Capítulo 7 9
Koven Alasdair
Aquella noche.
Me revuelvo en la sala que todavía huele a ella y pienso en todo. En aquella noche sobre todo.
«Una enfermera con mirada comprensiva nos dice que podemos pasar a verla, pero cuando estamos a punto de despertar a Keira y a Darcy, nos pide que mejor no llenemos la habitación de gente tan pronto.
Sigo a la enfermera con zancadas tan rápidas que casi voy corriendo. Sant Delphi me sigue. La puerta está abierta así que la veo antes de llegar. Dormida, en la cama, aún bajo los efectos de la anestesia. Tan indefensa. Tan vulnerable.
Solo me doy cuenta que estoy llorando cuando Alek me pone una mano en el hombro. Se me mueven por la rabia. Me acerco a ella y le cojo la mano. Me arrodillo a su lado y se la beso, cerciorándome de que no me lo estoy imaginando.
Una parte del alerón delantero, destrozado en el impacto, estaba derretido contra parte del lateral en llamas por la que la sacaron. En resumen, tiene un buen corte en el antebrazo y le dejará cicatriz. Otra más.
Va a dejar que esto la destroce.
Y me va a obligar a verlo.
—Necesito sacarla de aquí.
—No estará en el hospital mucho tiempo, tío. Es probable que mañana le den el alta.
—No me refiero del hospital, quiero alejarla de esto. De la Fórmula 1. Del peligro.
Por la cara de espanto que pone Alek al mirarme, juraría que sabe lo en serio que voy.
—No puedes hacer eso. Es su sueño.
—Ya lo sé. Pero es el único escenario en el que podría estar con ella.
—Tampoco puedes hacer eso. ¿Quién sabe lo que haría Lucian si tú te vas? Por muy bien que le vaya a Lina, la única condición que puso fue que tú…
—Ya lo sé —interrumpo, pero no me refería a eso, sino a estar con ella de verdad. Sacudo la cabeza consciente de que solo hay una cosa que pueda hacer—. Debería haber visto que el coche no iba bien, que las mejoras no estaban a la altura.
—Ni siquiera Brutus lo vio venir y es su creación. El fallo que haya tenido el monoplaza no debe ser nada fácil de detectar
—Mikel tuvo un accidente la carrera anterior. Debí darme cuenta de que las mejoras…
—Lo tuvo porque conduce de pena, joder. No es culpa tuya.
Empiezo a recoger mis cosas sintiendo como el corazón se me agrieta más y más en el pecho.
—¿Qué estás haciendo?
Se lo cuento. Mis intenciones con Lina. Todo lo que va a cambiar a partir de ahora. Digamos que no le hace mucha gracia.
—¿En serio vas a dejarla? ¿Ahora?
—Lo que siento por ella me distrajo y casi se mata.
—Tío, estás llevando la culpa a un extremo que no…
—¿Te he pedido opinión? ¿Ves un par de carreras y ya eres un experto en el tema? Que yo sepa solo te pagan por dar lecciones dentro de North Star y ahora mismo no estás ni en el mismo continente, así que yo que tú cerraría la boca.
No la cierra. Insiste como el puto terco que es.
—¿Hace cuánto que no hablas con Beckham?
Endurezco la mandíbula.
—Adiós, Sant Delphi.
Le doy la espalda y salgo de la habitación. No llego lejos. Me corta el paso dándome un golpe en el hombro por el que quiero remodelarle la cara y de paso partirle la mandíbula. Me contengo, principalmente por Keira.
—No hagas esto. La quieres.
—Y eso casi la mata. Al volver después de lo de Marcus, me prometí que nunca bajaría la guardia, que estaría atento a todo, que impediría que mi peor error se repitiera y esta noche ha pasado justo eso.
—Va a ponerse bien.
—No gracias a nada que yo haya hecho —echo a andar y me sigue.
—¿Qué mierda crees que le va a pasar cuando despierte y no estés a su lado? ¿Cómo cojones crees que va a conducir en la próxima carrera en la que compita con el corazón hecho pedazos?
—Voy a seguir siendo su entrenador. Sé hacer bien mi trabajo, lo he demostrado con creces.
—Quieres decir que la vas a obligar a ignorar sus sentimientos igual que haces tú.
—Sí, Sant Delphi. Eso es exactamente lo que quiero decir. Ahora apártate de mi puto camino o te apartaré yo».