Capítulo 6 1
Lina Dimettri
Salgo del Fórmula 1 después de la vuelta de honor. Le doy unos toques en agradecimiento, pero podría ponerle un puto altar o morrearle, si no fuera por el casco.
La adrenalina no me permite estarme quieta, así que echo a correr con un tsunami de pura felicidad agitando mis emociones desde dentro.
Señalo el logo de Leik-GP dibujado en mi mono al encarar a las cámaras más cercanas. Tengo la piel de gallina. En mitad del caos, solo hay nombre que me quema la garganta.
—¡¡¡ALASDAIR!!!
Me dejo la voz gritando, las lágrimas se mezclan con unas carcajadas que no puedo controlar.
Nadie apostaba por mí.
Pero él sí lo hizo.
Hoy mi victoria es tan suya como mía.
Los encuentro a todos en el Parc Fermé, pero solo uno me clava los pies al suelo y me deja temblando. Su mirada es la copa que aún no me han dado, pero mejor. No puede tocarme, hay demasiados ojos, demasiadas cámaras, pero sus ojos me sostienen como lo harían sus manos.
Al tiempo que Brutus, JJ y el resto me dan la enhorabuena él me llama campeona y cada letra me atraviesa con más fuerza que el rugido del motor en la salida. Creo que voy a acabar tatuándomelo.
Lo que parece una eternidad después, cuando me alejo de las cámaras, él me sigue. Ni siquiera nos hemos ido del circuito todavía, razón por la cual, su cercanía me pone más nerviosa que de costumbre. Y eso ya es mucho decir.
—¿Se ha perdido, jefe?
—¿Estás segura de que conoces el significado de la palabra «perder», Dimettri? —pregunta y se me escapa una risita. Alasdair me aprisiona contra la pared de una sala vacía y echa el cerrojo. Luego chista la lengua—. No me gusta este sitio, no voy a follarme a la ganadora en un armario.
—No es un armario —me desabrocho el mono—, es más grande.
—Menos de lo que te mereces.
—A esta ganadora le da igual el donde —trepo por él como un koala lujurioso y alcanzo sus labios al tiempo que le arranco la ropa del cuerpo.
Está tan duro y le deseo más de lo que puedo concebir.
—Dios, has mantenido la estrategia hasta el final —jadea mientras se carga mi sujetador—. Has estado tan bien en las curvas. —Me clava los dedos en la piel como me gusta y no siento más que placer mientras frota su glande contra mí y yo le hago cosas sucias con la lengua.
¡¡SOS!!
—Y he hecho unos adelantamientos difíciles, ¿verdad, 师傅4? —le muerdo el cuello con olor a limón.
Terminamos de desnudarnos a toda prisa, sin dejar de atacarnos el uno al otro.
—Sí, joder —gruñe—, muy difíciles. Imposibles.
—我想要你5.
Emite un sonido gutural y nuestros cuerpos se vuelven uno.
Se acabó respirar. Se acabó pensar. Me inclina sobre una mesa, pero sin dejar de besarme el cuello.
Mete la mano entre mis piernas y mientras me acaricia el clítoris con los dedos en movimientos circulares demenciales, su polla se abre paso en mi centro candente, húmedo y desesperado.
La forma que tiene de aprisionarme contra él y hacerme suya solo se podría definir como violenta adoración. Me vuelve loca. Sus besos están llenos de orgullo, de hambre voraz, de algo que hace temblar mis rodillas más que cualquier curva a trescientos.
Alasdair me folla como me merezco y más, y a mí no se me ocurre mejor manera de celebrar la victoria que con él.
Somos un equipo.
Por primera vez en la vida, tengo uno de verdad.
Horas después, en el avión, todavía se me llenan los ojos de lágrimas de la emoción.
Adam Verxen es el piloto de esta generación que más victorias tiene a sus espaldas, así que mi P1 todavía sabe más increíble.
