Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 8 5
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Capítulo 8 5

Lina Dimettri

Todavía noto en el paladar la bebida isotónica que me ha regalado Lucian y dudo si ha sido buena idea probar una bebida nueva antes de montarme en el monoplaza.

Probablemente no.

Probablemente no soy capaz de tomar buenas decisiones cuando siento los labios de Alasdair en mi boca mientras las palabras que dijo se repiten en mi cabeza.

Que quiere encerrarme en una torre. ¡Está loco! Y yo también, dado que la idea cada vez me gusta más.

—¿Lina? —pregunta JJ.

No por radio, en directo. Aún me estoy poniendo el casco.

—¿Sí?

—¿Estás bien?

—Un poco molesta por la cuarta posición en la clasificación. Debería haber hecho la pole.

—Ese es el entusiasmo que me gusta —dice coqueto con la mirada chisporroteando de ilusión.

Ladeo la cabeza y veo al director técnico lanzándome la misma mirada que estas últimas semanas.

—Brutus, por favor, deja de mirarme así. Estoy bien.

—Te fallé.

—No es cierto. Y te pedí que dejaras de decirlo.

Lucian ha hecho que cinco personas revisen el coche esta mañana y Brutus ha estado presente en todo momento. Quizá si fuera otra persona estaría cabreada con él o lo culparía, pero quien quiso hacer daño a Leik-GP no fue nadie de mi equipo. Mi fe en Brutus es ciega y fundada.

Después de tantos meses, los conozco a todos ellos. No llamo «familia» a cualquiera y no me tomo confianzas a la ligera. Es evidente que los ánimos han estado muy bajos desde mi accidente y espero que esta carrera cambie las cosas.

¿Tengo miedo? Sí. ¿Estoy cabreada de cojones y quiero cargarme a quien haya intentado hundir a Leik-GP convirtiéndome en un puto daño colateral? Puedes apostar que sí. Pero si hoy no compito estaría sentando un precedente.

Asustadiza.

Cobarde.

Y a estas alturas, todos estaremos de acuerdo en que soy una luchadora de tres pares de narices.

—Debí preverlo.

—Brutus, es muy probable que si alguien hubiera pillado a la persona o personas responsables con las manos en la masa hubiera ocurrido algo terrible. Quien sea que hizo esto está dispuesto a ir a la cárcel por quitar la escudería de Lucian de en medio.

Sacude la cabeza, está cada vez más blanco. Más ojeroso. Para que luego digan que el estrés no te mata.

—¿Has dormido algo estos días?

—Lina, tú no viste…

—He visto el vídeo. Pareció mucho más grave de lo que realmente fue. Mírame, estoy perfecta.

Sacude la cabeza otra vez y se me encoge el corazón.

—¿Y si no corrieras por el momento? No hasta que encontremos a los culpables. He intentado hacérselo entender a Koven, pero dice que es decisión tuya.

*Insertar aquí la nueva forma de Koven Alasdair de ponerme cachonda*.

—Es que es decisión mía —reitero.

—Ya, pues ojalá no lo fuera. También he intentado hacerle ver a Lucian que quizá este no sea mi sitio, pero…

—Eh, eh, eh. —Le doy un abrazo, rezando porque no le haga sentir súper incómodo.

—Te fallé.

—No. Eres una víctima igual que lo fui yo, y esto no va a pararnos —me aparto para mirarle a los ojos—. Brutus, vamos a llegar al fondo de este asunto, pero no a costa de tu trabajo. Ni de mi temporada.

—Lo tuyo no es rendirte, ¿eh?

—No está en mi vocabulario, nop. —Por dios, que esas no sean mis estúpidas últimas palabras.

En la decimoquinta vuelta, pongo nervioso a todo mi equipo.

—Lina, ¿estás bien?

—Son gritos de felicidad, JJ, tranquilo.

Estoy eufórica y eso que sin las últimas mejoras del coche —ya que hemos vuelto al origen hasta que se resuelva lo que causó el accidente—, es mucho peor. Pero eh, hoy correría hasta con una maldita chatarra. ¡CUÁNTO LO HE ECHADO DE MENOS!

Para sorpresa de todos, Antonov se quedó con la pole position tras hacer una clasificación espectacular, pero el resultado es que ahora va quinto. Adam Verxen, Xander Sazze y Alexander Olsen son los únicos que van delante de mí.

Me apuesto lo que sea a que todos los pilotos que van por detrás ya no se alegran tanto de verme como el viernes cuando entré al paddock. Se me van escapando grititos impulsados por la adrenalina que corre por mis venas a una velocidad mayor que el Fórmula 1 que conduzco.

Pero luego me quedo callada.

No soy consciente de ello hasta que pasan tres vueltas. Quizá cuatro. Lo raro es que cuando intento comentárselo a JJ, la lengua no se me mueve del cielo de la boca. Lo más raro todavía es que no consigo entender lo raro que es eso hasta dos vueltas después.

Mis dedos se mueven por el volante en piloto automático. Paso por la Variante del Rettifilo, la primera chicane del circuito de Monza, y compenso el sobreviraje por instinto, pero mis reflejos están… dormidos.

¿Por qué? No lo sé.

—Al…Alasdair —consigo decir.

—¿Que te pasa?

—Lina, ¿estás bien?

—Bien —respondo, aunque mi instinto asegura lo contrario.

Sus voces me llegan muy lejanas. No logro descifrar lo que me ocurre. No es un episodio, es otra cosa. Las voces de JJ se entrelazan entre ellos y prestarles atención me cuesta mucho esfuerzo.

Me doy cuenta tarde de que se me han dormido las piernas.

—Te estás acercando mucho a Olsen en las curvas —me advierte JJ.

Mi lengua se ha convertido en cemento y ahora sí que no puedo hablar. Mis pulsaciones se disparan con el pánico.

Todo pasa demasiado deprisa. Veo doble y segundos después la vista se me nubla. Oigo la voz de Alasdair, pero no entiendo lo que dice.

Mierda. Siento que las manos aflojan el agarre del volante.

—Entra a boxes, Lina. Ahora —ordena Alasdair, pese a que no le he dado pistas para saber nada de lo que me pasa.

La cosa es que no puedo moverme. Por mucho que lo intente, mi cuerpo ha dejado de pertenecerme, de responder a mis deseos. Tengo voz, pero mis labios no se mueven. Antonov me adelanta, pero Jace Dubois venía muy rápido por detrás y no tiene tiempo a reaccionar antes de chocarse conmigo.