Capítulo 6 4
Koven Alasdair
No es como si Lina y yo hubiéramos ido cogidos de la mano por las calles de Amsterdam estos días, ni como si la hubiera besado contra los escaparates de las tiendas como quería hacer cada tres segundos,
pero reconozco que hemos disfrutado de ciertas libertades que acaban al llegar circuito de Zandvoort el viernes.
«—Nadie sabe a dónde vamos en realidad, ¿me equivoco? —pregunta Sant Delphi.
—Ajá.
—¿Qué le has dicho a Lina?
—Lo mismo que tú le has dicho a Keira, que quería darle un rato para estar con Darcy a solas y dejar de invadir su viaje de amigas. Lo cual no es del todo mentira.
Asiente.
—Salvo que sí lo es. ¿Estás seguro de que te han entendido cuando has llamado por teléfono?
—La mayoría de la gente de Ámsterdam habla un inglés fluido, ¿sabes?
—Ya, pero quiero burlarme de ti y la prisa que tienes.
—¿Qué prisa?
—Esa que no te permite esperar a llegar a casa para hacer esto. ¿No crees que deberías decírselo a ella antes de…?
—No. No lo creo.
Del ansia que nos tenemos, a veces follamos sin llegar a desvestirnos del todo. Eso hace que esto no vaya a ser ningún problema. No verá nada de lo que me hagan».
—Bueno, nosotros nos vamos ya a las gradas —empieza a decir Darcy, cogida del brazo de Keira.
Comparto una mirada con Sant Delphi.
—Alto ahí —pide Lina—. Qué adorable, ¿de verdad creíais que ibais a venir hasta aquí para sentaros en la grada como si no fuerais amigas de la ganadora de la última carrera? —Saca las tres acreditaciones VIP para el paddock y su sonrisa ilumina el puto circuito.
—¿Vamos a estar con el resto de pilotos? ¿En serio? —los ojos de Keira se vuelven dos corazones y Alek a su lado, se derrite un poco más.
—N-n-no puede ser. —Darcy se ha quedado blanca.
—Sí, creo que tú me pediste una foto del piloto francés. ¿O era el alemán? —Lina se encoge de hombros—. Supongo que da igual, podrás pedírsela a todos los que quieras.
Ambas se lanzan a sus brazos al tiempo que Alek Sant Delphi, cuya mujer es la única persona en el mundo que le hace ilusión conocer, suelta un estoico «gracias, Lina».
Pero ella me está mirando a mí con los ojos brillantes de la emoción y mi corazón no se queda quieto en su sitio. Esta mujer consigue que mis heridas recientes ardan.
—Darcy, ¿sigues respirando? —le pregunta Keira.
—No.
—¡Eh! Nada de llorar, que estáis muy guapas y quiero presumir de amigas. Eso también va por ti, Sant Delphi.
—Sí, tío, aguántate las lágrimas —le paso un brazo por encima de los hombros y lo zarandeo mientras echamos a andar.
—No sé si voy a poder.
—¿De quién era el póster que tenías colgado en tu salón?
—Era tuyo, tío. No sabía cómo confesártelo.
Keira me lanza una falsa mirada asesina antes de volver a sonreír con toda la cara y echar a andar rápido cogida del brazo de Lina y Darcy. Esto va a ser interesante.