Hoy las muchas peticiones de Lucian ni siquiera se me han hecho tan cuesta arriba. Su actitud me ha sorprendido gratamente. «En la próxima carrera, las mejoras serán tuyas». Me sabe mal por Mikel porque sé lo que es que te quiten algo que creías tuyo, pero esta noche no puedo dejar de sonreír.
«—Ha habido muchos momentos en los que estaba nerviosa de verdad. Podría haber metido la pata —le digo a Alasdair mientras recupera mi mono y me ayuda a ponérmelo.
La forma que tiene de embestirme sin piedad y luego colmarme de mimos es todo un contraste.
—Pero no lo has hecho —me besa el hombro y yo busco sus labios, perdiéndome en el sabor de su lengua y por poco, el hilo de lo que iba a decir.
—Porque tú has empezado a jugar al trivial conmigo. —Sonrío tanto que me duele la cara.
—Deja de mirarme así o te esposaré a mí, y te impediré que te vayas a ninguna parte».
No voy a mentir, he sentido tentaciones de dejar que lo hiciera. Muchas. Tantas. *Suspira*. Pero mis amigas y su vuelo de once horas y media era algo que pesaba demasiado. Digamos que es algo que me ha empujado a pensar con la cabeza.
Seguro que el karma me compensará renunciar a todos los orgasmos que la bestia de Koven Alasdair me habría dado las próximas cuarenta horas. Lo voy a echar tanto de menos. Y al equipo. Loïuan ha llorado como una magdalena. Y JJ. Y Brutus parecía tan orgulloso…
El día de hoy estará para siempre en mi memoria.
Pienso en lo que ha pasado antes de separarnos. Le he dado su regalo. Al fin y al cabo, mañana es Navidad.
«—Sé que acabamos de conocernos como aquel que dice, pero como mañana es Navidad y no vamos a vernos, quería hacerte un regalo. No espero que tú me des nada a cambio. Esto es un agradecimiento por todo lo que has hecho por mí. Venga, ábrelo, rápido. —Se lo doy y lo coge como si fuera un tesoro.
Este hombre tiene que empezar a ser más normal, más sucio y menos agradecido o yo voy a morirme.
—Es un libro.
—Sí, he supuesto que sabes leer. Vaya, ¿me he equivocado? —me burlo y él me pellizca y me besa la mejilla antes de abrirlo.
Le encantan las normas y los reglamentos, sabe todo lo que puede hacerse y lo que no, y por eso es tan alucinante plantearnos estrategias juntos. Así que le he hecho una imitación a uno de los reglamentos de la Federación, *edición Lina Dimettri*.
Su sonrisa se ensancha con la primera página. Me abraza pegando mi espalda contra su pecho y pasa las páginas sin alejarse de mí ni un poco.
—El ceño fruncido es obligatorio para entrenar —lee—. Rebelarse lo es para ganar. Discutir suma puntos y follar todavía más. —Su carcajada pasa a través de mí, contagiándome—. El coach debe dormir con la piloto un mínimo de veinte horas semanales.
Es una tontería monumental, pero mi corazoncito tiembla al ver que le hace gracia. Creo que para que esto funcione hacernos reír es importante, ¿no? A él le sale solo, el capullo es muy divertido.
—Vale, vale, vale, no hace falta que lo leas todo delante de mí —pido frenando sus manos, siendo muy consciente de t-o-d-a-s las guarradas y elogios que he puesto dandole las gracias por follarme tan bien.
—¿Te estás poniendo roja? —susurra en mi oído.
—Para nada. Ve a las últimas páginas, por favor.
Su cuerpo se tensa al poco de hacerlo.
Al final del libro no hay normas sino fotos y también algunos recortes de todos sus éxitos y las veces que la prensa ha elogiado su talento. Solo he podido coger algunas, había cientos de noticias.
—¿Qué es esto?
—Por si alguna vez necesitas recordar lo bueno que eres.
