Capítulo 6 6
Lina Dimettri
Domingo, día de carrera, en alguna sala recóndita.
El coche es increíble. Una maravilla con la que voy a volar, un sueño. Hoy es Nochevieja y tengo cerca a todas las personas que quiero conmigo. Por si fuera poco, ayer quedé segunda en la clasificación.
La. Vida. Es. Bella.
—Quiero agenciarme este monoplaza —digo sentada en el regazo de Alasdair que acaricia mis piernas a ambos lados de sus caderas.
—¿Sí? Este no tiene mejoras.
Me inclino para besarle.
—No le hacen ninguna falta.
No se lo he contado a nadie, pero creo que Darcy tenía razón cuando me dijo que mamá era algo… dura conmigo. *Finjamos que fue esa palabra la que utilizó*.
No he podido evitar comparar sus técnicas a las de Alasdair.
Por muy exigente que sea conmigo, con él nunca me siento insuficiente, pequeña o indefensa. Siempre tengo su mano a mi lado por si necesito pedirle ayuda.
No sé qué me está haciendo, pero no quiero que pare nunca. Le beso, le acaricio, y de repente, hace una mueca de dolor. No emite sonido alguno, así que por poco lo paso por alto.
—¿Qué tienes bajo la camiseta? ¿Una herida? —pregunto al notar algo debajo, aunque no parece una gasa.
—No es nada.
—Mentiroso —intento averiguar de qué se trata, pero me agarra las muñecas sin piedad—. Te gusta demasiado tener el control.
—No tanto como a ti te gusta quitármelo.
—Déjame ver. ¿Por favor? —ladeo la cabeza con una mueca de súplica en la cara y su mirada me invita a que lo desvista.
Lo hago con agrado. Me observa mientras descubro su nuevo tatuaje, a la altura de su antebrazo.
—Caray, ¿otro más? No quiero asustarte, pero creo que tienes una seria adicción a la tinta y… —dejo de hablar, de respirar y de tener pulso. Me aferro a sus hombros porque siento que si no acabaré en el suelo—. Son… Son…
—Que esto no te impida romper conmigo, si te apetece. Esta es una decisión que he tomado sobre mi cuerpo, no tiene que ver contigo.
—Pero son…
—Las coordenadas del circuito en el que tuviste el accidente y las del circuito en el que corriste por primera vez tras tu vuelta.
¡¿QUÉ?!
—No.
—Quiero mirarlo cada vez que no me sienta capaz de hacer algo. Estoy seguro de que me ayudará.
—¿Es que te has vuelto completamente loco? —pregunto jadeante.
Me siento halagada, cachonda, eufórica, aterrada, a un pelo de entrar en pánico y con ganas de follarle hasta romperlo.
—Eh, mi cuerpo, mis normas —se encoge de hombros, moviéndome consigo.
El corazón se me sacude prometiéndome rendirse si no le beso ya. Así que lo hago. Nos fundimos el uno en el otro y lo único que nos para soy yo, porque cada ciertos segundos tengo que ver si el tatuaje sigue ahí.
Al principio suelta una risita, pero luego me coge por la nuca y me impide separarme de él hasta hacerme suya.