Capítulo 8 0
Lina Dimettri
Alguien del equipo de Brutus se tiene que ir por indisposición y resultan ser unas clasificaciones algo caóticas pero la conclusión es que mañana saldré cuarta. ¡Yuhu!
Por la noche, cuando llego a mi habitación de hotel, me paso un buen rato hablando con Darcy, asegurándole a mi mejor amiga que estoy perfectamente. Me va bien distanciarme del equipo en mis horas libres. ¿Es un intento desesperado? Sí. ¿Funciona? Tal vez.
—¿Y qué tal tú? ¿Qué tal las clases? Has empezado tu último semestre en North Star, ¿estás nerviosa?
—Perdida. Tanto Keira como tú tenéis muy claro el objetivo de vuestra vida. Yo no.
—Claro, tiene sentido.
—¿Disculpa?
—Tu eres el faro de todos, Darcy. Iluminas el camino de los demás para que seguir adelante sea más fácil. Pero te has olvidado de ti. Supongo que solo tienes que redireccionar y mirar donde pisas. Y aunque estés perdida, estás conmigo. Yo te haré compañía hasta que te encuentres.
—Eso me ha pillado con la guardia baja —dice sorbiendo.
Últimamente estamos un poco blanditas. Después de colgar, la cama crece y crece, y con ella la habitación del hotel italiano. Vuelvo a quedarme en trance. Me pasa mucho cuando estoy sola, mi mente se va lejos a un lugar donde mi cuerpo no puede llegar.
Sé cómo voy a acabar si me quedo aquí sola, igual que todas las noches anteriores, y mañana por la mañana paso de necesitar cucharas frías en los párpados.
Me pongo la ropa de deporte y subo al gimnasio de la última planta. Con suerte habrá alguna pareja de alemanes mayores, o un par de japoneses con jet lag y me veré obligada a guardar las formas y las lágrimas.
Pese a lo tarde que es, hay una familia de neerlandeses majíismos que me piden una foto. Luego me quedo sola trotando en la cinta de la que casi me caigo cuando entra en el gimnasio… Alasdair. Siento un latigazo en el pecho al pensar que antes lo buscaba y ahora me escondo de él.
Me bajo de la cinta antes de caerme de ella. Mi pulso late de forma errática y siento cómo palpitan partes de mi cuerpo que lo han echado mucho de menos.
—No te vayas por mí.
—No pensaba hacerlo —miento.
Supongo que ahora tendré que hacer algo más de ejercicio. Mierda.
—¿No podías dormir? —camina hacia una de las cintas.
No una cualquiera, la que yo estaba usando. El gimnasio no es lo bastante grande como para no percibir su olor a cítricos.
—Sí, pero quería bajar la cena. He hecho una videollamada con Keira y Darcy, y he comido demasiado. No quería sentirme pesada mañana.
Es curioso lo bien que suenan ya mis mentiras.
—Mañana sales cuarta —dice mientras coloco mi toalla en la máquina de extensión de cuádriceps.
—Lo sé, estaba allí —sueno cortante de narices.
—Podrías haber quedado primera. ¿Les pasaba algo a tus neumáticos?
—No —esquivo su mirada penetrante, pero me taladra la mejilla.
—Entonces estabas evitando ir al límite por miedo.
—Ya no tengo miedo. Las cosas han salido así porque la suerte también influye, ¿vale? Hay tres pilotos que lo han hecho mejor que yo, bueno, hay muchos más que lo han hecho peor.
—Dime la verdad.
—Ya te lo he dicho. No tengo ganas de hablar ahora, ¿de acuerdo? Ya no estamos trabajando y como no somos amigos, no tengo por qué…
—Lina.
Las rodillas me flojean y su forma de decir mi nombre me vuelve un poco loca. Dios, es agotador, estoy a sus pies y tengo que luchar de manera constante para fingir que no.
—Puede que estuviera distraída —cállate, no lo digas.
Cierra. La. Boca.
—¿Distraída con qué?
—¿En serio?
—Siempre hablo en serio. ¿Con qué?
—Contigo, idiota. A ti no te importa una mierda distanciarte de mí. Es evidente que no me querías una mierda, pero yo a ti sí. Tú puedes actuar como si nada, ya lo has demostrado, pero yo no.
Para la máquina de golpe pulsando el botón rojo de emergencia. Me apresuro a coger mi toalla, mi botella de agua y el móvil, y hago lo que está en mi mano por largarme antes de que me alcance.
En mi cabeza podía conseguirlo. ¿En la realidad?
Nunca tuve la más mínima oportunidad.