Alasdair se queda muy quieto y muy callado durante un instante que se me hace eterno.
Luego me gira en su abrazo y me observa con un aplomo contra el que no puedo luchar.
Cuando me besa lo hace despacio y profundamente, dándome mucho miedo.
Se me llenan los ojos de lágrimas y cuando vuelve a desnudarme, soy plenamente consciente de que lo que hacemos ahora tiene poco que ver con follar».
Un rato tras el despegue, una de las azafatas se acerca a mí con una nota. Cejijunta y confusa, se lo agradezco y rezo porque no sea una nota del piloto diciendo que todos vamos a morir y que me lo cuentan a mí en primicia porque es fan de la F1.
Se me congelan los dedos al reconocer la letra de mi entrenador.
Te quiero, 书呆子. 6
Dios, este viaje me está rompiendo el corazón.
Darcy
Aeropuerto de Amsterdam, Países Bajos, finales de diciembre.
Nunca pensé que una carrera de Fórmula 1 pudiera hacerme llorar, pero ha pasado. Por si fuera poco, ver a Lina corriendo y gritando «Alasdair» de esa forma tan cruda y desesperada está volviendo loco a todo internet y a nosotras también.
—Dios mío, Key, ¿tú la ves? ¿La ves? —pregunto agitada.
—No, ¡no la veo! —Keira me aprieta el brazo con el mismo nerviosismo.
Nuestro avión ha aterrizado antes de lo previsto, por eso hemos podido ver la carrera. Por desgracia para entonces Lina ya había subido a su avión, ¡y no haber podido hablar con ella nos tiene histéricas!
La seguridad del aeropuerto de Amsterdam nos ha llamado la atención por los gritos que dábamos. Casi nos echan, pero les hemos enseñado de qué se trataba y se han quedado a terminar de ver la carrera cerca nuestro. La barrera lingüística no ha sido en absoluto un impedimento.
Ahora, frente a la puerta por la que va a salir la piloto ganadora, empiezo a dudar si quiero ser psicóloga o su fan. Seguirla por el mundo parece un planazo.
—¡¡¡Allí!!! —Keira tira de mí, cortándome la circulación del brazo y perdiendo la bolsa de viaje por el camino.
La ropa se puede volver a comprar, los momentazos si no los vives, te los pierdes.
Corremos hasta ella armando escándalo, así que nos ve de lejos. Le saltamos encima. Suerte que está fuerte porque la placamos sin piedad.
—¡Eres una pasada!
—¿Cómo has hecho eso?
—¿Habéis visto la carrera? —sigue preguntándolo cada fin de semana, y en secreto, odio un poquito más a su madre por no haberla querido bien.
Nos abraza y entre carcajadas emocionadas le dejamos claro que sí.
—¡HAS GANADO! —grito un poquito más.
—Lina Dimettri —dice un chaval con acento nórdico a nuestro lado, tirando de la manga del abrigo de su padre.
Comparto una mirada con Keira.
—Uy, que ahora tiene fans, cierto.
—Y nosotras aquí dando el cante —murmuramos por lo bajini.
Lina es un encanto y se hace fotos con quienes se la piden, y a veces Keira y yo servimos como fotógrafas, pero en cuanto el grupito que se ha acercado está satisfecho, le pongo mi gorra a celebrity, le tapo bien la cara y tiro de ella sin miramientos.
—Corre, Key, tenemos que llevárnosla al hotel antes de que nos la secuestren.
—¿Secuestrarme?
Keira le pone su bufanda y se dedica a mirar en todas direcciones como si fuera una agente del FBI con una clara misión.
—¿Has traído la copa? Si es que si, será mejor que no la saques.
—¿Cómo va a haber traído la copa? Aunque en verdad habría molado. Podríamos beber vino blanco en ella. ¿La has traído?
—Se la ha quedado Alasdair —dice entre carcajadas, buscando la manera de respirar.
—¡ALASDAIR! —gritamos Keira y yo a la vez, imitándola.
