Capítulo 6 0
Koven Alasdair
Cinco luces rojas se apagan y el rugido de veinte motores me atraviesa el esternón. Empieza la carrera.
—Buena salida, buena salida —dice JJ.
En la tercera vuelta tenemos el primer percance.
Mikel comete un error mínimo en la chicane, pero a esta velocidad, un milímetro es un mundo. Su coche y el de Xander Sazze se ven afectados. Sacan la bandera amarilla en el sector dos y un Virtual Safety Car (VSC), típico en incidentes moderados.
—¿Qué le ha pasado a Mikel?
—Toque con el muro. Nada grave —responde JJ mientras ella, y todos los demás, reducen la velocidad.
—¿Está bien?
Le lanzo una mirada a Lance mientras JJ le responde.
—Ha perdido posiciones, pero está bien. Ya de vuelta en la carrera.
A ver cuándo pregunta él por el bienestar de Lina. Lance finge no darse cuenta y sigue tranquilizando a Mikel por radio, que estará teniendo otra de sus pataleta de niñato malcriado.
El VSC desaparece de la pista.
El F1 de Lina responde a las exigencias de su piloto como si fuera una extensión de su cuerpo.
Pierde la primera posición en un undercut agresivo de Verxen, pero se mantiene en P2 con una ferocidad que no da tregua a nadie.
En cuanto al P3, la distancia que la separa de Jacob Alök es cada vez más irrisoria.
—Necesitas nuevos neumáticos, Lina. A boxes, a boxes.
—Recibido.
La parada en boxes es rápida, pero la ralentiza y vuelve a la carrera en cuarta posición. Lo que hace un segundo era Verxen, Dimettri y Alök, ahora es Verxen, Alök, Harris y Dimettri con Izumiya y Eriksen jodidamente cerca.
La euforia zumba a través de mí y no quiero ni pestañear.
—A tu izquierda —le advierte JJ.
Ella no baja la guardia, devora las curvas y golpea donde duele. Va a cuchillo. A más de trescientos treinta y cinco putos kilómetros por hora.
El F1 del inglés, Elias Harris, intenta cerrarle el hueco en la siguiente curva y el del japonés, Tonoke Izumiya, se le pega mucho por detrás. Me provoca un latigazo de angustia en el pecho, uno que dudo que alguna vez termine de irse, pero Lina Dimettri no permite que nadie la toque.
Tras salir de la recta y entrar en la siguiente curva, Alök y Harris están a punto de chocar. Maniobran para evitarlo y Lina recupera la segunda posición detrás de Verxen.
A joderse, chavales.
P1, Verxen.
P2, Dimettri.
P3, Alök.
P4, Harris.
P5, Izumiya.
P6, Eriksen.
—¡Qué tensión, por dios! —jadea a través de la radio.
Odio la idea de distraerla, pero cuando un piloto tiene tiempo de pensar en algo más que solo la carrera, sé que es momento de intervenir con tal de que no lo haga el miedo.
—Dimettri, ¿cuál es el circuito más rápido del calendario?
—Monza.
—¿Y cómo se le conoce?
—Como el templo de la velocidad.
Alök le pasa por delante acelerando más de lo que debería en la recta. El piloto de cuarenta y cinco años tiene mucha más experiencia que ella, espero que sea eso lo único que esté pensando Lina y…
Pues no, no lo es.
—Lina, ya vas a trescientos cuarenta —dice JJ.
El corazón se me sube a la garganta viendo la amenaza constante de los que están a menos de dos segundos de ella. Recupera la segunda posición, pero Alök y Harris son dos hienas hambrientas… dios, está siendo una carrera muy reñida.
—¿Cuál es la curva más mítica?
—Eau Rouge. Si no te da miedo, es que no vas lo bastante rápido.
—¿Quién es el piloto más agresivo de la parrilla actual? Y no digas que tú.
—¿Quieres la respuesta políticamente correcta o la de verdad?
—La de verdad.
—El que tengo delante.
Sonrío mientras Lina está a punto de alcanzar el famoso alerón trasero de color amarillo de Adam Verxen.
Llegamos a la vuelta sesenta y nueve. Penúltima. Mi pulso ya se ha acostumbrado a golpear mi garganta de forma frenética y estoy bastante seguro de que no sería consciente si empezara a darme un infarto.
Después de una lucha incansable, y del accidente de Izumiya con Harris, Alök ha perdido posiciones tras una mala parada en boxes y Lina se ha puesto en cabeza. Pero la cosa está muy reñida con Verxen.
—Tú marcas el ritmo, él te sigue —anuncia JJ.
Decir que está reñido sería el puto eufemismo de la historia. Ha hecho una carrera magistral, pero no es la única. Nadie comete errores. Eriksen, en tercera posición y con neumáticos en un mejor estado que ellos dos, va ganando décimas de segundos poco a poco.
—Qué puta barbaridad —dice Brutus que no para de maldecir, nervioso perdido.
La carrera se convierte en un triángulo de fuego Dimettri-Verxen-Eriksen. Suelto un gruñido cuando Verxen, en su línea, lleva su monoplaza hasta el límite y adelanta a Lina.
Última vuelta.
Ya no respiro.
Adam comete su primer error, un pequeño sobreviraje. Apenas es visible para nosotros, pero JJ lo confirma.
—Ha perdido tracción, Lina. Si atacas ahora, no podrá hacer nada.
—Hecho, equipo.
Última curva.
Lina entra por el interior como si hubiera nacido allí y él intenta cerrarle, recuperarse del fallo. No lo consigue. Llega tarde. Se adelanta.
Última recta.
Lina alcanza los trescientos cincuenta kilómetros por hora. El ambiente en el circuito es un volcán a punto de erupcionar y cuando lo hace, siento que me estalla dentro. Gruño un «hostia puta» justo antes de que cruce la línea de meta porque es inevitable. Ha ganado.
—Victoria. Victoria, P1, Lina —anuncia JJ—. ERES UNA PUTA DIOSA.
—¡¡¡Oh, dios mío!!! —grita eufórica con una mezcla de risa, llanto, incredulidad y gloria.
No tenía el mejor coche y ha ganado.
La velocidad tiene nombre.
Y es el suyo.