Capítulo 7 6
Koven Alasdair
Me paso todo el día en mi despacho de Leik-GP buscando a ver a quién más puedo pagar para que averigüe lo que necesito. No me paran de cerrar puertas en la cara y mi instinto asesino crece por momentos.
Cada vez que alguno de mis hombres encuentra algo, alguien desde las sombras les paga más dinero que yo y me dan la espalda.
Ya es la tercera vez que me pasa y por mucho dinero que les dé, siempre los pierdo.
Eso me hace pensar que el único que puede estar detrás de todo es un piloto, y reconozco que el primero que me viene a la mente es Antonov.
Por desgracia, está limpio, así que camino a ciegas.
Me froto las sienes dudando si todos estos cortapisas ya son suficiente como para que la policía intervenga y llegue hasta donde yo no puedo. Pero existe la posibilidad de que también los hayan comprado.
En cuanto a Lucian, sé que sabe más de lo que me cuenta, pero ha resultado evidente que quiere llegar al fondo de todo este asunto y una vez tenga la información, estaré más que dispuesto a sacársela a puñetazos.
Salgo de mi despacho a tomar el aire y con lo tarde que es, espero encontrarme las instalaciones de Leik-GP vacías.
No es así.
—¿Tienes un momento? —pregunto y cuado Brutus me mira, se queda callado unos segundos que se me hacen eternos.
No le culpo, tiene motivos de sobra. Suelta los planos del coche sobre la mesa abarrotada de ellos y asiente.
—Sí que lo tengo, sí.
—Quería pedirte perdón. Sé bien cómo trabajas. No debí decir lo que dije.
—Me culpaste y no puedo reprocharte nada porque yo también lo hago.
Siento cómo se me revuelve el estómago.
—No tienes la culpa, Brutus.
—Es mi coche.
—Pero no trabajas solo. No tienes la culpa —insisto y solo entonces su rostro se relaja un poco.
Se le llenan los ojos de lágrimas y se saca un pañuelo de tela del bolsillo para secárselas. Lo que mi estómago ha estado haciendo conmigo desde el accidente me sacude desde dentro. Carraspeo y desvío la mirada.
—¿Cómo está Lina? —pregunta.
—Cabreada porque no la dejen pilotar ya —comento y sonríe, consciente de cómo es—. Necesito preguntarte algo más. Es sobre Loïuan. ¿De verdad confías en él?
Una semana después.
Darcy
Jueves.
Coge la bolsa de viaje y exhala como si estuviera agotado. No dejo que sus ojeras o su mala pinta me ablanden. No después de lo que ha hecho.
Koven se queda inmóvil cuando me ve.
—¿Darcy? ¿Qué haces aquí? —Cierra la puerta de su casa tras de sí y se acerca—. No son ni las seis de la mañana.
Me acerco a él y busco su antebrazo porque tengo que verlo con mis propios ojos. Al comprobar que la herida está ahí, donde debería estar el tatuaje de Lina, se me revuelven las tripas.
—Me da tanta rabia que no podía dormir. Me caías bien y bajé la guardia contigo. Vi lo feliz que la hacías y la bajé todavía más. Pero tú, Koven Alasdair, eres escoria.
—Eso podías habérmelo escrito por mensaje. Se te ha dado muy bien estos d… —deja de hablar cuando le suelto un bofetón.
No estoy a favor de la violencia y probablemente esto esté fatal. Pero ver que no hace nada, que no responde, me llena los ojos de lágrimas.
—Irte del hospital cuando Lina no había despertado fue despreciable. ¿Querías romper con ella? Estabas en tu pleno derecho, ¿pero así, haciéndole tanto daño y justo en su peor momento? ¿No podías quedarte a su lado como amigo? ¿O como su puto entrenador?
—No.
—¡Pues deberías! Tuve que verla haciéndose la fuerte después del accidente tan jodido que había tenido.
Verla aferrada al móvil dándote el beneficio de la duda cuando era evidente que no te lo merecías —exhalo, o tal vez lo que suelto es un principio de sollozo cargado de rabia—.
Lina es fuerte, dulce, tiene un corazón que ninguno de nosotros podría ganarse ni en mil vidas, y tú te has deshecho de él como si fuera basura.
—Se me caen los hombros de la rabia y se me rompe la voz—. Creí que la querías.
Durante una fracción de segundo una profunda tristeza cruza su rostro, pero es tan breve y desaparece tan rápido, que ni siquiera estoy segura de haberla visto de verdad.
—Tengo que irme al aeropuerto. ¿Necesitas que te lleve a North Star?
—No hagas eso. No finjas que eres una buena persona.
—Nunca he pretendido serlo.
—Mejor, porque no lo eres. Está claro que Marcus Torrent no es el único piloto que se habría beneficiado de no conocerte. Ahora si me haces el favor, vete a la puta mierda.
Me largo de allí arrastrando el peso de mis palabras.