Capítulo 7 7
Lina Dimettri
Nadie del equipo sabe que salíamos.
Así que no se imaginarán que estar sentados el uno al lado del otro en el avión es de lo más incómodo.
Algo que hace semanas elegíamos y ahora odiamos.
Trabajar es una cosa, nuestras conversaciones son directas, breves y eficientes.
Pero el avión es distinto. Ninguno habla y, por lo visto, de Indiana a Italia hay trece horas en avión. Socorro.
No pasa nada. Respira, Lina. Todo irá bien. Ya ha pasado lo peor.
Los primeros cuarenta y dos minutos son lo peor, ¿no?
Alasdair a duras penas me ha dirigido la palabra estos días. Una parte de mí cree que eso lo hace más fácil. Pero creo que esa parte de mí se va a morir de la pena.
En fin, #pringada.
Estoy en el asiento de ventanilla y trato de distraerme con el cielo, las nubes y mis ganas de NO pensar en Koven Alasdair.
¿Me sale bien? Sí, pero no. Salvo que el «sí» es una mentira tan grande como una catedral.
Estoy desarrollando una fijación odiosa con llorar de forma repentina y me gustaría decir que es por mis episodios, pero no sería cierto.
Lo peor del vuelo está por venir y lo sé cuando soy consciente de que beberme mi peso en matchas no ha sido una buena idea cuando siento que me va a reventar la vejiga antes de que se cumpla la hora y media. ¿El problema? Alasdair y sus kilométricas piernas de capullo están en medio.
Cuanto le odio. A él. A la oscuridad que lo envuelve.
Al tatuaje que ya no tiene. A lo mucho que lo echo de menos.
A lo fácil que es para él decirme cosas como «no estás hecha de cristal y no has perdido nada. Estás aquí, en tu sitio. Eres la mejor. Hazlo como sabes» y luego no responder ni uno de mis mensajes.
La mejor. Me llamó la mejor. ¡Será insoportable!
Mi orgullo no me permite pedirle favores, así que intento pasar como puedo sin despertarle. Me suelto una TED Talk motivadora sobre cómo soy completamente capaz de conseguir… Todo pasa muy deprisa.
Alzo una de mis piernas para bordear una de las suyas y la tengo que levantar muchísimo por culpa de la diferencia de altura de nuestros cuerpos.
Entonces Alasdair se despierta, o quizá nunca estuvo dormido, pero la cosa es que se desabrocha el cinturón y se levanta mientras una de mis piernas se enreda con una de las suyas.
Se mueve más rápido que un F1 y a mí eso me viene muy mal porque su cuerpo colisiona contra el mío y pierdo el equilibrio. Me caigo hacia delante. Él evita que me golpee la barbilla contra uno de los reposabrazos metálicos de los asientos tirando de mi cintura en el último momento.
En conclusión: aterrizo en su regazo sin aliento. Obtengo justo lo que no quería, contacto, y en este preciso instante lo siento en todas partes. Incluso me imagino que inclina la cabeza y me huele el pelo. Estoy tarada, lista para ser encerrada en un psiquiátrico.
—Perdón.
—No yo…
—Ha sido culpa mía.
—Lina.
Intento levantarme si frotar mi culo contra su… en fin. Estoy roja como un tomate y me siento diminuta. Torpe y tonta. Salgo escopeteada y sin mirar atrás. Todo el avión está frito así que nadie ha presenciado mi momento más humillante.
Se habrá sentido fatal. Asqueado. Incómodo por tenerme en brazos cuando ni siquiera me quiere cerca. Llego al baño y cierro la puerta tras de mí rezando porque toda esa pesadilla se quede atrás. No tengo esa suerte.
Me lavo la cara y luego me tomo varios minutos para recriminarle a mi reflejo el pésimo equilibrio que tiene.
—Deja de llorar —susurro—. Ya no te quiere, ¿y qué? ¿Y qué más da? No es algo que nos importe.
Sería mucho más convincente si no me estuviera mirando en el espejo y viera cómo me tiembla el labio.
Sacudo la cabeza y cojo más papel.
Al salir estoy lista para ir a despertar a Loïuan y suplicarle a mi buen amigo que me cambie el sitio, pero la puerta del baño no se abre del todo porque se topa contra algo.
La espalda de Koven Alasdair. Sus hombros ocupan demasiado espacio en el reducido pasillo y soy del todo consciente cuando se da la vuelta y mi espalda se aplasta contra la pared con tal de no tocarle.
No sé qué viene a decirme, pero no le doy la oportunidad.
Me doy cuenta de que me he quedado mirando sus labios entreabiertos un segundo antes de salir de allí escopeteada.
Loïuan estaba sentado junto a JJ y por eso no le extraña que le pida cambiar.
Por suerte para mí, Alasdair me deja tranquila el resto del vuelo y no vuelvo a verle hasta aterrizar.