiciera.

—No digas eso ni en broma.

—Pero es la verdad. Gracias al accidente Lucian va a pagar por sus crímenes, y tú vas a librarte de la carga porque a partir de hoy vas a empezar a culpar a ese cabrón en vez de al hombre al que amo.

—Deja de llorar así por favor.

—No hasta que me digas que no vas a alejarme. No, hasta que me lo prometas, idiota.—Se aferra a mí con la fuerza que le queda y me encoge el estómago ver la poca que es.

—No puedo alejarte, Dimettri. No voy a ir a ninguna parte.

Algunos meses más tarde.