Capítulo 7 2
Koven Alasdair
Indiana, EEUU.
Lo encuentro en su despacho en las instalaciones de Leik-GP. No he dormido nada, pero el jet lag no es más que un punzante dolor en las sienes que tengo intención de ignorar. Igual que todo lo demás.
—¿Qué ha pasado con la Federación? ¿Ya han concluido la investigación? ¿Por qué el equipo no sabe nada?
—Buenos días a ti también, Koven. Toma asiento.
—Contéstame.
—La Federación está contenta y silenciada gracias a un generoso donativo. Yo no estoy nada contento, no me gusta cuando las cosas no salen como yo quiero. Y, al parecer, tú tampoco lo estás.
—Alguien se ha arriesgado mucho con tal de hacer daño, pero todavía no sé a quién quería hacérselo —masco las palabras.
—Lina es quien iba en el coche.
—Pero ella no ha hecho daño a nadie y pese al ambiente competitivo en el que se mueve, me cuesta creer que uno de sus rivales estuviera dispuesto a llegar tan lejos. ¿Es por ti? ¿Por Leik-GP?
—No sé por quién es.
—¿Y por que no parecías nada sorprendido? Te vi. Impasible sería quedarse corto.
—No deberías sorprenderte a estas alturas de que, a diferencia de ti, tenga la mente fría.
—¿La mente? —me acerco, le encaro—. ¿O la sangre?
Quiero preguntarle si se lo olía, si lo veía venir, pero dudo tanto de mi autocontrol que sé lo que pasará. Si sospecho que sí, lo mataré con mis propias manos.
—Hice lo que tenia que hacer para que nos dejaran seguir corriendo, pero voy a averiguar lo que ha pasado.
—Vamos a averiguarlo —le corrijo.
—Por mi bien, Koven Alasdair. Yo siempre quise trabajar contigo.
Sale de la sala y yo me quedo oyendo el sonido monótono y constante de su bastón.