Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 8 8
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Capítulo 8 8

Koven Alasdair

Aprieto los puños.

—¿De qué va todo esto? —masco cada palabra.

Sonríe después de meses sin hacerlo mientras se reajusta la corbata del traje.

—Dame un segundo, necesito paladear este momento.

—Lucian.

—Tranquilo, ya casi hemos llegado a la línea de meta. Mañana a primera hora, un par de señores muy respetables de la Federación van a recibir un donativo obsceno y, fíjate tú qué casualidad, todas las pruebas van a señalar al mismo sitio.

—¿Qué coño has hecho?

Su mirada se ilumina.

—Mira que drogar a Lina —chista la lengua—. Pero supongo que será creíble, al fin y al cabo esto no es más que otro clarísimo caso de violencia de género. Tú querías follártela y ella no. La forzaste y te pasaste de brusco. Ella muere y tú vas a la cárcel. Qué lástima todo, ¿no?

—Hijo de puta. —Me acerco a él sintiendo que toda racionalidad de mi cabeza se desconecta.

—Ahh, ¿crees que el lavado de estómago servirá de algo? —se carcajea—. Pobre tonto.

Me ve venir, pero esquivo su puñetazo y le doy uno en la barbilla desde abajo y un rodillazo en los huevos.

Los tres tíos con pasamontañas se me echan encima. Mis nudillos colisionan contra una mandíbula, una nariz y una garganta. Obviando el que está en el suelo con problemas respiratorios, los otros dos me sujetan a la fuerza impidiendo que alcance al cabrón que ha drogado a mi mujer.

MI MUJER.

Él aprovecha mi desventaja y me da un golpe bajo tras otro.

—¿Por qué a ella? ¿Por qué me pediste que la ayudara? —pregunto escupiendo sangre, porque antes de matarlo necesito saber su motivación.

—Para ser tan bueno con las estrategias en las carreras, no has visto venir la mía.

Si te digo la verdad, me sentí algo decepcionado cuando no te diste cuenta que fui yo el que provocó la muerte de Marcus.

—Su expresión adquiere una forma perversa—.

Tú me lo quitaste todo. Era evidente que yo iba a venir a vengarme.

—¿Que yo te lo quité todo? —le doy un cabezazo al de mi izquierda, le clavo el codo en la cara al de mi derecha y me lanzo hacia Lucian hasta tirarlo al suelo.

El golpe que se da en la cabeza al caer no es nada en comparación con lo que le hago a su cara. Por desgracia, sus tres sombras se recuperan y me reducen.

—Éramos los mejores, cada uno en su ámbito, ¡y yo perdí mi carrera y mi vida por culpa tuya, de tu rechazo!

Noto un pitido insoportable recorrerme el cráneo de lado a lado al tiempo que mi espalda choca contra el frío suelo.

—De haber trabajado juntos no estaría cojo y sería el mejor piloto de la historia del automovilismo —escupe con toda la rabia contenida que cabe en un cuerpo—.

Creí que quitar a Marcus de en medio acabaría contigo, como te merecías, pero aún te quedaban fuerzas.

Que te enamoraras de Dimettri fue un puto regalo del cielo.

Me ha llevado mucho tiempo pensar todo esto, pero quien ríe el último ríe mejor.

Uso la adrenalina y la rabia asesina para ignorar las quejas de mi cuerpo, esquivar a sus lacayos y asestar a Lucian el puñetazo que se merece.

—Te mato. Voy a matarte, hijo de puta.

Cojo su bastón, pero no llego a clavárselo en la tráquea.

—Ya lo hiciste hace nueve años. Solo soy un fantasma que ha venido a cobrar venganza. —Sonríe con los dientes manchados de sangre.

No tiene que hacer nada para protegerse, sus hombres lo hacen por él. En cuanto estoy en el suelo, uno de ellos me da una patada en la cara y la habitación empieza a dar vueltas muy rápido. El resto de golpes apenas los siento.

—Ay, Koven —Lucian suspira y se agacha frente a mí—. ¿De verdad creías que ibas a poder demostrar que he sido yo?

—No quiero demostrar que has sido tú. Quiero que dejes de respirar. —Alzo las manos intentando alcanzar su garganta, pero mis brazos se mueven muy despacio y en dirección errática.

La luz de la habitación titila, pero creo que son mis ojos.

Lucian se va y sus hombres con él.

Quiero levantarme, pero no puedo.

Antes de que todo mi mundo sea engullido por la oscuridad, alguien con un mono azul sale del armario de material y llega hasta la puerta justo a tiempo para gritar socorro a pleno pulmón. Es lo último que oigo.

Varios días después.