Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 7 5
78%

Capítulo 7 5

Lina Dimettri

Pasa una eternidad hasta que mi cuerpo me da tregua, pero en cuanto lo hace no tardo ni dos putos segundos en empujar la puerta del coche y salir escopeteada del interior.

Koven-el-impresentable me sigue y dudo si voy a poner en práctica las clases de defensa en el cuerpo a cuerpo a las que mamá me obligó a asistir de pequeña.

—Lina, para.

—¡No tenías derecho a tomar esa decisión por mí! —grito cuando se me acerca y me meto en un callejón intentando darle esquinazo.

Estoy mareada, agotada y no tengo fuerzas para echar a correr.

Su mano rodea mi antebrazo bueno y odio pensar en que lo ha tenido en cuenta, que se acuerda de mis heridas cuando él no para de hacerme otras mucho peores.

—No vayas por ahí, ¿es que quieres meterte en líos ahora?

—¡Vete a la mierda! —lo empujo y su estúpido cuerpo hecho de mármol macizo apenas se mueve.

—Soy tu entrenador, estoy aquí para asegurar que estás en plenas facultades para competir. ¿Te ha dolido más o ha sido una impresión mía?

Lo miro desquiciada, odiándole por estar tan bien lejos de mí. Le ha dado igual romper y alejarse. Puede estar así de cerca y no sentir n-a-d-a.

—No te acerques a mí. Así no —me aparto las lágrimas con rabia al tiempo que él retrocede.

—Responde a mi pregunta.

Esa maldita inexpresividad, dios, ¡cómo la odio!

—No tengo por qué. Te veré mañana en el trabajo.

—Lina.

—Te lo diré mañana.

—Ahora. Necesito saber…

—Sí. Sí, duele más. Sí. Desde el accidente los episodios son peores. Mucho peores. ¿Ya puedo irme?

Intento dejarlo atrás, pero Alasdair me corta el paso. Todo su cuerpo se cierne sobre mí como un puma a una gacela.

—¿Por qué sigues aquí? —pregunta a un palmo de mi boca, con el tono mordaz que lo caracterizaba cuando lo conocí.

Sus ojos están tan cargados de una rabia tan desconocida para mí que retrocedo.

—¿Q-qué?

—¿Tan poco te quieres? ¿Tan poco valoras tu vida? —coge mi mano y alza mi antebrazo herido en un gesto que parece involuntario—. ¿Cuántas marcas más te hacen falta para dejarlo estar?

—La valoro mucho y justo por eso quiero vivirla al máximo. Renunciar a mi sueño es lo que mataría mi fuego. Alasdair, esto es lo que me mueve. Es mi pasión. Soy quien soy por la Fórmula 1.

Asiente apretando los dientes y me suelta despacio, como si su cuerpo mintiera peor que su boca. Luego me da la espalda.

—Te llevo a casa.

—No quiero ir a casa. Quiero conducir un monoplaza, te he dicho que… —remoloneo, trago saliva—. Eso.

—¿Eso?

—Te he dicho que tengo miedo. Quiero que me lleves a Leik-GP y que me ayudes a librarme de él.

Aprieta los dientes, pero es allí a donde me lleva.

Ninguno de los dos abre la boca de camino allí.

Parte del equipo sigue en Leik-GP, pero son pasadas las diez de la noche, así que la mayoría no.

Miro el monoplaza que se me presenta. Solo van a ser unas vueltas de prueba, así que no necesito gran cosa.

Leik-GP tiene un coche decente que no está a la altura de las carreras, pero que sirve para este tipo de ejercicios. Ya lo he usado antes. No pasará nada.

—Han revisado el coche, ¿verdad?

—De lo contrario no te dejaría subirte. Lina —dice cuando ya me he puesto el casco— No estás hecha de cristal. Y no has perdido nada. Estás aquí. En tu sitio. —Endurece la mandíbula—. Eres la mejor. Hazlo como sabes.

Camina hasta el pit wall como si no me hubiera dejado hecha polvo. A duras penas puedo dejar de mirarlo con la boca abierta. Me tiemblan las piernas al entrar en el monoplaza.

Puedes hacerlo con miedo. Eres una Dimettri.

Al bajarme veinte minutos después, siento que vuelvo a ser yo.

Lucian

—¿Qué quieres decir con que no voy a correr? —pregunta el miércoles por la mañana, escasos segundos después entrar en mi despacho.

—Quiero decir que no vas a venir a Alemania.

—Hace años que no se celebra un Gran Premio allí. Quiero ir. Y estoy perfectamente. Puedo competir. Necesito pilotar, no puedes quitarme esto, Lucian. ¿Es porque aún no sabemos quién está detrás del accidente?

—En parte.

—El coche está bien y yo puedo pilotar mientras tus detectives se encargar de…

—Si estás bien para Italia, te dejaré competir en Monza. Si no, al siguiente.

—¡Pero estoy bien! El coche está bien. No necesito esperar más. Por favor, Lucian.

—He sido claro, Lina. Ahora sal de mi despacho.

Lo hace con lágrimas en los ojos y roja de rabia. Niña estúpida.