Eres mi maldita pole position (North Star 9) Capítulo 6 5
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Capítulo 6 5

Lina Dimettri

—¿Crees de verdad que les ha hecho ilusión? —pregunto mientras caminamos hacia el box.

Alasdair me mira alzando una ceja en plan «¿en serio?».

—Darcy parecía a punto de tener un ataque.

—Ya, me da pena que el resto no se haya podido llevar una impresión real de lo guay que es siempre. Parecía… tímida —admito, esa palabra a duras penas queriendo salir de mi boca.

Alzo la vista cuando no dice nada y lo encuentro sonriendo, mirándome de una forma que: jo-der. Se queda con mis bragas, mi oxígeno y con todo.

—¿Tenemos tiempo para…?

—No.

—Pues será mejor que te adelantes y me des un segundo —le pido ralentizando mis pasos.

—No quiero separarme de ti todavía —responde con total seriedad.

—Alasdair, por dios. —A las mariposas de mi estómago les da un A-TA-QUE.

—¿Cómo puedo estar echándote tanto de menos?

—No lo sé, estoy justo aquí —digo, aunque yo también lo siento.

Si no estoy encima suyo o tocándole de alguna forma, me falta algo.

—Se nos pasará —promete.

—¿Tú crees?

—Ayúdame un poco, Dimettri.

—Oh, sí, por supuesto. Se nos pasará. Acabaremos asqueados el uno del otro.

Ni siquiera asiente. Ahora quién no ayuda a quién.

—¿Tu cadera está bien? —pregunta y es que hoy no he tenido el mejor despertar de la historia, que digamos.

Ha reaccionado tan rápido. Es como si viviera en guardia.

Me ha acompañado durante el episodio y luego me ha acurrucado contra su pecho y me ha susurrado palabras preciosas obligando a mi cuerpo a olvidarse de todo lo malo.

—Estoy como nueva.

Gracias a ti.

Alasdair se aleja de mí y veo al jefe de lejos.

Admiraba a Lucian como piloto. Mucho. He estudiado sus carreras incontables veces y como cualquiera que se dedique a esto, he evitado ver su accidente Pero después de trabajar mano a mano con él, después de lo que ocurrió en el hospital, mi admiración ha mermado bastante.

De repente, Mikel, pasa por mi lado y…

—Lina.

Inhalo esperándome lo peor. Aunque, ¿qué puede ser peor que las cosas que ya me ha dicho? ¿Un escupitajo?

—¿Sí?

—¿Qué tal llevas lo tuyo? —desvía la mirada hacia un punto muy concreto en mi cuerpo: la cadera.

Espérate, que me muero.

—¿Vas en serio? —pregunto y su expresión cae un escalón más en la empatía. Asiente—. ¿Me he muerto?

—¿Por qué lo dices?

—Por nada. —Carraspeo—. Lo llevo bien. Gracias.

—Puedo imaginar lo jodido que es aguantar tanto dolor.

—¿Puedes?

—Mi padre murió de una enfermedad rara cuando yo era pequeño, pero estuvo cuatro años sufriendo en el hospital.

—Vaya. Suena terrible, lo siento. Lo mío no es tan grave.

Asiente, pero no parece creerme. Solo entonces recuerdo que él también estaba en el hospital aquel día, cuando Lucian quiso poner a prueba si podía seguir conduciendo o no, que lo presenció todo.

—Guay —asiente dando la conversación por terminada, pero no parece creerme—. Suerte ahí fuera.

—Lo mismo digo.

Qué. Acaba. De. Pasar.

Me acerco a Loïuan a toda prisa, porque está a solo un par de pasos de mí.

—Necesito buena suerte.

—¿Por qué? —se me curva la sonrisa sin poder evitarlo.

—Mikel acaba de ser amable conmigo y la única explicación que se me ocurre son maldiciones o vudú.

Loïuan empieza a sacudir las manos hacia mí como quien libra a un alma buena de los malos espíritus. #MenosMal.

Antes de subirme al monoplaza busco una sala vacía y me tomo un momento. Estoy segura de que cualquier persona que supiera lo que hago se extrañaría mucho de que fuera a él a quien busco y no a mi madre, pero por alguna razón, es lo que necesito.

Desconocido

Lina

Estés donde estés, ¿te arrepientes de no haberme conocido?

Quizá te avergüences de mí por no poder pasar página y olvidarte.

Puede que pienses que es patético que te escriba,

pese a saber que tú nunca leerás los mensajes…

aunque ojalá que no.

Te quiero, papá.

Darcy

Sábado de clasificación.

Siento que entro en el Olimpo por segunda vez. O quizá un lugar más exclusivo. El paddock es un mundo aparte, con catering, simuladores de conducción para que los invitados jueguen, e incluso una banda tocando en directo.

La cosa va más o menos igual que ayer. Los pilotos fingen ser personas normales y corrientes y los muggles que orbitamos a su alrededor fingimos no darnos cuenta.

—¿Cuánto me quieres? —pregunta la chica de ojos turquesa.

—Mucho —musito por lo bajo, tensa mientras cojo una copita de champán porque Verxen está muy cerca nuestro.

—¿Por qué estás…?

—Intento no hacer movimientos bruscos.

—Cariño, creo que eso es con los velociraptores.

Keira alza el móvil, pero la necia me graba a mí, no a él.

—Os odio —me alejo despacio con mi copa de champán sintiéndome tontísima.

Con todo lo que sé sobre el cerebro humano, no sé cómo mis emociones me están sobrepasando de esta manera. Estoy fangirleando como una quinceañera, qué santa vergüenza.

Me choco contra un muro de piedra. Alzo la vista y veo a H. D. Antonov. De repente recuerdo todos los romances con age gap que he leído.

—Perdona.

—Vaya, vaya —dice Lina poniéndome un brazo sobre los hombros—, no tienes bastante con chocar contra mi monoplaza, ¿ahora también contra mis amistades?

Antonov dice algo bastante agradable, aunque mi cerebro no procesa bien. Volvemos con Koven y Alek, y un poco alejados de todo, me tranquilizo.

—¿Vas a estudiar? —pregunta Keira en tono dulce, me da que el único que tiene, justo después de que los pilotos empiecen a marcharse.

Koven y Lina incluidos. Una pena, me dolía el estómago de la risa.

—O a fingir que lo hago. Tengo examen el miércoles y ahora mismo no podría importarme menos, pero tampoco quiero suspender. ¿Tienes alguna técnica para meterte un buen puñado de información de golpe y porrazo?

—Lo mío es correr, lo siento —hace una mueca—. Puedo recomendarte unas buenas deportivas.

—Lo tendré en cuenta. ¿Y tú, profesor de North Star? ¿Tienes alguna técnica para aprobar que sea infalible?

—Estudiar con meses de antelación.

Comparto una mirada con Keira y tiene la decencia de no partirse de risa en mi cara. Ten amigas para esto, supongo.