Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 8 3
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Capítulo 8 3

Lina Dimettri

Domingo, día de carrera.

Estoy en el paddock y echo de menos a Keira y a Darcy, así que les envío un mensaje.

Las tres Marías

Lina

Qué hacéis??

Darcy

Keira está terminando su entreno en el jardín, expectante a que le grite que entre

Kobra y Dante la están animando

Y el profe está haciendo deberes en North Star, pero ya viene de camino

Lina

Y qué haces tú?

Darcy

Esperar a que mi bestie salga por televisión.

No estoy en absoluto nerviosa.

Tú???????????

—¿Cómo está mi chica en llamas? —pregunta Antonov acercándose a mí sin que lo vea venir.

Un escalofrío recorre mi espina dorsal y le lanzo una mirada poco amistosa, aunque una vez más de lo que tengo ganas es de darle un puñetazo.

Una relación curiosa la nuestra.

—Muy agudo.

—He pensado que la prensa te ha tenido que preguntar mucho por eso y quería quitarle hierro al asunto.

—Gracias, pero no empieces a llamarme Katniss. Dudo que pudiera vivir en ese pedestal.

Darcy

Estás flipando????????

Porque podemos flipar juntas.

Pero si no estás flipando, entonces yo tampoco.

Los nervios burbujean por mis manos mientras mis dedos no paran de darle vueltas a un reloj que voy a quitarme a ver si así me tranquilizo.

Alasdair no quiere verme aquí, no quiere ver cómo pongo mi vida en riesgo, ¿y qué hace él?

Quedarse a mi lado. Ayudarme. Preguntarme por qué no he hecho una mejor clasificación, ni he empujado hasta mi límite.

El corazón se me acelera cada vez más.

Siempre he pensado que había nacido para pilotar, que era lo único que daba sentido a mi vida. Pero ya no, ahora ya no es lo único. Él… dios, quedarse a mi lado aún queriendo encerrarme en una torre probablemente sea el gesto más romántico del planeta.

Las llamo por videollamada. Porque sí, puede que esté rodeada de un puñado de pilotos a los que admiro a rabiar, pero cuando el corazón se me sube a la garganta con quien quiero hablar es con ellas dos.

—¿Seguro que Sant Delphi no nos oye? —pregunto poniéndome los auriculares.

—No. A menos que te refieras a mí.

—Keira, claro que no. Sé que debería empezar a llamarle Alek, pero se me hace rarísimo, y es culpa de todos vosotros que siempre lo llamáis por el apellido.

—Vale, ¿podemos ir al tema que nos ocupa? Has dicho que había pasado algo con Alasdair —interviene Darcy, ansiosa.

Me alejo un poco más de todos.

—Puede que el susodicho me encontrara ayer en el gimnasio, me follara contra la pared del gimnasio y a mí me encantara —murmuro demasiado rápido y demasiado bajito para que me entiendan.

Me obligan a repetirlo. Exhalo empezando a notar el rubor ardiente en las mejillas—.

He dicho que puede. Que me follara. Contra la pared del gimnasio. Y me encantara.

Me dejan sorda como una tapia. Mientras mis amigas chillan de forma simultánea, en tonos cada vez más ascendentes, me acerco a la zona de la terraza más alejada de todo.

—¿PERO ESTO QUÉ SIGNIFICA?

—¡¡¡¿¿¿Y NOSOTRAS NO LE ODIÁBAMOS???!!!

—Hubiera hecho todo más fácil si le odiara, pero no. Y no sé qué significa. Lo único que sé es que si ha roto conmigo es porque se siente culpable de mi accidente, dice que salir conmigo le impide estar atento a lo que debería.

—¿Te echó la culpa? —pregunta Darcy, lista para defenderme.

—No. No, para nada. Creo que me estoy expresando mal. Me dijo que quería alejarme de la Fórmula 1 para mantenerme a salvo, pero que no iba a largarse de Leik-GP para proteger mi sueño. Me dijo que si me pasaba algo él se moriría y que quererme es lo que mejor sabe hacer.

—¡OH DIOS MÍO!

—¡¿ESO TE DIJO?!

—OHHHH. DIOOOOOS. MÍOOOOO.

—¡¡SABÍA QUE NO PODÍA SER UN MONSTRUO SIN MOTIVO!!

Dejo que mis amigas tengan un ataque tras otro y suelten todo lo que llevan dentro. Fuegos artificiales verbales sería una buena descripción de los soniditos y los gritos que sueltan.

—¿Chicas?

—¿PUEDES CAMINAR?

—Shhh, eso no es lo que yo quiero saber. O al menos, no lo primero —dice Keira—, necesitamos información sobre qué va a pasar ahora.

—¿Habéis vuelto a follar esta mañana?

—No sé que va a pasar a partir de ahora. Y no tiene pinta de que vaya a suceder otra vez. Cuanto más lo pienso más cuenta me doy de que lo pillé desprevenido. Seguro que se arrepiente.

—Claro, claro. ¿Quién no se va a arrepentir de follarse a la chica de la que está enamorado en un ataque de lujuria y pasión? —Darcy resopla.

—Es tan romántico —suspira Keira con corazones en los ojos—. ¿Y qué le dijiste tú cuando te dijo esas cosas tan bonitas?

—Algo así como que me follara cuanto antes —carraspeo mientras ellas se vuelven locas.

De nuevo.

—Es una buena respuesta.

—Gracias, Keira. ¿Darcy sigue respirando?

—Me parece que no.