Lo cual no va muy bien para lo de no llamar la atención, pero sí para romper a reír.
Juntamos las tres camas individuales del hotel y creamos el lugar perfecto para nuestra noche de pijamas. El calambre estomacal está asegurado con estas dos.
—Los amstermdeños deben ser muy altos. Estas camas son mucho más largas que la mía.
—Amsterdamenses.
—Fíjate, Keira, acaba de corregirme una campeona.
La piloto de F1 me da un codazo en el estómago de lo más injustificado y luego se ríe como una villana.
Nos cambiamos y vamos a la piscina interior del hotel. Son las diez de la noche y la tenemos toda para nosotras. Está en la última planta, así que podemos ver las estrellas a través de la cristalera.
—He cotilleado tus redes y he visto lo bien que van tus entrenamientos —le dice a Keira.
—Ah, ¿eso? Bueno, mi nueva entrenadora cree que publicar algunos vídeos podría atraer patrocinadores —Key se pone un poco roja.
—¿Puedo decir algo? —pregunto, dispuesta a cargarme el buen ambiente. Miro a Lina y siento como se me sacude el corazón—. Estoy un poco enfadada contigo.
—¿Conmigo?
—¿Por qué no nos dijiste que tenías tantos episodios? La última vez que tú y yo hablamos del tema me dijiste que era un dolor soportable, uno que pasaba muy de vez en cuando. Y por lo visto tienes uno al día, como mínimo. —Desvío la mirada cuando algo se me aferra a la garganta.
El agua está caliente, pero mi cuerpo se queda frío al recordar las espantosas imágenes. Daban un miedo horrible.
—Lo siento. Nadie que se dedique a la F1 le gusta centrarse demasiado en los riesgos, el peligro real o los daños. No quería mentiros es solo que… Si podía ser una chica normal con vosotras, me ayudaba a sentir que lo era.
—Puedo entenderlo —Keira se le acerca y le hace un cariño un poco torpe, pero del todo adorable.
Una atleta profesional y una piloto de F1. Las miro y pienso qué narices sé yo de dificultades.
—Sí, y supongo que yo puedo aceptarlo —murmuro por lo bajo.
Después de volver a la habitación, muchas risas, champán, un extenso y delicioso servicio de habitaciones, y varias películas a las que no hemos hecho ni caso, nos preparamos para dormir.
Veo a Key mientras se lava los dientes con la cara pegada a la pantalla, donde está teniendo lugar una videollamada con su marido y sus perros.
Dan un asco que te cagas.
Lina mira su móvil por si en los últimos veinte segundos le ha llegado alguna notificación. Pongo los ojos en blanco y cojo el mío.
El tío al que voy a cargarme como se pase de listo
Darcy
Eh, tú.
Tienes que venir.
El tío al que voy a cargarme como se pase de listo
Ha pasado algo?
Es su cadera??
Está bien?
Está bien?????
Darcy
Estamos pasándolo en grande, pero conozco a Lina
Sé con quien quiere celebrar su victoria y en su lista, faltas tú.
Pero tengo que pedirte algo más.
El tío al que voy a cargarme como se pase de listo
Lo que sea.
—¿Por qué tienes esa cara? —preguntan las dos frente a la cama antes de que termine la conversación.
—¿Qué cara?
—De maldad —Lina sonríe de oreja a oreja—. ¿Es porque nos ocultas algo? Porque yo a vosotras sí. Os he comprado una tontería.
—Dijimos que nada de regalos.
—Yo he preparado algo que pensaba reservar para mañana —explica Keira—. Son unas galletas con forma de F1 y otra de birrete, pero decoradas con copitos de nieve y similares.
—Keira… —dice Lina con la voz tomada—. Ahora mis jerséis navideños a juego van a parecer una tontería.
—Me encantan los jerséis navideños.
Mientras se emocionan como dos pánfilas, pienso que estas dos son mi regalo.